Nuestros pacientes

TESTIMONIOS

Marisa Gómez

“Nunca he tenido problemas de peso hasta que cumplí los 18 años“


Nunca he tenido problemas de peso hasta que cumplí los 18 años, fue entonces cuando empecé a tomar la píldora anticonceptiva y, a partir de ese momento, ganaba peso poco a poco. Lo cierto también es que yo era de picar mucho entre horas y, seguramente, una parte de mis kilos de más se debía a este mal hábito. Durante la juventud siempre estaba entre los 65 a los 70 kilos, hasta que posteriormente me puse en 85 y llegué a alcanzar los 104. Me puse en contacto con el Instituto de Obesidad y empecé a hacer dieta con ellos. Pero un buen día me decidí y hablé con el doctor. Quería dejar la dieta y estaba decidida a operarme. Así lo hice. Me practicaron una gastroplastia. Sólo puede decir que estoy encantada, que nunca me he arrepentido de someterme a este tratamiento y lo volvería hacer si fuera necesario. Me ha cambiado tanto la vida que a todo el mundo les enseño las fotos de cómo estaba antes y cómo estoy ahora tras el procedimiento. Ahora peso 59 kilos ni bajo ni subo. Hago cinco comidas al día, pero con raciones reducidas y cada vez me doy más cuenta de que la decisión fue la más acertada que he tomado. BNo sólo por el tratamiento sino también por llevarlo a cabo bajo la tutela de un equipo de profesionales como los que componen el Instituto de Obesidad. A todo el mundo se lo recomiendo. Yo voy a mis revisiones y sólo puedo decir una cosa me siento como en casa.


Marisa Gómez



Eugenio Pulido

“Mi historia se remonta a mi infancia“


Actualmente tengo 34 años y ahora tengo que reconocer que soy otra persona, he ganado en autoconfianza, seguridad y felicidad. Todo ello sin olvidar el calvario que tuve que pasar hasta dar con un equipo de profesionales de confianza pertenecientes al Instituto de Obesidad.

Mi historia se remonta a mi infancia. Desde siempre, según iba creciendo, también aumentaba de tamaño, de peso. Soy de fácil engordar y, para que negarlo, me gusta bastante comer. Con un 1,67 de altura llegué a pesar 182 kilos cuando sólo tenía 22 0 23 años, no recuerdo la edad exacta. Yo sé que el exceso de peso afecta a la movilidad, pero en mi caso, que vengo de una familia de ganaderos y me pasaba el día en el campo yo no lo notaba. Pero, efectivamente, la obesidad tiene consecuencias que las he ido pagando con el tiempo. De hecho, tengo actualmente grandes dolores de espalda por culpa de una hernia discal.

Cuando decidí ponerme en manos de profesionales, decidieron practicarme una banda gástrica para tratar mi problema de obesidad. Pero las complicaciones fueron sucediéndose una a una y cada vez más graves. El problema es que cada vez que me pinchaban, lo hacían a ciegas, sin pruebas de imagen que determinar cómo debería ser el procedimiento. Todo ello me condujo a pasar por quirófano en más de tres ocasiones, lo que me provocó una gran infección y permanecer dos años con un agujero en el estómago. Los especialistas que me atendieron en esa primera ocasión, a cada complicación ocasionada por su negligencia, me pedían dinero por solucionarla, cosa a la que yo me negaba y con razón. Fue entonces cuando decidí acudir a la seguridad social  para solventar el problema y allí me explicaron que tenían que retirar la banda gástrica  y que siguiera un autocontrol de comidas y practicar ejercicio. El caso es que, poco a poco, llegue de nuevo a los 131 kilos. Por esas fechas un amigo que había pasado por el mismo trance me recomendó ponerme en manos del Instituto de la Obesidad. Yo estaba aterrado, todo me daba miedo dada mi experiencia anterior. Pero cuando llegué allí me encontré en una situación distinta. Un gran equipo que me dio toda su confianza y cariño. Me explicaron al detalle los errores previos cometidos y me dijeron que mi opción era una gastroplastia tubular. Esto fue hace dos años. Los inicios fueron duros como se preveía en un principio dados los daños ocasionados al estómago en las intervenciones anteriores. A los cuatro días de la intervención había perdido ocho kilos, así sucesivamente hasta llegar a los 80.

Ahora llevo una dieta normal, es decir como poco pero cada dos o tres horas, y puedo comprarme ropa, hasta me quedan grandes algunas tallas. Lo que lamento es no haber conocido antes al equipo del Instituto de Obesidad, que me ha apoyado en todo momento y que son unos auténticos profesionales. Sigo acudiendo a mis revisiones cada vez más espaciadas en el tiempo, pero no dudan en atenderme ante cualquier duda. Gracias a ellos tengo una nueva vida, por eso recomiendo a todas las personas que estén sufriendo obesidad que sepan bien en manos de que profesionales depositan sus esperanzas y su salud, para no correr riesgos.


Eugenio Pulido, 34 Años



David Ruiz Mora

“Saciaba el estrés con lo que encontraba a mano.“


Soy encargado en una gasolinera y desde hace años empecé poco a coger peso. Rodeado todo el día de comida, saciaba el estrés con lo que encontraba a mano. Todo el día comiendo hasta que llegué a pesar 167 kilos. Los dolores de espalda y de rodillas, al estar todo el día de pie, con mi peso cada vez eran más insoportables. Me cansaba mucho y no me encontraba bien de salud. Un día me desperté y había perdido visión en un ojo. Fui al trabajo y al terminar me desplacé al hospital. Allí me hicieron un TAC y me quedé ingresado. Lo cierto es que a partir de ese momento me di cuenta de que no podía seguir así. Tome una decisión. La mejor amiga de mi mujer se había sometido una intervención por sobrepeso en el Instituto de Obesidad y estaba muy satisfecha y nos recomendó el centro. No lo dudé un minuto. Allí me contaron todo con pleno detalle, pero yo no tenía dudas. Hice todo lo que me propusieron. Lo primero fue llevar un balón gástrico a lo largo de seis meses, tiempo en el que perdí 20 kilos. Posteriormente, me sometí a un reducción de estómago, el pasado mes de octubre.

Ahora peso 124 kilos, porque la pérdida de peso va más despacio, pero me encuentro mejor que nunca. Me ha dejado de doler la espalda y las rodillas, estoy mucho más ágil y con mejor estado de salud en general. Sigo las recomendaciones dietéticas de los profesionales y acudo cada dos semanas a controlar mi peso y a seguir los consejos del equipo. Ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, no sólo por decidirme a acabar con mi problema de obesidad que tanto daño estaba haciendo a mi salud, sino por confiar en las buenas manos del equipo del Instituto de Obesidad, cuyo trato, atención, dedicación y la confianza que inspiran no tiene precio.


David Ruiz Mora, 46 Años



Ana

“Gracias a ellos llevo una vida totalmente diferente.“


Desde siempre he estado con algo de sobrepeso, pero fue a partir de los 15 años cuando empecé realmente ha ganar más kilos. Solía picar mucho entre horas y, además, me gustan mucho los dulces, la bollería. Esta tendencia a engordar se vio perjudicada porque sufrí un trastorno de comportamiento alimentario, concretamente el trastorno por atracón, lo que me empujaba a ingerir grandes cantidades de comida, perdiendo el control.

La báscula fue indicando un aumento cada vez mayor de peso hasta que llegue a los 130 kilos. Fue entonces, hace dos años cuando decidí buscar ayuda y di con el Instituto de Obesidad al que asiste con mis padres. En esa primera consulta me informaron de todas las opciones a las que podía someterme para perder peso y cómo sería cada procedimiento. También me explicaron cuál era la mejor opción para mi y finalmente me hicieron una gastroplastia.

Tras el tratamiento y los consejos dietéticos he logrado llegar a los 68 kilos, lo que me ha cambiado literalmente la vida. No soy la misma que era, llevo una vida completamente normal y sigo una dieta también normal, lo único que procuro no comer son grasas porque no me sientan bien. Ahora estoy haciendo deporte, tonificación y realmente estoy muy contenta. No dudaría en recomendar a cualquiera que esté en la situación que yo he pasado que se ponga en manos del Instituto de Obesidad, a los que acudo a revisiones cada tres semanas, por su gran profesionalidad, su inmejorable trato y porque gracias a ellos llevo una vida totalmente diferente. Me siento mucho mejor, más sana, feliz.


Ana, 26 Años

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