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Hoy, en este post de IOB os queremos acercar a algunos de los productos mediterráneos más saludables para la dieta. Hemos elegido la alcachofa.

Los motivos los proporciona de forma clara un estudio publicado en ‘Plants food and Human Nutrition’.

Tal y como reconocen sus autores: Cynara scolymus, la alcachoferaalcachofa o alcaucil, “es uno de los pocos remedios a base de hierbas que los ensayos clínicos y experimentales se han complementado entre sí. Los efectos experimentales y clínicos se han verificado a través de una extensa investigación biomédica de remedios herbales. Específicamente, se han demostrado efectos antioxidantes, coleréticos, hepatoprotectores, mejoradores de la bilis y hipolipemiantes, que se corresponden con su uso histórico. La investigación en curso parece indicar que la alcachofa tiene cualidades medicinales. Lo más significativo parece ser su efecto beneficioso sobre el hígado”

En estudios con animales, “los extractos líquidos de las raíces y las hojas de la alcachofa han demostrado una capacidad para proteger el hígado, posiblemente incluso para ayudar a que sus células se regeneren. Aunque la investigación aún no es concluyente, los científicos se mostraron optimistas y defienden su uso en humanos para problemas digestivos e intestinales. También puede desempeñar un papel en la reducción del colesterol y, por lo tanto, ayudar a prevenir enfermedades del corazón. La alcachofa silvestre hervida redujo las respuestas glucémicas e insulinémicas posprandiales en sujetos normales, pero no tiene efecto en pacientes con síndrome metabólico”, insisten los autores en el ensayo.

En la última década se ha hecho cada vez más evidente que la alcachofa tiene numerosos beneficios para la salud, incluida su capacidad para ayudar al sistema digestivo.

La planta de alcachofa en su conjunto se usó como alimento y como remedio medicinal desde el año 400 antes de Cristo. Los griegos, romanos y egipcios la consumían por su valor nutritivo. La aristocracia del Imperio Romano la usó como un manjar, un aperitivo y como una ayuda digestiva; sin embargo, el vegetal pareció caer en el olvido hasta la 1500 cuando se registró el uso medicinal de la alcachofa para ayudar a tratar la ictericia y los problemas hepáticos.

En 1850, un médico francés utilizó con éxito un extracto derivado de las hojas de alcachofa para tratar la ictericia que no estaba mejorando con los medicamentos utilizados durante esos tiempos. Esto llevó a un aumento en el número de estudios realizados y hoy en día la alcachofa es una de las pocas hierbas para las cuales tenemos un conocimiento exhaustivo de sus componentes y mecanismos de acción dentro del cuerpo.

El extracto de alcachofa está hecho de las hojas de la planta porque se ha encontrado que contienen la mayor concentración de sus componentes activos. Las hojas de alcachofa contienen una gran cantidad de compuestos que incluyen flavonoides y polifenoles, incluyendo cinarina y ácido clorgénico. Aunque los científicos inicialmente creyeron que la cinarina era el compuesto importante, hoy sabemos que en realidad es la mezcla completa de sus compuestos lo que parece desempeñar un papel en los múltiples beneficios del extracto de alcachofa.

Por todo ello, la alcachofa es beneficiosa por ser:

  • Tiene propiedades depurativas y efecto diurético por tanto ayuda en la pérdida de peso y evita la retención de líquidos.
  • Es una excelente fuente de calcio y fósforo aunque también contiene potasio, hierro, magnesio y zinc. Entre las vitaminas destacan  la vitamina B1 además de pequeñas cantidades de vitaminas C, B3, B5 y B6.
  • Anti-grasas.Favorece la digestión de las grasas y la eliminación de toxinas de nuestro cuerpo.
  • Buena para el hígado.Entre las propiedades terapeúticas de la alcachofa destaca su capacidad de regular la formación y salida de bilis. Ejerce acción reguladora sobre el riñón ya que favorece la eliminación de agua y sustancias de deshecho. Está indicada para  enfermedades funcionales y orgánicas de hígado, vesícula biliar y vías biliares, así como para los trastornos de los órganos digestivos que de ellas deriven. Es muy útil, en los casos de enfermedad hepática, como la cirrosis y la hepatitis.
  • Al ser rica en fibra proporciona saciedad, favorece el tránsito intestinal y previene el estreñimiento.
  • Reduce el colesterol y los triglicéridos. Este efecto se debe a la presencia de cinarina en la alcachofa, una sustancia que actúa evitando la síntesis de endógena de colesterol y lípidos al mismo tiempo, que aumenta la excreción biliar de colesterol y su transformación en ácidos biliares.

Desde el IOB deseamos que esta información sea útil para los pacientes y recordamos que nuestro equipo proporciona asesoramiento dietético y nutricional a cualquier persona que lo desee.


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El día 28 de septiembre en Dubai tendrá lugar el ‘Elipse Device Symposium’ bajo el lema ‘The Future of Weight Management’, dentro del prestigioso congreso internacional IFSO. A lo largo de dos horas el doctor Adelardo Caballero, director del Instituto de Obesidad, junto con el Dr. Salman Al Sabah , del Royale Hayat Hospital moderarán el encuentro en el que se impartirán cinco conferencias.

  • ‘The Obesity Epidemic’: The Middle East compared to Europe, por el doctor Faruq M. Badiuddin.
  • ‘The Elipse Ballon: How it Compares to other Ballons and the Literature Supporting it’ del doctor Jaime Ponce.
  • Italian Multi-Center Elipse Experience:Weight Loss and Improved Metabolic Parameters, por el doctor Alfredo Genco.
  • The Nuts and Bolts of Establishing a Successful Elipse Practice, del dr. Roman Turro.
  • Nutritional Management and Digital Follow-Up with Elipse, por el dr. Roberto Lenca.

A lo largo de esta jornada se expondrán las novedades entorno al balón elipse, un nuevo balón intragástrico disponible en pocos centros médicos. De hecho, el Instituto de Obesidad fue el primero de la capital en ponerlo a disposición de sus pacientes.

Desde su introducción en nuestro centro hace más de un año, hemos colocado más de 300 balones elipse y sin complicaciones en ninguno de los casos.

 

Se trata del primer dispositivo del mundo en forma de cápsula lo suficientemente pequeña como para poder ser ingerida por boca.  Su principal ventaja es que no se requiere, endoscopia, ni anestesia, ni quirófano, lo cual reduce los riesgos y resulta más cómodo para los pacientes.

El balón se encuentra asociado a un tubo, una vez en el estómago, puede llenarse a través del mismo con hasta 500 ml. de líquido, tras lo cual es retirado. Una vez cumplida su función terapéutica, el balón se vacía automáticamente mediante una válvula de operación autónoma y luego es expulsado del organismo a través del intestino.

Otra de sus enormes ventajas es que no requiere de endoscopia tampoco para su retirada, como sucede con los balones intragástricos tradicionales. El dispositivo está diseñado para auto-vaciarse y pasar con seguridad a través del tracto gastrointestinal. Se vacía automáticamente y se excreta de forma natural.

El paciente, al que se le proporciona también una báscula conectada las 24 horas con el centro médico para controlar el peso, en su primer día solo podrá ingerir líquidos, a partir del segundo día podrá tomar alimentos blandos y poco a poco se ira añadiendo una dieta normal.  El balón no funciona por si solo. Causa una sensación de saciedad y se deberán de reducir la cantidad de calorías ingeridas. Es importante llevar un control en las comidas para que el balón sea efectivo.

Asimismo, se acompaña de una potente medicación que evita las molestias y los vómitos los días siguientes a la implantación.

Este revolucionario tratamiento ha sido sometido a estudios clínicos en personas con un índice de masa corporal (IMC) de 27-40. Los hallazgos indican una pérdida de peso promedio de 10 kilogramos. Los participantes también experimentaron mejorías en los niveles de triglicéridos y hemoglobina HbA1c (prueba sanguínea de diabetes tipo 2) y una reducción de ocho centímetros en la circunferencia de la cintura.

La literatura científica se sigue acumulando respecto al balón elipse, demostrando su superioridad frente a otros balones y su seguridad y eficacia.

 


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Día sí día también surgen nuevas investigaciones que muestran la necesidad imperiosa de atajar la obesidad, una pandemia a nivel mundial. La última en llegar viene de la mano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia (EEUU) que explica en un estudio por qué la obesidad causa inflamación dañina que puede conducir a la diabetes, a la obstrucción arterial y a otras patologías.

“Todas estas enfermedades tienen un denominador común. Puede ser que hayamos identificado lo que inicia la cascada completa de inflamación y cambios metabólicos”, han señalado los autores.

Efectos de la Obesidad

Los investigadores, por primera vez, pudieron explicar por qué las células inmunitarias residentes en el tejido adiposo (células inmunes que se cree que son beneficiosas) se vuelven dañinas durante la obesidad y causan inflamación no deseada e insalubre. En trabajos previos, como el estudios llevado a cabo por científicos españoles y publicado en ‘Nutrición hospitalaria’ se reconoce: “El tejido adiposo es un tejido endocrino complejo metabólicamente muy activo entre cuyas funciones destacan: I) el mantenimiento del balance energético; II) la termorregulación; III) el metabolismo de lípidos y glucosa; IV) la modulación de la función hormonal y reproductiva, V) la regulación de la presión arterial y VI) de la coagulación sanguínea. Además, éste desempeña un papel fundamental sobre las cascadas inflamatorias, procoagulantes, antifibrinoliticas y vasoactivas, lo que sugiere una influencia directa sobre el proceso inflamatorio.  Concretamente, en condiciones de obesidad se ha demostrado que en aproximadamente un 70-80% de los individuos se produce un remodelado del tejido adiposo (“adipose tissue remodeling”) tanto a nivel estructural como funcional que provoca una reacción inflamatoria. Cuando la resolución de la inflamación aguda no se resuelve correctamente se desencadena un estado inflamatorio crónico de bajo grado a nivel local con repercusiones sistémicas conocida como lipoinflamación (“metabolic-trigged inflammation”, “metainflammation”, o “adipose tissue inflammation”)”.

Se insiste en el trabajo en que “el resto de individuos que no presentan evidencia de signos de lipoinflamación son denominados con el término “obesos metabólicamente sanos”, para referirse a que no presentan ninguna de las alteraciones metabólicas típicas de los individuos obesos aunque el riesgo de morbi-mortalidad en relación con la diabetes mellitus tipo 2 y la enfermedad cardiovascular es el mismo que en el resto de obesos”, añade la investigación.

Ahora, en el nuevo estudio, el equipo de investigación, dirigido por Norbert Leitinger, ha descubierto que los dañinos “radicales libres” producidos dentro de nuestros cuerpos reaccionan con sustancias conocidas como lípidos dentro del tejido adiposo. Este ataque a los lípidos los impulsa a causar inflamación, una respuesta inmune natural.

“Los radicales libres son tan reactivos que quieren engancharse a algo”, Los lípidos son un buen sumidero para que estos radicales se combinen”, recuerdan.

Este proceso da como resultado la llamada “oxidación de lípidos”. Al principio, los científicos esperaban que los lípidos oxidados demostraran ser dañinos, pero no fue tan simple. Algunos de los lípidos oxidados estaban causando inflamación dañina, reprogramando las células inmunes para volverse hiperactivos, pero otros de ellos estaban presentes en el tejido sano.

“Cuando comparamos el tejido sano y el obeso, lo que parece cambiar es la proporción de lípidos oxidados de longitud completa y truncados. Nuestros estudios muestran que los lípidos oxidados de longitud total o más largos son bastante inflamatorios. Promueven la inflamación dentro de estas células inmunitarias, y creemos que instiga y perpetúa el proceso de la enfermedad dentro del tejido [graso] durante la obesidad”.

Un medicamento para combatir la inflamación de la obesidad

Ahora que los científicos saben qué lípidos oxidados están causando problemas y cómo pueden tratar de bloquearlos para prevenir la inflamación. Es posible que puedan desarrollar un medicamento, por ejemplo, que reduzca la cantidad de lípidos oxidados de longitud completa dañinos.

Otra alternativa es que los médicos puedan promover la cantidad de fosfolípidos más benéficos y más cortos. “La inflamación es importante para las defensas de tu cuerpo, por lo que no quieres eliminarla por completo. Es una cuestión de encontrar el equilibrio correcto”.

Al restaurar ese equilibrio, los médicos pueden lograr avances significativos contra las enfermedades crónicas que ahora afectan a millones de personas. Y otro de los hallazgos que señalan los autores que el “metabolismo de las células inmunes es un objetivo claro de investigación. Lo es tanto para enfermedades como el cáncer, pero ahora también para la obesidad y la ateroesclerosis que empiezan a centrar el interés científico”.

Desde el Instituto de Obesidad defendemos la necesidad de dar a conocer todos estos hallazgos para motivar a los pacientes obesos a recuperar su salud, máxime cuando disponemos de una amplia gama de tratamientos seguros y cada vez más eficaces.

 

 


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Cualquier estudio que aporte pistas sobre cómo evitar la obesidad en la población infanto-juvenil es una gran noticia si tenemos en cuenta los datos tan alarmantes sobre esta enfermedad en nuestro país.

Por este motivo, Instituto de Obesidad quiere acercar hoy los datos de un reciente estudio publicado en el ‘British Medical Journal’.

Al parecer, los niños y adolescentes cuyas madres siguen cinco hábitos saludables: llevar una dieta saludable, hacer ejercicio con regularidad, mantener un peso corporal saludable, beber alcohol con moderación y no fumar, tienen un 75% menos de probabilidades de ser obesos que los hijos de madres que no siguió ninguno de esos hábitos, según el trabajo llevado a cabo por la Escuela de Salud Pública de la Harvard TH Chan.

El trabajo, llevado a cabo con los datos de 24,289 niños de entre nueve y 18 años inscritos en el estudio Growing Up Today que nacieron de 16,945 mujeres pertenecientes al famoso estudio Nurses ‘Health Study II, constató además que cuando tanto la madre como el niño se adhirieron a estos hábitos, el riesgo de obesidad fue un 82% menor en comparación con las progenitoras y descendientes que no lo hicieron.

“Nuestro estudio ha sido el primero en demostrar que un estilo de vida saludable en general supera a cualquier factor de estilo de vida saludable individual seguido por las madres cuando se trata de reducir el riesgo de obesidad en sus hijos”, dijo Qi Sun, profesor asociado en el Departamento de Nutrición y autor del estudio.

Los investigadores encontraron que 1,282 de los menores (el 5,3%), desarrollaron obesidad durante un período medio de seguimiento de cinco años. La obesidad materna, el tabaquismo y la inactividad física se asociaron fuertemente con la obesidad en niños y adolescentes.

Si bien la mayor caída en el riesgo de obesidad se observó cuando las madres y los niños siguieron hábitos de vida saludables, muchos de los mismos tuvieron un impacto notable en el riesgo de obesidad infantil cuando se evaluaron individualmente.  Los hijos de mujeres que mantuvieron un peso corporal saludable (índice de masa corporal 18.5-24.9) tuvieron un riesgo 56% menor de obesidad en comparación con los hijos de mujeres que no mantuvieron un peso saludable, mientras que los hijos de madres no fumadoras tuvieron un 31% menor riesgo de obesidad en comparación con los hijos de madres adictas al tabaco.

Los expertos del Instituto de Obesidad queremos recordar la necesidad de poner freno a la obesidad desde los primeros años de vida, por ese motivo invitamos a los padres que tengan hijos con sobrepeso u obesidad a que nos consulten.


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Son imprescindibles en la dieta. Sanas, nutritivas, las legumbres no deben faltar en la mesa y existen multitud de recetas para disfrutar de ellas en verano, como la gran variedad de ensaladas que pueden prepararse usándolas como ingrediente principal.

Uno de sus mayores ‘atractivos’ es que no engordan pese a la falsa creencia popular. Sus beneficios nutricionales se basan en su aporte de hidratos de carbono, proteínas, fibra, hierro, vitaminas del grupo B y, casi nada de grasa, dado que no supera el 4% de su composición.

El Instituto de Obesidad es un acérrimo defensor de la dieta mediterránea y ella forma parte de nuestros planes de dieta y técnicas de apoyo. Además, las legumbres son la base para aprender a comer bien, como hemos contado en este espacio anteriormente.

Lentejas, garbanzos, guisantes, habas… todas ellas tienen claros beneficios para la salud y forman parte imprescindible de la dieta de los deportistas.

Entre sus ventajas destacan:

  • Son el grupo de alimentos vegetales con mayor cantidad de proteína.
  • Proporcionan energía.
  • Su alto importante contenido en fibra ayuda a regular los niveles de colesterol y azúcar en sangre. También favorece el funcionamiento intestinal.
  • Son económicas.
  • Aportan potasio, calcio, fósforo, yodo y vitaminas del complejo B.
  • Son imprescindibles en la dieta de las mujeres embarazadas para prevenir defectos congénitos, dado su alto contenido en ácido fólico.
  • Fundamentales en las personas vegetarianas ya que son grandes reemplazadoras de la carne.
  • Ayudan a controlar el peso dado su bajo contenido en grasa.
  • Contribuyen a controlar la presión arterial.
  • Aumentan los niveles de hierro en el organismo.
  • Permiten controlar el estreñimiento.
  • Favorecen la salud cardiovascular.

 


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Sabroso, apetecible… es un alimento indispensable en la dieta que ‘casa’ muy bien con las ensaladas que tanto deberíamos degustar este verano. Se trata de una fruta muy conocida y cuyo consumo se ha extendido en los últimos años y cuyo origen reside en México, Guatemala, El Salvador y Perú. España está, incluso, entre los 15 primeros países productores de este fruto.

Una de las razones por las que ha aterrizado tarde en la dieta mediterránea es por su alto contenido en grasas, aunque la realidad es que es rico en grasas vegetales (monoinsaturadas, como el ácido oleico y también contiene un nivel elevado de ácidos Omega 3). En cambio, posee un bajo contenido de carbohidratos y casi insignificante en proteínas. Y contiene alrededor de un 2,5% de fibra. Es rico en potasio y altas dosis de vitaminas del grupo B, de vitamina D y de la superantioxidante E.

En los últimos años han proliferado los estudios que respaldan sus beneficios. Y se sabe ahora que es bueno para:

Corazón. La propia Asociación Americana del Corazón llevó a cabo un estudio que constató que las personas que siguieron una dieta moderada en grasa y que consumieron un aguacate todos los días tenían el colesterol LDL menor que aquellos que tenían una dieta similar sin un aguacate al día o en una dieta baja en grasa. El estudio se realizó con 45 pacientes sanos, con sobrepeso u obesidad que tenían entre 21 y 70 años. De hecho varios trabajos han demostrado que el consumo regular de beta-sitosterol y otros esteroles vegetales ayudan a mantener un nivel saludable de colesterol.

Cerebro. Investigadores de la Universidad de Tufts (Estados Unidos) aseguran que el consumo diario de aguacate fresco puede mejorar la función cognitiva en personas mayores tras observar un aumento en los niveles de luteína en los ojos, según datos de un pequeño estudio publicado en la revista ‘Nutrients’.

El estudio se llevó a cabo con 40 adultos sanos mayores de 50 años que durante seis meses comieron un aguacate fresco al día y, tras este periodo, observaron un aumento del 25% en los niveles de luteína en sus ojos y mejoraron significativamente la memoria de trabajo y sus habilidades para resolver problemas.

La luteína es un pigmento de la familia de los carotenoides que suele estar presente en frutas y verduras y se acumula en la sangre, los ojos y el cerebro, actuando como agente antiinflamatorio y antioxidante. Cada aguacate tiene unos 369 microgramos de luteína.

Vista. Los ácidos grasos Omega 3 ayudan a prevenir patologías oculares relacionadas con la retina como la degeneración macular o el ojo seco de ahí que el aguacate sea el mejor aliado de nuestros ojos.

Embarazo. Su alto contenido en ácido fólico es fundamenta para la salud del bebé durante la gestación.

Ayuda a perder peso. Dentro de las grasas monoinsaturadas de los aguacates encontramos el ácido oleico, necesario para que el hambre tarde más en aparecer. Además, tiene fibra que ayuda a conseguir un estómago plano.

Osteoporosis. Los estudios  demuestran que la vitamina D es esencial para mantener los huesos fuertes y evitar la osteoporosis de ahí que se recomiende el consumo de verduras de hoja verde oscura, espinacas y el brócoli, de coles de bruselas, perejil o lechuga pero, también, de kiwis y aguacate.

Desde el Instituto de Obesidad recomendamos el consumo de aguacate y un buen momento para empezar puede ser en estos días estivales. Asimismo recordamos que cualquier necesidad de consejo dietético, el equipo del IOB estará encantado de resolverlo.


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A los problemas de salud propios del sobrepeso y la obesidad se suman además otras enfermedades cuyo riesgo se dispara en estos pacientes como la diabetes, la enfermedad cardiovascular, la incontinencia urinaria, la artrosis y, al parecer, también la dependencia del tabaco.

De hecho, un  nuevo estudio realizado por expertos de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) y la Universidad de Bristol (Reino Unido) afirma que el aumento de peso y la obesidad pueden provocar un aumento del hábito tabáquico.

El trabajo, publicado en el último ‘British Medical Journal’, subraya que el aumento del índice de masa corporal (IMC), el porcentaje de grasa corporal y la circunferencia de la cintura se asociaron con más riesgo de ser fumador y con un mayor consumo de cigarrillos al día. Estos resultados fueron consistentes tanto en hombres como en mujeres.

“La prevención del tabaquismo es clave para reducir la carga mundial del cáncer y otras enfermedades crónicas, como las enfermedades cardiovasculares y la diabetes”, ha apuntado Christopher Wild, director del IARC.

A diferencia de los estudios previos, esta investigación se basó en marcadores genéticos de la obesidad utilizando datos del Biobanco del Reino Unido, que cuenta con información genética de  500. 000 hombres y mujeres de entre 40 y 96 años recopilados entre 2006 y 2010, sobre datos antropométricos, de salud y de estilo de vida, así como muestras biológicas. De los 487. 409 individuos que fueron genotipificados en el Biobanco, se utilizaron datos de 372. 791 europeos.

“Este artículo permite comprender mejor la compleja relación entre obesidad y el hábito tabáquico, como el inicio y la intensidad del mismo, así como el impacto de la obesidad en su abandono”, explica Paul Brennan, uno de los autores del artículo.

El experto del IARC añade que el vínculo entre IMC y exposición al tabaco “puede originarse en una base biológica común para otras conductas adictivas, como la adicción a la nicotina y una mayor ingesta calórica”.

Este nuevo análisis de variantes genéticas relacionadas con la masa corporal destaca la compleja relación entre la obesidad y el tabaquismo. Se sabe que estudios observacionales previos muestran consistentemente una asociación inversa entre tabaquismo y peso corporal, es decir, los fumadores tienen un peso corporal más bajo en promedio que los no fumadores, posiblemente debido a un apetito reducido.

Sin embargo, paradójicamente, las personas tienden a aumentar de peso después de dejar de fumar, consecuencia quizá de una mayor ingesta calórica debido a la sustitución del hábito de fumar por la ingesta de alimentos.

“Estos nuevos resultados apoyan los beneficios potenciales de abordar conjuntamente estos factores de riesgo con medidas de salud pública que combinen control del peso y lestrategias de control del tabaco”,  han aclarado los autores.

El índice de masa corporal y la distribución de la grasa corporal influyen en los diferentes aspectos del comportamiento relacionado con el tabaquismo, incluido el riesgo de que las personas adquieran el hábito de fumar, su intensidad o el abandono de la dependencia. Estos resultados destacan el papel de la obesidad para influir en el inicio y el abandono del hábito de fumar, lo que podría tener implicaciones para las intervenciones de salud públicas destinadas a reducir la prevalencia de estos importantes factores de riesgo.

Desde el Instituto de Obesidad, asimismo, y a raíz de los datos expuestos en este estudio queremos también hacer hicanpié en los fumadores y fumadoras que no dejan el hábito por miedo a coger peso, un hecho que preocupa especialmente al sexo femenino fumador. Por este motivo, creemos que es importante apoyar a los pacientes que saben que ponen en riesgo su salud por su adicción al cigarrillo, pero que pueden dejarlo sin que repercuta en su peso, si se asesoran con profesionales que les ayuden a planificar su dieta y programen su ejercicio físico. A todos ellos, recordamos que estamos para cualquier consulta.

En estudio: https://www.bmj.com/content/361/bmj.k1767

en incontinencia urinaria https://institutodeobesidad.com/2018/05/14/incontinencia-urinaria-culpa-la-obesidad/

En diabetes https://institutodeobesidad.com/2017/06/28/grasa-abdominal-diabetes-enfermedad-coronaria/

En enfermedad cardiaca https://institutodeobesidad.com/2017/11/07/envejecer-obesidad-eleva-riesgo-insuficiencia-cardiaca/

En artrosis https://institutodeobesidad.com/2018/01/18/sabes-afecta-la-obesidad-la-salud-tus-huesos/

En IRAC https://www.iarc.fr/


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Los datos llegan desde Irlanda y son los primeros que han evaluado de forma prospectiva la relación entre la obesidad de los abuelos y sus nietos.

El trabajo, publicado en el último, ‘Pediatric Obesity’, establece que sí existe una claro asociación entre la obesidad de las abuelas y sus nietos. Según investigadores de la Universidad de Queensland (UQ), los nietos de mujeres obesas corren un mayor riesgo de nacer y vivir una vida con la enfermedad.

El profesor asociado de la Facultad de Salud Pública de UQ y Abdullah Mamun, coautor del ensayo, ha afirmado que estaba investigando cómo la salud de los abuelos y los padres, el estilo de vida y el estatus socioeconómico pueden crear un legado familiar de obesidad y sus problemas de salud asociados.

“Estoy explorando si los factores previos al embarazo, el embarazo y el postparto tienen un impacto en el desarrollo de la obesidad tanto para las madres como para sus hijos”, dijo.

“La obesidad de las abuelas maternales parece tener un mayor impacto en la obesidad de los nietos”.

El estudio parte de la investigación ‘The Lifeways Croos-Generation Study’ que se inició en 2002. En él se reclutaron a 1.124 madres al inicio del embarazo y a sus 1.500 familiares. En la nueva investigación, los autores analizaron la circunferencia de cintura de 589 niños a los 5 años y de 298, a los 9. Los datos se cotejaron  con las medidas de los abuelos.

“Como los factores genéticos y de estilo de vida se comparten por igual entre las líneas materna y paterna, la asociación más fuerte con la abuela materna puede sugerir que la dieta de una mujer embarazada y su exposición a condiciones como diabetes gestacional y presión arterial alta pueden tener un impacto en el bebé”.

Los resultados, por tanto, pueden sugerir un efecto intrauterino o ambiental, con posibles implicaciones clínicas y de salud pública.

“Estos hallazgos pueden tener implicaciones prácticas para las intervenciones familiares en un momento de desafío global en la lucha contra la obesidad”, dijo la autora principal la doctora Cecily Kelleher, de la University College Dublin, en Irlanda. “Pero también enfatizan la necesidad de entender en términos científicos la transmisión de generación cruzada de riesgo de enfermedades no transmisibles”.

Y no sólo. Desde el Instituto de Obesidad, creemos que es importante que los abuelos, cada vez más cuidadores de sus nietos, establezcan hábitos de vida saludables para sus descendientes, máxime cuando ellos padecen sobrepeso y obesidad. Nuestro equipo de profesionales puede asesorar en todo momento sobre qué dieta es la más adecuada a seguir.


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Está claramente de moda y está ocupando espacio en los medios de comunicación.  Hablamos del té Kombucha. Se ha hecho un nombre desde su éxito en EEUU y, al parecer, forma parte de la dieta de muchas ‘celebrities’: desde Zoe Kravitz, Kourtney Kardashian, , Lindsay Lohan, Lena Duham, Madonna, Gwyneth Paltrow y Orlando Bloom hasta la propia Reina Letizia.

La Kombucha es una bebida 100 % natural, elaborada según una antigüa receta de té, azúcar y cultivos de Kombucha. Su fermentación transforma el té o la infusión en una bebida con una variada gama de vitaminas, enzimas, minerales y ácidos orgánicos esenciales. Se consigue a partir de una infusión azucarada de hojas de té o de plantas adecuadas a la que se incorpora el cultivo de Kombucha, una simbiosis de levaduras y bacterias beneficiosas, cuya fermentación transforma la infusión en una bebida con una variada gama de elementos.

Los primeros indicios de su existencia datan del año 221 a. C. De hecho, se bebe desde hace 2.000 años en China, Tíbet, Siberia y Rusia. En los últimos años se ha hecho muy popular en América y en los países del centro y norte de Europa.

En definitiva, el “hongo de la kombucha” (por su apariencia) conocido como SCOBY en inglés, es un acrónimo de Symbiotic Culture of Bacteria and Yeast (cultivo simbiótico de bacterias y levaduras). “Simbiótico” significa que las cepas de bacterias y levaduras conviven en una comunidad compleja y de apoyo mutuo, dependiendo las unas de las otras. Las bacterias y levaduras específicas en la kombucha son las que hacen que ésta se comporte como lo hace, y las que producen la efervescencia y el sabor.  Es, por tanto, una bebida natural llena de probióticos y aminoácidos saludables.

Beneficios

De hecho entre las virtudes que se le atribuyen destacan: desde mejorar la digestión y fortalecer el sistema inmune, hasta desintoxicar el hígado y prevenir el cáncer. También se le atribuyen otros beneficios como, el actuar de antibiótico que mejora infecciones recurrentes como la candidiasis, prevenir la pérdida de memoria, disminuir el dolor en artritis o los síntomas premenstruarles.

Pero si ha saltado a la fama es también por su papel para ayudar a perder peso. El motivo, mejora el metabolismo, estimula la combustión de las grasas y evita su acumulación. El contenido en ácido acético y los polifenoles ayudan a perder peso.

Desde el Instituto de la Obesidad queremos recordar que esta bebida debe tomarse con precaución porque puede tener efectos secundarios si tenemos en cuenta su contenido en cafeína, alcohol y probióticos en cantidades elevadas. No dudes en consultarnos.


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La evidencia científica sobre las patologías asociadas a la obesidad es conocida (enfermedad cardiovascular, patologías metabólicas, entre otras…), pero una de la que se habla poco y es realmente relevante es la incontinencia urinaria.

Este trastorno ocasiona la pérdida involuntaria de orina debida a diferentes causas y, entre ellas, unas de las más frecuentes son el sobrepeso y la obesidad. Y afecta tanto a hombres como a mujeres. Según un estudio de revisión, publicado en ‘Journal of Urology’, existe un claro efecto de dosis-respuesta del peso sobre la incontinencia urinaria, ya que el incremento de 5 unidades de Índice de Masa Corporal (IMC) está asociado con un aumento de aproximadamente un 20% a un 70% en el riesgo de incontinencia urinaria.

También se encontró que las probabilidades de incidencia de incontinencia en un periodo de 5 a 10 años se incrementaron en aproximadamente de un 30% a un 60% por cada aumento de 5 unidades de IMC. La prevalencia e incidencia fueron mayores en la incontinencia por estrés que en la incontinencia por urgencia.

Las investigaciones sugieren que la sobrecarga del suelo pélvico producida por la obesidad, en el caso de las mujeres, favorece la incontinencia por estrés, es decir la incapacidad de contener la orina al estornudar, toser o durante la actividad física, Asimismo, la obesidad causa en ellas la incontinencia por urgencia (necesidad fuerte y repentina de orina), y este problema afecta a cerca del 50% de las mujeres de edad media o mayores.  En el sexo masculino, la obesidad está relacionada con la frecuencia urinaria urinaria.

Sin embargo, y en el otro lado de la balanza, nos encontramos con que la pérdida de peso se asocia con mejoras significativas en los síntomas de la incontinencia urinaria. De hecho, un trabajo llevado a cabo en mujeres con obesidad y publicado en ‘Obstetrics & Gynecology’ constata que pérdidas de entre el 5% y el 10% del peso corporal fueron suficientes para obtener beneficios en el trastorno. Asimismo, otro estudio ha demostrado que las mujeres con obesidad severa (más de 45 kg por encima del peso ideal) con incontinencia urinaria que tenían una dramática pérdida de peso después de la cirugía bariátrica (de 45 a 50 kg) tuvieron una mejoría significativa de este problema.

Con una pérdida moderada de peso de 13% del peso basal, se encontró cambios significativos en la disminución de la presión sobre la vejiga.

Desde el Instituto de Obesidad creemos importante que los pacientes que están pasando por este problema se pongan en manos de equipos multidisciplinares que pueden ayudarles a perder peso y, en consecuencia, mejorar su calidad de vida reduciendo el riesgo de incontinencia urinaria.


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