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Los especialistas que durante los 365 días del año nos dedicamos a aconsejar a nuestros pacientes una dieta sana y equilibrada que, además, ayude a controlar el peso y prevenir el sobrepeso y la obesidad, no podemos dejar pasar de largo, la oportunidad que brinda la época estival para mantener la báscula a raya y, aún más, perder peso.

Las claves:

  • Con el calor se consume menos energía, lo que implica una dieta menos calórica.
  • Se debe incrementar la ingestión de agua para asegurar una buena hidratación.
  • Los alimentos propios del verano, ensaladas, frutas, gazpachos, son altamente nutritivos y con pocas calorías, es recomendable que ocupen un papel fundamentan en la dieta

Desde el Instituto de Obesidad queremos recordar que comer en verano no significa ‘saltarse’ las buenas costumbres y los hábitos saludables dado que lo que está en juego es el mantenimiento de nuestro peso. Por eso es importante seguir cierta rutina, hacer al menos cuatro comidas al día y evitar picar entre horas.

Un consejo importante es recordar que en esta época, durante las vacaciones, se sale en más ocasiones a comer y cenar fuera. Es importante no dejarse llevar por los fritos ni las comidas grasientas, así como no ingerir demasiados alimentos azucarados, como los helados industriales. Sabemos que la sensación de ‘sed’ aumenta con el calor, pero se debe evitar la tentación de las bebidas carbonatadas llenas de azúcar, las cervezas, las bebidas alcohólicas o las sangrías.

Desde el Instituto de Obesidad queremos recordar que el verano no es sólo un buen momento para mantener el peso sino que incluso facilita su pérdida con estas medidas sencillas que te hemos contado. ¡Felices vacaciones!


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En post de este blog anteriores os hemos comentado que, afortunadamente, los métodos terapéuticos contra el sobrepeso y la obesidad han aumentado considerablemente en los últimos años. Y, lo mas importante, cada vez son más seguros y eficaces. Queremos hablaros del método Aspire. Se trata de una de las múltiples técnicas que podemos llevar a cabo bajo endoscopia. Esta técnica es un procedimiento médico que se realiza para observar el interior de alguna zona específica del cuerpo. Para ello se utiliza un instrumento llamado endoscopio. No sólo sirve como método diagnóstico sino que también es útil para llevar a cabo ciertas cirugías. Las cuales en años anteriores debían ser realizadas a través de cortes o incisiones importantes, con un mayor tiempo de recuperación y complicaciones propias de la intervención quirúrgica.

Pues bien, el método Aspire se realiza a través de endoscopia. Aspire es una técnica que permite eliminar alrededor del 30% de los alimentos del estómago antes de que las calorías sean absorbidas, lo que facilita la pérdida de peso del paciente.

Consiste en la colocación, mediante endoscopia, de una válvula y un pequeño tubo de silicona (de unos 2 cm) con acceso al interior del estómago. La colocación, no requiere ingreso y se hace forma ambulatoria en tan sólo, aproximadamente, 20 minutos. El paciente puede regresar a su casa al cabo de una hora y volver en dos días a su actividad habitual. Este sistema no supone ninguna limitación en el día a día del paciente. Es decir, las personas que se someten a este tratamiento pueden hacer vida absolutamente normal una vez se haya comprobado que la colocación del tubo es correcta y que la piel de alrededor de la incisión haya cicatrizado correctamente. Durante los 2-3 primeros días, algunos pacientes pueden sentir dolor en la zona. Se trata de un dolor tratable con medicación.

Diez días después de la colocación del tubo, el equipo médico verifica que la piel de alrededor del tubo haya cicatrizado correctamente. Después de esta comprobación se procede a conectar la válvula al extremo del tubo.

Esta válvula se conecta de forma simple a un dispositivo portátil de aspiración que permite el control y vaciado del contenido del estómago. Después, el contenido del dispositivo debe vaciarse en el inodoro. El paciente debe llevar a cabo la aspiración después de las principales comidas (desayuno, comida y cena).

¿Cómo se lleva a cabo?

Después de cada ingesta. Inicialmente se recomienda hacer la aspiración tres veces al finalizar cada comida principal. El proceso de aspiración dura entre 5-10 minutos y debe hacerse aproximadamente 20 minutos después de cada comida.

La duración del tratamiento se estima en unos 18 o 24 meses dependiendo de cada caso, aunque se puede alargarse en el tiempo. La técnica es totalmente reversible y con pocos riesgos asociados. En cuanto a los resultados, los estudios previos indican una de pérdida de peso de 21 kilos el primer año y 23 kilos pasados 2 años. En términos de pérdida media de exceso de peso los estudios concluyen que se consigue un 49% de pérdida de exceso de peso el primer año.

Desde el Instituto de Obesidad animamos a todos los pacientes a consultar terapias tan novedosas como éstas que son seguras y eficaces en manos de equipos multidisciplinares.

Ver vídeos

https://youtu.be/TepHkJ2w-2Y

 


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Evitar tomar carbohidratos por la noche se ha convertido en una de las costumbres más utilizadas por personas que quieren mantener la línea. Pero, ¿es un mito o una realidad? Los datos que acaban de llegar de Alemania lo mismo arrojan algo de luz sobre este tema.

Según un nuevo estudio, publicado en el último número de la prestigiosa revista ‘Nature’, dirigido por el Instituto Alemán de Nutrición Humana (DIfE), el llamado reloj interno del organismo también influye en la reacción de las personas con alteración del metabolismo de la glucosa a los alimentos ricos en carbohidratos. Por ejemplo, en hombres con prediabetes, el consumo abundante de alimentos que contienen almidón y azúcar por la noche tuvo un efecto negativo en su regulación de la glucosa en la sangre. Así, en el estudio, los participantes con pre-diabetes en comparación con los sanos, el momento de la ingesta de carbohidratos juega un papel significativo en la regulación de la glucosa en la sangre.

El reloj circadiano
Desde hace tiempo se sabe que el reloj interno tiene un papel en la regulación de los procesos metabólicos y que, por lo tanto, el metabolismo de la glucosa está sujeto a un cierto ritmo diario. Por otra parte, estudios recientes sobre roedores indican que el reloj interno también afecta a cómo el metabolismo responde a la ingesta de carbohidratos o grasas, y que ciertos momentos del día son más adecuados que otros para el consumo de una dieta rica en carbohidratos o alta en grasa.

Del mismo modo, estudios observacionales en humanos han encontrado que las personas que comen una dieta alta en carbohidratos, baja en grasa en la mañana tienen un riesgo reducido de diabetes tipo 2 o síndrome metabólico. Sin embargo, la interacción exacta entre el tipo de dieta y la regulación circadiana del metabolismo de la glucosa aún no ha sido suficientemente investigada. Con el fin de obtener más información sobre los mecanismos fisiológicos que subyacen a esta interacción, los científicos de DIfE realizaron un estudio de nutrición en un total de 29 hombres con una media de edad de 46 años y un índice de masa corporal promedio de 27, lo que significa que sus constituciones se podían clasificar de normales a sobrepeso.

Los datos

En 11 de los participantes, los científicos identificaron un trastorno del metabolismo de la glucosa al inicio del estudio, lo que significa que estos participantes ya habían aumentado los niveles de glucosa en sangre en ayunas o sus niveles de glucosa disminuyeron significativamente, más lentamente de lo normal, después de una prueba de carga de glucosa. Por el contrario, la regulación de la glucosa en la sangre no se vio afectada en los restantes 18 participantes del estudio. Su tolerancia a la misma fue normal.
Durante el estudio, los participantes siguieron dos dietas diferentes A y B durante cuatro semanas cada una. Ambas dietas proporcionaron la misma cantidad de calorías, carbohidratos, grasas y proteínas, pero difería la hora del día del consumo, principalmente carbohidratos o grasas. Por lo tanto, de acuerdo con el plan de dieta A, los participantes consumieron alimentos ricos en carbohidratos en la mañana hasta alrededor de las 1:30 pm y alimentos ricos en grasas de 4:30 pm a 10 pm. De acuerdo con el plan de dieta B, los voluntarios comieron alimentos ricos en grasas por la mañana y alimentos ricos en carbohidratos por las tardes.

“Nuestro estudio muestra, al menos para los hombres con un trastorno del metabolismo de la glucosa, que el momento del día en el que comen una comida alta en carbohidratos es relevante”, reconocen los investigadores.

Además, en los hombres afectados, los investigadores observaron una secreción alterada de las hormonas intestinales glucagon-like peptide-1 (GLP-1) y el péptido YY (PYY), que contribuyen a la regulación del metabolismo de la glucosa o el peso corporal y cuya secreción está sujeta un ritmo circadiano particular.

Desde el Instituto de Obesidad queremos invitar a todos los pacientes a que consulten sobre qué tipo de dieta es la más adecuada a seguir según su metabolismo, sus antecedentes familiares y su estado de salud con el objetivo de establecer medidas preventivas contra patologías graves como la obesidad, la diabetes o el síndrome metabólico entre otros.


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Y si nos preguntamos si estamos siendo permisivos con el aumento de peso a pesar de las recomendaciones reiteradas realizadas por los expertos respecto a sus riesgos. Pues está sucediendo. El peso corporal socialmente aceptable está aumentando, según publica un último estudio del JAMA.

Lo que constata el artículo, además, y es motivo de preocupación es que cada vez más individuos que tienen sobrepeso u obesidad están satisfechos con su peso y carecen de motivación para perderlo.

Jian Zhang, MD, Dr.PH, de Georgia Southern University, Statesboro, autor principal del trabajo y sus colegas utilizaron datos de la Encuesta Nacional de Exámenes de Salud y Nutrición (NHANES) para evaluar la tendencia en el porcentaje de adultos con sobrepeso u obesidad que estaban tratando de perder peso. El análisis incluyó tres períodos: de 1988-1994, 1999-2004 y 2009-2014. Los participantes de 20 a 59 años con sobrepeso (índice de masa corporal [IMC] de 25 a menos de 30) u obesos (IMC 30 o mayor) conformaron la muestra del trabajo. La pregunta a todos ellos fue: “Durante los últimos 12 meses, ¿ha intentado bajar de peso?”

El estudio, que finalmente incluyó a 27.350 adultos, constató que la prevalencia de sobrepeso y obesidad aumentó a lo largo del periodo estudiado, pasando de 53% en 1988-1994 al 66% en 2009-2014. Los porcentajes de adultos con sobrepeso u obesidad tratando de perder peso disminuyeron durante el mismo período, del 56% en 1988-1994 al 49% en 2009-2014.

Los autores, a raíz de su ensayo, quieren llamar la atención sobre un hecho; menos adultos están tratando de perder peso y si esta actitud  puede deberse a la percepción errónea del peso corporal como factor de riesgo o a si que la reducción del mismo no goza de motivación suficiente.

Desde el Instituto de Obesidad estudios como este nos llaman especialmente la atención porque nos hacen dudar de si estamos comunicando bien a nuestros pacientes. El mensaje: es necesario perder peso, no es un capricho, es un motivo de salud. Por eso creemos necesario recodar a la población que no bajen la guardia ante el aumento de peso.


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Es un ‘vicio’ internacional. Picar entre horas, asaltar la nevera o la despensa fuera de los horarios de comida es un hábito que todo humano ha practicado alguna vez. De forma consciente o inconsciente, a veces incluso sin tener hambre. Pero se ‘pica’ para calmar la ansiedad, los nervios o porque sí.

Los especialistas recomendamos llevar una dieta sana y equilibrada que incluya cinco comidas al día con menor cantidad de alimentos y saciar el apetito con frutas, frutos secos, zumos naturales o yogures sin grasa, para evitar picar entre horas. Sobre todo, porque está tentación suele cubrirse con alimentos grasos, poco salubres y con exceso de azúcar.

Existen medidas eficaces para evitar tentaciones:

-Beber líquidos bajos en calorías antes de una comida puede ayudar a reducir el apetito sin pasar hambre.

-Para evitar tentaciones antes de la hora del almuerzo es conveniente hacer un buen desayuno.

-El consumo de proteínas aumenta la sensación de saciedad.

-Si la tentación es irresistible, es recomendable comer encurtidos (pepinillos, cebolletas… son bajos en calorías y aumentan la sensación de plenitud).

-El jengibre es un buen aliado para calmar el apetito, prueba a incluirlo en tu dieta.

-Es importante comer despacio y centrarse en lo que sé está ingiriendo. Los estudios demuestran que practicar la atención plena durante las comidas puede ayudar a las personas a experimentar más placer mientras comen, pero sobre todo ayuda a reducir el apetito.

-El sueño, el mejor aliado. Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Columbia concluyó que cuanto menos dormimos más calorías consumimos. En él se observó que las mujeres que dormían sólo cuatro horas comían 329 calorías más que aquellas que no se privaban del sueño. El descanso evita el picoteo

-Un truco excepcional. Según un estudio publicado en el Personality and Social Psychology Bulletin, en el que se analizó el comportamiento de un grupo de personas ante un bol de palomitas mientras veían una película en el cine, se comprobó que los que usaron su mano dominante comieron un 30% más que aquellos que cambiaron su hábito para la prueba. Es decir, los diestros deberían comer con la mano izquierda y viceversa.


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Desde el Instituto de Obesidad creemos que una misión importante de los profesionales de la Medicina es contribuir a la formación continuada y compartir ciencia. Por ese motivo, hemos asistido gustosos a las nuevas Jornadas Mediterráneas que de forma consecutiva cada año se celebran en Sitges. Codo a codo con especialistas nacionales e internacionales hemos compartido los últimos avances en ciencia.

El doctor Adelardo Caballero impartió la conferencia. “New frontiers in the treatment of obesity: intragastric balloon without surgery, without endoscopy and without anesthesia”.

Hablamos, concretamente, de la última novedad terapéutica de la obesidad que no requiere ni cirugía, ni endoscopia, ni anestesia, el BALON ELIPSE. Se trata de un dispositivo en forma de cápsula lo suficientemente pequeña como para poder ser ingerida por boca y con un tubo adosado. Una vez en el estómago, el balón puede llenarse a través del tubo con hasta 600 ml. de líquido, tras lo cual aquél es retirado.

Tras aproximadamente cuatro meses, el balón se desinfla automáticamente, momento en el cual su delgado recubrimiento se excreta de forma natural.

El dispositivo, fabricado por Allurion Technologies de Wellesley, Massachussets, está diseñado para auto-vaciarse y pasar con seguridad a través del tracto gastrointestinal. Se vacía automáticamente y se excreta de forma natural.

El paciente, en su primer día solo podrá ingerir líquidos, a partir del segundo día podrá tomar alimentos blandos y poco a poco se ira añadiendo una dieta normal.  El balón no funciona por si solo, causa una sensación de saciedad y se deberán de reducir la cantidad de alimentos y calorías ingeridas. Es importante llevar un control en las comidas para que el balón sea efectivo

Este revolucionario tratamiento ha sido sometido a estudios clínicos en personas con un índice de masa corporal (IMC) de 27-40. Los hallazgos indican una pérdida de peso promedio de 13 kilogramos. Los participantes también experimentaron mejorías en los niveles de triglicéridos y hemoglobina HbA1c (prueba sanguínea de diabetes tipo 2) y una reducción de ocho centímetros en la circunferencia de la cintura.

En Instituto de Obesidad somos pioneros en el uso de este dispositivo, hemos implantado mas de 40 balones Elipse, con muy buenos resultados y sin ninguna complicación relevante

 


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Previene la diabetes, la enfermedad coronaria e, incluso, se habla de sus propiedades para prevenir la demencia. Ahora se sabe que la dieta mediterránea encierra una virtud más: disminuir el dolor en las personas con obesidad.

Los datos proceden de un nuevo estudio publicado en la revista ‘Pain’ Al parecer, seguir la dieta mediterránea puede disminuir las posibilidades de que una persona con sobrepeso experimente dolor. La relación entre peso corporal y dolor crónico ya ha sido establecida en estudios anteriores y una de las causas que los explican reside en la inflamación que sufre el organismo.

El nuevo estudio apunta a que los ‘alimentos antiinflamatorios’, como el pescado, las nueces o los frijoles, pueden ser clave para prevenir o reducir dicho dolor. La investigación ha sido dirigida por Charles Emery, de la Ohio State University (EEUU). Según sus propias palabras: “Encontramos que una dieta saludable explica el vínculo entre el peso y el dolor y específicamente que los productos del mar y las proteínas vegetales como los guisantes, las nueces o los frijoles eran claves”.
Los investigadores desarrollaron un modelo para poder determinar si los componentes de una ‘dieta antiinflamatoria’, rica en frutas y verduras, granos enteros y grasas saludables tenían capacidad para reducir el malestar físico. Y encontraron un patrón claro. Comer más pescado y proteínas vegetales se relacionó con menos dolor, independientemente del peso corporal. El estudio también confirmó investigaciones anteriores que constataron que las personas que tienen sobrepeso u obesidad tienen más probabilidades de experimentar dolor. En el trabajo se incluyó a 98 hombres y mujeres de 20 a 78 años de edad. Los investigadores pasaron tres horas con cada participante en su casa analizando su dieta y otros
factores que podrían influir en los resultados, como la edad, la depresión, el uso de analgésicos y el dolor en las articulaciones.

Pese a las evidencias iniciales, los investigadores insisten en que sus resultados no son concluyentes ya que no han analizado muestras de sangre y los parámetros de dolor y que sólo se han comprobado en un periodo breve de tiempo. Por ello, han informado de que el próximo paso será analizar la grasa corporal y el dolor a través de biomarcadores asociados a la inflamación.

No obstante, Desde el Instituto de Obesidad queremos recordar que nuestro equipo multidisciplinar puede orientar a los pacientes en cambios en la dieta que mejoren en todo momento su calidad de vida.


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Los datos que acaban de llegar de la mano del ‘JAMA’ vuelven a poner sobre la mesa el vínculo entre dos de las enfermedades más frecuentes y la grasa abdominal.

Al parecer, existe una predisposición genética que asocia una mayor relación cintura-cadera ajustada para el índice de masa corporal (una medida de adiposidad abdominal [grasa]) con un mayor riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedad coronaria.

La obesidad, definida típicamente sobre la base del índice de masa corporal (IMC), es una de las principales causas de diabetes tipo 2 y enfermedad coronaria (CHD). Sin embargo, para cualquier IMC, la distribución de la grasa corporal puede variar sustancialmente. Algunas personas almacenan proporcionalmente más grasa alrededor de sus órganos viscerales (adiposidad abdominal) que en sus muslos o cadera.

En estudios observacionales anteriores, la adiposidad abdominal se ha asociado con más riesgo de diabetes tipo 2 y CHD. Si estas asociaciones representan relaciones causales ha sido, hasta ahora, un hecho incierto.
Sekar Kathiresan, del Hospital General de Massachusetts de la Escuela de Medicina de Harvard, Boston, y sus colegas examinaron si una predisposición genética al aumento de la relación cintura/cadera ajustada para el IMC se asoció con rasgos cuantitativos cardiometabólicos (es decir, los que se relacionan con un aumento de posibilidades de padecer diabetes y enfermedad coronaria, como los lípidos, la insulina, la glucosa y la presión arterial).

Datos previos

Las estimaciones de los rasgos cardiometabólicos se basaron en un conjunto de datos combinados consistentes en los resultados obtenidos en cuatro estudios previos llevados a cabo entre 2007 y 2015, que incluyeron a 322.154 participantes, así como datos de corte transversal de individuos del British Biobank (desde 2007 a 2011) con 111.986 personas.
Los investigadores descubrieron así que la predisposición genética a una mayor relación cintura-cadera ajustada para el IMC se asoció con mayores niveles de factores de riesgo cuantitativos (lípidos, insulina, glucosa y presión arterial sistólica), así como un mayor riesgo de diabetes tipo 2 y CHD.

“Estos resultados permiten varias conclusiones: En primer lugar, estos apoyan la teoría de la predisposición genética humana detectada en estudios anteriores que asocian la adiposidad abdominal con enfermedad cardiometabólica”, escriben los autores.

Y, en segundo lugar, “estos resultados sugieren que la distribución de la grasa corporal, más allá de la simple medición del IMC, podría explicar parte de la variación en el riesgo de diabetes tipo 2 y CHD observado en la población. Finalmente y como tercera conclusión, la relación cintura-cadera ajustada para el IMC podría resultar útil como un biomarcador para el desarrollo de terapias para prevenir la diabetes tipo 2 y CHD”.

Desde el Instituto de Obesidad instamos a los pacientes con exceso de grasa abdominal a consultar con los especialistas para valorar su posible riesgo tanto de diabetes como de enfermedad coronaria con el fin de poder establecer medidas de prevención que salvaguarden su salud a largo plazo.


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Una de las claves para reducir la gran plaga de obesidad que atenaza a los países desarrollados es invertir esfuerzos en la población juvenil ya en riesgo. Por este motivo, el último trabajo realizado por científicos de la Universidad de Adelaida (Australia) y del Centro Médico Flinders, que acaba de publicarse en ‘Obesity Surgery’. Al parecer, la banda gástrica reversible tiene beneficios significativos contrastados ahora a largo plazo para los adolescentes gravemente obesos y debería considerarse como una primera opción para controlar el exceso de peso en menores.

Los argumentos se basan en el seguimiento de 21 adolescentes severamente obesos de entre 14 y 18 años que tenían banda gástrica ajustable mediante laparoscopia.

La obesidad severa se asocia con condiciones físicas y psicológicas graves que afectan la calidad de vida. Las directrices revisadas por el Consejo Nacional de Salud y Investigación Médica (Australian Health Council) de Australia indican que este tipo de cirugía debe considerarse en adolescentes con obesidad severa, es decir, con un índice de masa corporal (IMC) superior a 40 kg / m2 o superior a 35 kg, con la presencia, además, de enfermedades relacionadas con la obesidad y que no responden al tratamiento médico.

“Estamos hablando de un grupo de adolescentes con obesidad severa y problemas significativos de salud y psicológicos relacionados con su aumento de peso, esto no es para todo el mundo”, ha declarado la autora principal del estudio, Alexia Peña.

El estudio encontró que el peso y el IMC mejoraron significativamente en todos los tiempos de seguimiento después de la cirugía (a los tres meses, 45 y, en algunos casos, hasta cinco años).

La reducción media de IMC de 10 kg / m2 entre los participantes muestra un avance significativo en comparación con la que se logra con tratamiento farmacológico o cambios de estilo de vida. “Este tipo de cirugía es reversible y permite que los adolescentes maduren para tomar una decisión más informada sobre un procedimiento quirúrgico permanente si se requiere más adelante en la vida combatir su obesidad, lo cual no es el caso de otras cirugías que se ofrecen actualmente para el manejo de la enfermedad. También es importante que los adolescentes que se someten a esta cirugía tengan acceso a un cirujano experimentado como parte de un equipo pediátrico multidisciplinario de médicos y profesionales de la salud para asegurar que hay un seguimiento regular a largo plazo”.
En el Instituto de Obesidad recordamos a los familiares la importancia de atajar cuanto antes esta enfermedad para que los menores puedan tener una vida normal en la edad adulta sin comprometer su salud física y psíquica. Es importante que contacten con especialistas con experiencia agrupados en equipos multidisciplinares que les pueden orientar sobre el mejor tratamiento a seguir con la mayor seguridad.


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No es ciencia ficción aunque lo parece. Científicos británicos han desarrollado una prueba de orina que mide la salud de la dieta de una persona. La prueba, de tan sólo cinco minutos, mide los marcadores biológicos en orina creados por la descomposición de alimentos tales como carne roja, pollo, pescado y frutas y verduras.

El análisis, desarrollado por investigadores del Imperial College de Londres, la Universidad de Newcastle y Aberystwyth University, también da una indicación de la cantidad de grasa, azúcar, fibra y proteína que una persona ha ingerido. Aunque el trabajo se encuentra en una fase temprana, el equipo espera que con el desarrollo futuro de la misma se puedan rastrear las dietas de los pacientes. Incluso podría utilizarse como herramienta útil en programas de pérdida de peso para controlar la ingesta de alimentos.

La evidencia sugiere que las personas registran de manera incorrecta sus propias dietas e infravaloran los alimentos poco saludables mientras que informan sobre la ingesta de frutas y verduras y que la probabilidad de inexactitudes en los diarios de alimentos aumenta si una persona tiene sobrepeso u obesidad.

El profesor Gary Frost, autor principal del estudio, ha asegurado: “Una debilidad importante en todos los estudios de nutrición y dieta es que no tenemos una verdadera medida de lo que la gente come. Pero los estudios sugieren que alrededor del 60% de las personas informan mal de lo que comen en cierta medida. Esta prueba podría ser el primer indicador independiente de la calidad de la dieta de una persona y lo que realmente están comiendo.

En el estudio, publicado en la revista Lancet Diabetes and Endocrinology, los investigadores solicitaron a 19 voluntarios que siguieran cuatro dietas diferentes, durante tres días mientras se encontraban en un centro de investigación de Londres, durante el cual los científicos recolectaron muestras de orina por la mañana, por la tarde y por la noche.

El equipo de investigación entonces evaluó la orina para cientos de compuestos, llamados metabolitos, producidos cuando ciertos alimentos se descomponen en el cuerpo.

Estos incluyen compuestos que indican carne roja, pollo, pescado, frutas y verduras, así como dar una imagen de la cantidad de proteína, grasa, fibra y azúcar comido. También los que apuntan a alimentos específicos como cítricos, uvas y verduras de hoja verde.

A partir de esta información fueron capaces de desarrollar un perfil de metabolito de la orina que indicó una dieta sana y equilibrada con una buena ingesta de frutas y hortalizas. La idea es que este perfil de “dieta saludable” se podría comparar con el perfil dietético de la orina de un individuo, para proporcionar un indicador instantáneo de si están comiendo de manera saludable.

Los científicos entonces probaron la exactitud de la prueba con los datos de un estudio anterior. Este incluyó a 225 voluntarios del Reino Unido, así como a 66 personas de Dinamarca. Todos los voluntarios habían proporcionado muestras de orina, y mantuvieron información sobre sus dietas diarias. El análisis permitió a los investigadores en el presente estudio para predecir con precisión la dieta de los 291 voluntarios.
“Por primera vez, esta investigación ofrece una manera objetiva de evaluar la salud general de las dietas de las personas sin todos los molestias, sesgos y errores de registrar lo que han comido.

Avance en el futuro
La Dra. Isabel García-Pérez, coautora de la Facultad de Medicina de Imperial, explicó: “Necesitamos desarrollar la prueba más allá para poder monitorear la dieta basándonos en una sola muestra de orina, así como aumentar la sensibilidad. Una herramienta para la supervisión dietética personalizada para ayudar a mantener un estilo de vida saludable. No estamos en la etapa todavía donde la prueba puede decirnos que una persona comió 15 patatas fritas ayer y dos salchichas, pero está en camino”.

El equipo añadió que la tecnología podría un día ser utilizada junto con programas de pérdida de peso, así como en la rehabilitación del paciente, por ejemplo para ayudar a los enfermos cardiacos a seguir una dieta saludable.

La profesora Elaine Holmes, coautora del Departamento de Cirugía y Cáncer de Imperial, agregó: “Esperamos poner esta prueba a disposición del público en los próximos dos años. La idea sería recoger una muestra de orina en casa y entregarla a un centro local de análisis.

Desde el Instituto de Obesidad nos congratula saber que pruebas como está están en desarrollo para poder ayudar con más eficacia a nuestros pacientes.


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