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Está claramente de moda y está ocupando espacio en los medios de comunicación.  Hablamos del té Kombucha. Se ha hecho un nombre desde su éxito en EEUU y, al parecer, forma parte de la dieta de muchas ‘celebrities’: desde Zoe Kravitz, Kourtney Kardashian, , Lindsay Lohan, Lena Duham, Madonna, Gwyneth Paltrow y Orlando Bloom hasta la propia Reina Letizia.

La Kombucha es una bebida 100 % natural, elaborada según una antigüa receta de té, azúcar y cultivos de Kombucha. Su fermentación transforma el té o la infusión en una bebida con una variada gama de vitaminas, enzimas, minerales y ácidos orgánicos esenciales. Se consigue a partir de una infusión azucarada de hojas de té o de plantas adecuadas a la que se incorpora el cultivo de Kombucha, una simbiosis de levaduras y bacterias beneficiosas, cuya fermentación transforma la infusión en una bebida con una variada gama de elementos.

Los primeros indicios de su existencia datan del año 221 a. C. De hecho, se bebe desde hace 2.000 años en China, Tíbet, Siberia y Rusia. En los últimos años se ha hecho muy popular en América y en los países del centro y norte de Europa.

En definitiva, el “hongo de la kombucha” (por su apariencia) conocido como SCOBY en inglés, es un acrónimo de Symbiotic Culture of Bacteria and Yeast (cultivo simbiótico de bacterias y levaduras). “Simbiótico” significa que las cepas de bacterias y levaduras conviven en una comunidad compleja y de apoyo mutuo, dependiendo las unas de las otras. Las bacterias y levaduras específicas en la kombucha son las que hacen que ésta se comporte como lo hace, y las que producen la efervescencia y el sabor.  Es, por tanto, una bebida natural llena de probióticos y aminoácidos saludables.

Beneficios

De hecho entre las virtudes que se le atribuyen destacan: desde mejorar la digestión y fortalecer el sistema inmune, hasta desintoxicar el hígado y prevenir el cáncer. También se le atribuyen otros beneficios como, el actuar de antibiótico que mejora infecciones recurrentes como la candidiasis, prevenir la pérdida de memoria, disminuir el dolor en artritis o los síntomas premenstruarles.

Pero si ha saltado a la fama es también por su papel para ayudar a perder peso. El motivo, mejora el metabolismo, estimula la combustión de las grasas y evita su acumulación. El contenido en ácido acético y los polifenoles ayudan a perder peso.

Desde el Instituto de la Obesidad queremos recordar que esta bebida debe tomarse con precaución porque puede tener efectos secundarios si tenemos en cuenta su contenido en cafeína, alcohol y probióticos en cantidades elevadas. No dudes en consultarnos.


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La evidencia científica sobre las patologías asociadas a la obesidad es conocida (enfermedad cardiovascular, patologías metabólicas, entre otras…), pero una de la que se habla poco y es realmente relevante es la incontinencia urinaria.

Este trastorno ocasiona la pérdida involuntaria de orina debida a diferentes causas y, entre ellas, unas de las más frecuentes son el sobrepeso y la obesidad. Y afecta tanto a hombres como a mujeres. Según un estudio de revisión, publicado en ‘Journal of Urology’, existe un claro efecto de dosis-respuesta del peso sobre la incontinencia urinaria, ya que el incremento de 5 unidades de Índice de Masa Corporal (IMC) está asociado con un aumento de aproximadamente un 20% a un 70% en el riesgo de incontinencia urinaria.

También se encontró que las probabilidades de incidencia de incontinencia en un periodo de 5 a 10 años se incrementaron en aproximadamente de un 30% a un 60% por cada aumento de 5 unidades de IMC. La prevalencia e incidencia fueron mayores en la incontinencia por estrés que en la incontinencia por urgencia.

Las investigaciones sugieren que la sobrecarga del suelo pélvico producida por la obesidad, en el caso de las mujeres, favorece la incontinencia por estrés, es decir la incapacidad de contener la orina al estornudar, toser o durante la actividad física, Asimismo, la obesidad causa en ellas la incontinencia por urgencia (necesidad fuerte y repentina de orina), y este problema afecta a cerca del 50% de las mujeres de edad media o mayores.  En el sexo masculino, la obesidad está relacionada con la frecuencia urinaria urinaria.

Sin embargo, y en el otro lado de la balanza, nos encontramos con que la pérdida de peso se asocia con mejoras significativas en los síntomas de la incontinencia urinaria. De hecho, un trabajo llevado a cabo en mujeres con obesidad y publicado en ‘Obstetrics & Gynecology’ constata que pérdidas de entre el 5% y el 10% del peso corporal fueron suficientes para obtener beneficios en el trastorno. Asimismo, otro estudio ha demostrado que las mujeres con obesidad severa (más de 45 kg por encima del peso ideal) con incontinencia urinaria que tenían una dramática pérdida de peso después de la cirugía bariátrica (de 45 a 50 kg) tuvieron una mejoría significativa de este problema.

Con una pérdida moderada de peso de 13% del peso basal, se encontró cambios significativos en la disminución de la presión sobre la vejiga.

Desde el Instituto de Obesidad creemos importante que los pacientes que están pasando por este problema se pongan en manos de equipos multidisciplinares que pueden ayudarles a perder peso y, en consecuencia, mejorar su calidad de vida reduciendo el riesgo de incontinencia urinaria.


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Desde el blog del Instituto de Obesidad queremos compartir el último acto llevado a cabo por La Fundación Alimentación Saludable y la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA), en colaboración con Calvo, realizado precisamente bajo el lema ’Mi plato equilibrado’.

Se trata de un conjunto de iniciativas gastronómicas sencillas, válidas para la inmensa mayoría de la población, basadas en el uso esencialmente de ingredientes vegetales y productos del mar.

“El plato único está triunfando porque una sola imagen explica muy bien las necesidades nutritivas; se trata de un interesante mecanismo didáctico”, ha explicado el profesor Jesús Román, presidente del Comité Científico de la SEDCA, durante el acto de presentación de esta iniciativa celebrado recientemente en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.

Con este proyecto, los consumidores pueden comer de forma saludable, aunque dispongan de muy poco tiempo, gracias a la elección de productos de primera calidad.  Al parecer, la tendencia entre los expertos en nutrición se centra en recomendar alimentos que sí se deben comer, en vez de prohibir y limitar los que no se pueden consumir.

Un buen plato

Coincidimos con SEDCA en que la falta de tiempo para cocinar y la comida rápida han suplantado los hábitos de la dieta mediterránea. “Los españoles cada vez consumimos menos productos de origen vegetal, especialmente frutas y verduras. También es bajo la dieta en pescado, porque es caro y lleva tiempo prepararlo. Estamos dejando un poco de lado el pescado azul, por ejemplo, y está triunfando el plato preparado o la comida rápida”, añadió el experto.

Como es bien conocido, un elevado porcentaje de la población española sufre graves problemas de sobrepeso, lo que añade factores de riesgo importantes. “La epidemia de obesidad se llama así porque parece que se contagia (tal y como adelantamos en este blog) y tiene un crecimiento muy rápido, debido al efecto ‘copia’ de hábitos inadecuados. Engloba no solo una mala alimentación, sino también la falta de ejercicio físico, entre otros factores. La peor consecuencia es el incremento de las enfermedades crónicas y, en general, la disminución de la calidad de vida”, explicó Jesús Román.

Actualmente, las famosas ‘pirámides de la alimentación’ se están dejando de lado por poco eficaces a la hora de recomendar a la población dietas saludables. Por el contrario, se recurre a recomendaciones como Mi plato equilibrado, según indicó Jesús Román: “Ha habido diferentes recursos gráficos, como las citadas pirámides, que son ayudas didácticas para que la gente sepa qué tiene que comer. En España, se utilizó desde 1957 la famosa rueda de los alimentos, y luego nos llegaron las pirámides, que, por lo general, son mal entendidas por la población. De hecho, en Estados Unidos ya no se usan porque dan una información confusa que no resulta útil. Las pirámides se han sustituido por el plato, que permite ver de un vistazo lo que cada uno tiene que comer, y con cuatro renglones explica que es necesario comer más verdura, más fruta, con raciones de proteína animal más pequeñas y una cantidad ajustada de carbohidratos”.

El plato está triunfando porque con una sola imagen explica muy bien las “necesidades nutritivas; se trata de un interesante mecanismo didáctico”.

Desde el Instituto de la Obesidad estamos abiertos a todas las propuestas que ayuden a la población a llevar una dieta saludable que contribuya a la pérdida de peso. De hecho, en el post anterior Cómo aprender a comer, señalamos las pautas necesarias para seguir este camino que conduce a la salud y al peso equilibrado.

Creemos también como SEDCA que el modelo de Mi plato equilibrado es aquel que propone abundancia de verdura, hortalizas y fruta. Estos alimentos aportan gran riqueza de vitaminas y minerales, junto con compuestos no nutrientes, como los antioxidantes. Puede alternarse entre verduras crudas y cocidas para abarcar así la mayoría de ellas.

Alimentos proteicos como carne, pescado, huevos o legumbres representan otra porción del mismo. Lácteos, frutos secos y alimentos como el tofu son también fuentes de proteínas y pueden contabilizarse como tales.

Por último, el espacio restante se compondrá de alimentos ricos en hidratos de carbono. Pueden estar dentro del plato, como el arroz, la pasta integral, patatas, boniatos, cereales completos o semillas. O también pueden ser acompañantes fuera del mismo, como el pan, que se recomienda que sea integral.


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Desde el blog del Instituto de Obesidad hemos intentado día a día acercar a los internautas, a los pacientes y a sus familiares las novedades en el campo de la nutrición y el tratamiento de la obesidad.

Hoy queremos dar a conocer nuestro plan ‘Dietas’, un programa sencillo y eficaz para aprender a comer bien.

Sabemos que las dietas hipocalóricas representan el eje central del tratamiento. Las dietas bajas en calorías pretenden conseguir un balance energético negativo, es decir, que entren menos calorías de las que se queman. La dieta debe ser equilibrada en cuanto a los nutrientes y se debe adecuar a los gustos, costumbres y horarios de los pacientes. Hay que procurar que no represente una ruptura con la dieta anterior o, por lo menos, que la transición sea progresiva.

Es importante que sea variada, para que el paciente no caiga en la monotonía y abandone el tratamiento. Para lograrlo nuestro centro realiza una serie de pasos.

En primer lugar realizamos una Valoración del estado nutricional y objetivos, que consiste en utilizar distintas técnicas para evaluar el grado de obesidad en el adulto. El objetivo a alcanzar se establecerá a través de la valoración de la constitución, edad, sexo y estado psicológico del paciente. Además, el equipo de especialistas apoyado en un programa informático nos permite realizar el análisis de la composición corporal y establecer el peso saludable de forma personalizada.

Llevamos a cabo, además, una encuesta alimentaria con el fin de evaluar parámetros como la ingesta de energía, la ingesta alimentaria y farmacológica   de nutrientes, entre otros.

En este programa informamos, además, de aspectos de la nutrición desconocidos por la población.

¿Sabía usted que?

  • Normalmente, a los pacientes obesos, no se les detecta ningún problema hormonal.
  • El aumento de peso, que se considera normal con el paso de los años, es muy pequeño.
  • La sal no engorda. La sal es un mineral y no tiene calorías. Puede producir retención de líquidos en enfermedades como la insuficiencia cardíaca, renal o hepática, pero en personas normales no altera su peso.
  • La margarina vegetal tiene casi las mismas calorías que la mantequilla
  • El pan tostado, los bastones, la corteza de pan, tienen las mismas calorías que la miga.
  • La leche de vaca descremada tiene los mismos nutrientes que la leche entera, a excepción de las vitaminas liposolubles (A, D, E y K) y las grasas. Su contenido en proteínas y calcio es el mismo que la leche entera.
  • La capacidad de engordar de la pasta, depende básicamente de la salsa que se utilice.
  • La miel es un azúcar con calorías
  • Las vitaminas no engordan.
  • Comer rápido no influye sobre el peso, lo que suele ocurrir es que el comedor veloz ingiere más cantidad (ver más).

Y no sólo nuestro programa incluye asesoramiento en ejercicio físico y como no consejos generales entre los que destacan:

  • Acudir a un especialista para que le oriente
  • Realizar cinco comidas al día
  • Planificar de antemano lo que se va a comer (sobre todo en época de fiestas)
  • Preparar las comidas cuando no se tiene hambre
  • Ir a la compra con una lista cerrada
  • Establecer un horario fijo para las comidas
    Comer sentado y sin prisas
  • Utilizar platos pequeños
  • Masticar lentamente
  • No comer dos cosas a la vez
  • Beber entre 1.5-2 L. de agua al día
  • No picar entre horas
  • Pesarse cada 7-15 días, y no cada día
  • Buscar apoyo en la familia
  • Hacer una dieta variada y equilibrada
  • Evitar los fritos y rebozados
  • Utilizar condimentos
  • Intentar ser creativos en la cocina y apartarse de la monotonía
  • Evitar aportes calóricos sin valor nutritivo (refrescos, alcohol)
  • Complementar la dieta con ejercicio físico adaptado a su estado
  • Conseguir una pérdida de peso entre medio y un kilo por semana es correcto

Una vez conseguido el objetivo hay que hacer una dieta de mantenimiento. Este paso es muy importante, ya que la obesidad es un trastorno metabólico crónico y los pacientes tienen tendencia a recuperarlo. En esta fase es fundamental tener un contacto estrecho con su médico para poder ir corrigiendo pequeñas desviaciones en el peso. Desde el Instituto de Obesidad estamos abiertos a cualquier consulta y dispuestos a ofrecer nuestro consejo profesional a todos aquéllos que deseen bajar de peso o, simplemente, aprender a comer bien.

 

 


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Llevamos tiempo desde este espacio en la red, desde nuestro blog, hablando de los beneficios de la Dieta Mediterránea. Como Instituto de Obesidad somos un claro defensor de ella y cada día más estudios la avalan. Ahora, ni más ni menos que la revista ‘The Journal of Gerontology. Series A: Biological Sciences and Medical Science’ (revista de la Sociedad Americana de Gereontología) publica una serie de seis artículos (entre los que se encuentra uno español) que encuentran nuevas correlaciones entre una dieta mediterránea y resultados de envejecimiento saludables, al tiempo que subraya la necesidad de establecer nuevos enfoques para medir los beneficios potenciales de este tipo de dieta.

Entre sus hallazgos, los nuevos artículos informan sobre los mecanismos subyacentes de la misma; la relación positiva entre la dieta y la función física y cognitiva; el valor de tomar un suplemento de coenzima Q10 mientras el paciente se adhiere a este tipo de alimentación y el papel de la dieta en la reducción de la inflamación.  Pero en varios de los estudios, el nivel de beneficio dependía de cómo se midió la adherencia a la dieta por parte de los participantes.

“Una mayor claridad sobre cómo se define esta dieta, tanto en las intervenciones como en los estudios observacionales, será fundamental para alcanzar un consenso sobre cómo aplicar de manera óptima este patrón dietético para maximizar el envejecimiento saludable”, han afirmado Michelle A. Méndez y Anne B. Newman, jefes de redacción de la revista en un editorial que acompaña a los estudios.

 

El perfil de la dieta mediterránea

Sus ‘sellos’ distintivos incluyen una variedad de granos integrales mínimamente procesados ​​y legumbres como alimento básico; una gran diversidad de vegetales frescos consumidos diariamente; frutas frescas como el postre diario típico; aceite de oliva virgen extra prensado en frío; nueces y semillas, como principal fuente de grasa; consumo de pescado y de productos lácteos en pequeñas cantidades. Asimismo, postula por ingerir con muy poca frecuencia carne roja y procesada, así como añadir pequeñas cantidades de vino solo con las comidas.

Hay varias escalas utilizadas para medir el cumplimiento de la dieta. Uno de los estudios de la revista, realizado por investigadores de la Universidad de París XIII, encontró que entre los participantes con una mayor puntuación en adhesión (basada en la escala Validation of a literatura-based adherente score to Mediterranean diet: the MEDI-LITE store)

tuvieron mayores probabilidades de cumplir con ciertos criterios de envejecimiento saludable. En otro estudio, realizado por investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid, un cumplimiento más estricto de la dieta se asoció con una menor probabilidad de deterioro de la función física en adultos mayores, aunque en este caso el uso de ‘Mediterranean Diet Scale’ arrojó resultados más significativos a favor de sus seguidores más fieles.

El mecanismo exacto por el cual una mayor adherencia a la dieta ejerce sus efectos favorables sigue siendo desconocido para los científicos. Sin embargo, investigadores de la Universidad de Washington en el estado de St. Louis en otro de los trabajos reconocen que hay evidencias de sus ventajas en cuatro patrones dietéticos: reducción de lípidos, protección contra el estrés oxidativo y la inflamación, modificación de factores de crecimiento que pueden promover el cáncer, inhibición de las vías de detección de nutrientes mediante la restricción de aminoácidos y la producción de metabolitos mediada por la microbiota intestinal.

En definitiva, estos últimos trabajos vuelven a apuntar la necesidad de seguir la dieta mediterránea no sólo como herramienta diaria contra la diabetes, la obesidad, las enfermedades cardiovasculares, entre otras sino, también, por su potencial para envejecer de forma saludable. El equipo del Instituto de Obesidad aclarará todas las dudas sobre qué alimentos se deben seguir y cuáles no para adherirse a esta forma de alimentación que cada día demuestra su valor en el cuidado de la salud.


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No es la primera vez que desde el Instituto de Obesidad hablamos de las ventajas de la cirugía bariátrica como tratamiento para la obesidad. Ahora, en esta ocasión, los datos llegan de la mano del último ‘JAMA Surgery’.

Al parecer, los beneficios médicos de la cirugía bariátrica van más allá de la mejora del estado de salud. Según un nuevo estudio, esta cirugía proporciona ventajas en otros aspectos más personales de la vida de los pacientes.

Investigadores suecos, dirigidos por  Per-Arne Svensson, de la Academia Sahlgrenska, acaban de constatar que los pacientes que se sometieron a cirugía bariátrica tienen una mayor probabilidad de casarse, separarse de su pareja o divorciarse.

“Hemos estudiado previamente los beneficios médicos de la cirugía bariátrica pero este nuevo trabajo muestra que otros aspectos también pueden cambiar después de la misma”, ha declarado Per-Arne Svensson.
La literatura científica previa ha constatado que la cirugía bariátrica promueva una mejor calidad de vida y las personas se vuelven más activas socialmente después de ella, lo que podría sugerir que sería más fácil encontrar pareja tras la intervención. En este estudio actual, los investigadores descubrieron que las personas que se sometieron a ella tuvieron  más probabilidades de encontrar una nueva pareja o de casarse en comparación con las personas control no operadas.
El estudio también detalló una asociación entre el grado de pérdida de peso y la posibilidad de encontrar un compañero.
Y no sólo. Se ha podido constatar que las separaciones y los divorcios son ligeramente más comunes después de la cirugía. Las razones subyacentes no están claras pero, en algunos casos, el nuevo estilo de vida adoptado por un individuo después del tratamiento puede llevar a que las parejas se separen.
También es posible que los efectos de la pérdida de peso, como una mayor autoconfianza y autoimagen, puedan empoderar a aquellos que se han sometido a ella y les ‘empuje’ al abandono de las relaciones no saludables.

Los investigadores reconocen, sin embargo, que se necesita más investigación para comprender mejor los factores que contribuyen a este cambio en las relaciones personales. Pero, sobre todo, es importante que los especialistas que atienden a los pacientes obesos sepan que las relaciones personales pueden cambiar tras la cirugía bariátrica, de modo que se brinde información y apoyo relevantes en este sentido, de considerarse necesario.

Hay que recordar que este tratamiento no conduce automáticamente a una relación disfuncional. Estudios previos han demostrado que la mayoría de las relaciones se fortalecen o no se modifican. “Este hecho, también, ha sido respaldado en este nuevo estudio donde se muestra que la mayoría de las personas que se sometieron a la intervención permanecen en la misma relación muchos años después de la cirugía”, ha recordado el autor principal del ensayo.

Este estudio está basado en dos grandes cohortes suecas de cirugía bariátrica: el estudio Swedish Obese Subjects (SOS) y el registro Scandinavian Obesity Surgery.

En el SOS, los investigadores compararon el estado de la relación autoinformada (incluidos los matrimonios y la cohabitación) en aproximadamente 2. 000 individuos que se sometieron a cirugía bariátrica y cerca de otros 2.000 con la patología pero que hicieron de grupo control. En el registro de Cirugía de Obesidad Escandinava se compararon las frecuencias de los matrimonios legales y los divorcios en aproximadamente 29. 000 personas que se sometieron a cirugía bariátrica y se compararon con individuos de control pertenecientes a la población general.

Ante todo, y lo más importante, es que los pacientes sepan que hay soluciones reales y eficaces para su patología y nuestro equipo del Instituto de Obesidad les ofrece la oportunidad de consultar cualquier duda.


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Han sido tres días intensos pero productivos. El XIV Congreso de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), que se reunió en el palacio de congresos La Llotja de Lleida desde el pasado miércoles 14 hasta el viernes, ha vuelto a poner de relevancia que la obesidad en un problema de salud pública que necesita una estrategia multifactorial para combatirla.

Los expertos han coincidido en  que esta batalla no será posible sin una alianza de toda la sociedad, así como han reiterado la importancia de considerar la obesidad una enfermedad crónica, con un gran impacto en la salud y en la forma de vida y con un elevado coste económico. Y no sólo: han puesto el foco en la cantidad de personas obesas que supera ya el 20% de la población en España. Un dato más preocupante es  la velocidad a la que está aumentando la enfermedad.

“La sociedad sigue sin identificar la obesidad como un problema de salud, sino como un problema estético. Por ello es fundamental lograr cambiar esta creencia y tomar consciencia de que es una enfermedad que mata. De ahí que los expertos insistamos tanto en la importancia de considerar la obesidad una enfermedad crónica, cuyas causas son multifactoriales, con un gran impacto en la salud y en la forma de vida y con un elevado coste económico”, afirmó doctor Francisco Tinahones,  presidente de la SEEDO.

La prevención como clave.

El porcentaje de personas con exceso de peso en nuestro país se eleva hasta el 60% si se computan tanto los pacientes obesos como las personas con sobrepeso.

“Atendiendo a estas cifras, la prevención es clave en la lucha contra esta enfermedad ya que debemos tener presente que el problema no es sólo la cantidad, sino la velocidad a la que aumenta el número de personas obesas”, añadió el experto.

Albert Lecube, especialista del servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Vall d’Hebron (Barcelona), resaltó que el factor ambiental es determinante en el desarrollo de la enfermedad. “Si bien es cierto que la obesidad tiene un componente hereditario que es importante, éste no es tan decisivo en su desarrollo como lo es el ambiental. Por este motivo hay que concienciar a la sociedad de adquirir hábitos de vida saludables, que impliquen una correcta alimentación y evitar el sedentarismo”.

 

Las campañas de prevención son una medida para trasmitir este mensaje, de ahí que la SEEDO lidere el proyecto “Prevención de la Obesidad. Aligera Tu Vida” para lograr detener y revertir la obesidad, a través de la implicación de todos los agentes involucrados.

La obesidad cuadriplica el riesgo de diabetes y reduce la esperanza de vida. Por este motivo, desde la institución, se recuerda, además, que la obesidad reduce la supervivencia de un paciente entre 5 y 10 años y es, además, el detonante de otras enfermedades como el caso de la diabetes llegando a cuadriplicar el riesgo de desarrollarla. Incrementa también la mortalidad cardiaca y cerebrovascular, la artrosis y está estrechamente vinculada con once tipos de cáncer.

Asimismo, hay cada vez más pruebas que apuntan que también puede estar relacionada con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

La doctora Ana Belén Crujeiras, investigadora del Grupo de Obesidad, Cáncer y Epigenética en el área de endocrinología del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela y miembro del CIBER de obesidad y nutrición, habló  de la importancia de las adipoquimas en la asociación entre el cáncer y la obesidad y explicó que entre “los factores que determinan la salud, la genética explica un 30% de la variabilidad, mientras que el 70% restante está determinado por factores ambientales como el estilo de vida (dieta, el ejercicio físico, consumo de tóxicos), cuidados de la salud, ambiente sociocultural y físico”.

Desde hace muy pocos años “se está evidenciando que la epigenética puede jugar un papel relevante en la susceptibilidad a la obesidad e, incluso, parece estar implicada en la promoción de enfermedades asociadas a la misma como la diabetes y el cáncer, de acuerdo a resultados de varios estudios realizados por nuestro grupo de investigación. Las marcas epigenéticas que se observan tanto en obesidad y sus enfermedades asociadas puede aportar biomarcadores para predecir la susceptibilidad a padecer la enfermedad y también podrían constituir posibles dianas terapéuticas que nos permitan diseñar estrategias personalizadas mediante la utilización de fármacos epigenéticos o incluso alimentos o compuestos bioactivos contenidos en los alimentos que induzcan una regulación epigenética”, recalcó la experta.

El músculo frente a la obesidad

Felipe Isidro, coordinador del Grupo de Estudio Ejercicio Físico y Obesidad de la SEEDO, abordó la necesidad de la adherencia al ejercicio, la importancia del tejido muscular en la salud metabólica y la eficacia del entrenamiento de fuerza en el paciente con obesidad. “Las personas con obesidad no tienen la misma capacidad de respuesta fisiológica ni de adaptación al mismo estímulo de ejercicio que las personas sin exceso de adiposidad. Se sabe que los afectados padecen una serie de trastornos que repercuten tanto en el tejido adiposo como en el  muscular, con pérdida de masa muscular, de fuerza y de función y se debe considerar por tanto que muestran un tejido muscular enfermo, con muy poca disponibilidad de betaoxidación de ácidos grasos y de utilización de la glucosa”.

Artrosis en obesidad

La artrosis en obesidad fue otro de los temas a tratar durante el Congreso de la mano de la doctora Raquel Largo, del Instituto de Investigación Sanitaria de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, quien recordó que varios estudios clínicos han demostrado que los diferentes componentes del síndrome metabólico, entre los que se incluye la obesidad, pero también la dislipemia, la hipertensión, o la resistencia a insulina, incrementan la incidencia de artrosis, de forma que el acúmulo de estas alteraciones conlleva igualmente un riesgo mayor de tener artrosis, y una progresión más acelerada de la enfermedad.

A todas estas interesantes ponencias y charlas se sumaron otras que relacionaban el cerebro con la enfermedad por ser integrador del metabolismo periférico, recordando que la regulación del peso corporal depende de la interacción del cerebro con los órganos del resto del cuerpo.

Se recordó, también, el llamado efecto “contagio” dado que los estudios de amplias muestras de población demuestran que si una persona sufre obesidad es mucho más probable que las de su entorno más cercano también la sufran. En parte esta agregación podría estar causada simplemente por la agrupación entre personas ya previamente obesas que comparten afinidades, pero otras evidencias científicas indican que también existe un efecto contagio, de convertir a un sujeto normopeso en obeso simplemente por el hecho de estar relacionado estrechamente con una persona obesa.

En definitiva, el Congreso ha sido una gran puesta al día y deja el mensaje claro de la necesidad de seguir una estrategia multifactorial para combatirla, pero sobre todo de la importancia de la alianza en de toda la sociedad para hacerle frente. En este sentido, el Instituto de la Obesidad está totalmente de acuerdo con ambas estrategias y recuerda a los pacientes que estamos abiertos a todas las consultas para facilitar el tránsito de la obesidad al normopeso de la forma más eficaz y segura.


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Los datos acaban de llegar. Y llegan de la mano del Informe “Alimentación, Sociedad y Decisión Alimentaria en la España del siglo XXI” elaborado por Fundación MAPFRE y el Grupo de Investigación en Nutrición y Ciencias de la Alimentación de la Universidad CEU San Pablo de Madrid. El objetivo principal de dicho informe, que ofrece información por distintas zonas geográficas, es conocer el impacto que tienen los estilos de vida en los hábitos de consumo de los españoles, describir dónde se hace la compra de alimentos, qué productos se incluyen más en la cesta, con qué presupuesto mensual cuentan las familias, cuánto tiempo de dedica a comer y a cenar y qué nivel de conocimientos sobre hábitos saludables tienen los españoles.

El Instituto de Obesidad ha tenido acceso a él y cree que puede ser de interés su divulgación. Pues bien, tras llevar a cabo 2.052 encuestas telefónicas por todo el territorio nacional, el informe revela que “la sociedad española mantiene unos hábitos alimentarios estables, tradicionales y compartidos, que realiza al menos tres comidas principales y come mayoritariamente en compañía de la familia. Las mujeres españolas siguen siendo las principales implicadas en todas las actividades relacionadas con la alimentación, a través de la compra y preparación de los alimentos, aunque hay un ligero incremento en el número de hombres que afirman encargarse de estas actividades”.

Entre las opciones de compra “predominan los supermercados y el comercio de proximidad para realizar la compra, pues es importante la valoración de los productos frescos y se realiza un esfuerzo por comprarlos con frecuencia.  En este sentido, pese a que se sigue controlando notablemente el gasto en alimentación, sobre todo a través de la compra de productos de distribución y establecimientos más baratos, parecería haber una incipiente superación de la reciente situación de crisis, reflejada a través de un tímido incremento en el gasto en alimentación, una mayor frecuencia de compra de productos frescos y un mayor tiempo invertido en realizar la compra habitual”.

En general, gustan los alimentos “sanos” y se combinan bien el placer y la salud en las elecciones alimentarias. Los aspectos sociales de la alimentación sí parecen influir en un mejor o peor comportamiento en relación con el control del peso corporal. Por último, se observa una preocupación por la producción sostenible de los alimentos y el reaprovechamiento de los mismos para reducir su desperdicio, así como por la seguridad alimentaria, aspecto este último en el que destaca la confianza de los españoles en cuanto a productos y establecimientos propios, frente a los supermercados y el comercio de proximidad son los establecimientos favoritos para hacer la compra, frente a otros internacionales.

Sin embargo, hay otros datos que nos llaman la atención y creemos que son de interés.  Por ejemplo: “Sólo un 24% de los españoles realiza 5 comidas al día”.

Además, la mayoría de familias desayuna, come y cena en casa, tanto a diario como en fines de semana, principalmente, en compañía de la familia. Entre los menores de 30 años, sin embargo, existe un número creciente y preocupante de personas que comen y cenan viendo la televisión y utilizando las TIC. El estudio destaca, además, “que el peso corporal es mejor entre las personas que realizan cinco comidas al día, desayunan a diario, dedican más tiempo a comer, se responsabilizan de la compra y de la preparación y leen el etiquetado nutricional. También hace hincapié en que las personas con obesidad se preocupan más por el precio de los alimentos y menos por la información nutricional que las que tienen normopeso según el IMC, que relaciona peso y altura”.

Otros apuntes relevantes son que “entre las estrategias de los españoles para reducir el gasto en alimentación destaca el incremento de consumo de marcas de distribución (53,3%) y productos de menor precio (45,8%), así como consumir menos carne y pescado (17,7%) y menos productos frescos (10,6%), saltarse una comida (7,7 %) y acudir a programas de ayuda alimentaria (4,6%)”. No deberíamos reducir los costes de una alimentación sana, ya que es invertir en alimentaciones sinónimo de hacerlo en salud.

Es importante reflexionar sobre estudios como este “que ponen a la población española frente al espejo”. Nos preocupa, desde el El Instituto de Obesidad, que hábitos saludables como hacer cinco comidas al día tan recomendado siga sin cumplirse o que aún hoy el consumo de productos frescos sea tan bajo. Creemos que la labor por la divulgación de una dieta saludable que implica, además, la prevención del sobrepeso y la obesidad debe ser sostenida e, incluso, amplificada.


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Desde el Instituto de Obesidad nos queremos acercar cada día a hábitos sencillos que pueden ayudar a la pérdida de peso. Unos ‘pasos’ que, además, acaban de volver a ser respaldados por la ciencia y publicados este mismo mes en una de las revistas científicas de más prestigio como es el ‘British Medical Journal’.

En su versión on-line, los investigadores Yumi Hurst y Haruhisa Fukuda, del Department of Health Care Administration and Management, Kyushu University Graduate School of Medical Sciences, Fukuoka (Japón) certifican que reducir  la velocidad a la que se come, junto con disminuir el número de bebidas azucaradas, así como no comer dos horas antes de ir acostarse, ayudan a perder peso.

Los científicos defienden que los cambios sencillos en estos hábitos alimenticios guardan una estrecha asociación con un menor peso e Índice de Masa Corporal  (IMC), así como una menor circunferencia de la cintura.

Los hallazgos están basados en los datos de 60,000 personas con diabetes en Japón que se sometieron a chequeos de salud regulares y solicitaron información entre 2008 y 2013.

Los datos acumulados se referían a información sobre las fechas de las consultas y los tratamientos, mientras que los controles médicos incluían medidas de peso (IMC) y circunferencia de la cintura, y los resultados de las pruebas sanguíneas, de orina y de función hepática.

Durante los chequeos, los participantes fueron interrogados sobre su estilo de vida, incluidos sus hábitos alimenticios y de sueño, así como el consumo de alcohol y tabaco.

Se les preguntó específicamente sobre su velocidad de alimentación, que se clasificó como rápida, normal o lenta. Y se les interrogó, además, sobre si hacían alguna de las siguientes medidas tres o más veces a la semana: cenar dos horas antes de irse a dormir; picar después de la cena y saltarse el desayuno.

Masticar despacio

Los resultados muestran que los que comen lentamente tienden a estar más sanos y a tener un estilo de vida más saludable que los que comen rápido o normal. Alrededor de la mitad de la muestra total (poco menos del 52%) cambió su velocidad de consumo en el transcurso de los seis años.

Todos los aspectos de los hábitos alimenticios y de sueño estudiados, así como el consumo de alcohol y la obesidad previa, definida como un IMC de 30 kg / m2, se asociaron significativamente con obesidad.

Después de tener en cuenta los factores potencialmente influyentes en los resultados, los datos mostraron que, en comparación con aquellos que tendían a engullir sus alimentos, los que comían a una velocidad normal tenían un 29% por menos de probabilidades de ser obesos, aumentando al 42% para los que comían lentamente.
Este es un estudio observacional, por lo que no se pueden extraer conclusiones firmes sobre causa y efecto, y la velocidad de la alimentación se basó en una evaluación subjetiva. Los investigadores tampoco evaluaron la ingesta de energía o los niveles de actividad física, que pueden haber sido influyentes.

Sin embargo, comer rápidamente se ha relacionado con la tolerancia a la glucosa y la resistencia a la insulina. Posiblemente, esto se deba a que los comedores rápidos pueden tardar más tiempo en sentirse llenos, mientras que justamente lo contrario en sucede en los que comen lentamente, lo que ayuda a controlar su consumo de calorías, sugieren los investigadores.

Y concluyen: “Los cambios en los hábitos alimenticios pueden afectar la obesidad, al IMC y a la circunferencia de la cintura. Las intervenciones destinadas a reducir la velocidad de la alimentación pueden ser eficaces para prevenir la obesidad y reducir los riesgos de salud asociados”.

El equipo multidisciplinar del Instituto de Obesidad puede asesorar en medidas sencillas como las relatadas aquí que contribuyan a la pérdida de peso de forma saludable. No dudéis en consultarnos.


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Sabemos que la menopausia es un factor de riesgo de exceso de peso. Pero, también, sabemos que existen muchos métodos para controlar el aumento de kilos tras el cambio hormonal previsto ante el envejecimiento. Precisamente, acaba de salir un nuevo estudio que documenta que las mujeres con sobrepeso u obesas después de la menopausia que siguen una dieta paleolítica pueden mantener la pérdida de peso a largo plazo. Y no sólo. Además, los niveles de factores de riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares también disminuyen.

Lo documenta un estudio en la Universidad de Umeá en Suecia llevado a cabo con de 70 mujeres posmenopáusicas con un índice de masa corporal superior a 27 (es decir, con sobrepeso) después de la menopausia. En el estudio, la mitad de ellas llevó a cabo una dieta de acuerdo con las recomendaciones de nutrición nórdica. La llamada Nueva Dieta Nórdica (New Nordic Diet) desarrollada desde 2004, cuando los profesionales de la cocina y los chefs de los cinco países nórdicos se reunieron en Copenhague para definir una nueva cocina regional, que, en contraste con los hábitos alimenticios tradicionales, sería más saludable, equilibrada y sabrosa. Sus análisis demuestran que mejora notablemente los niveles de colesterol, la presión arterial y regula la pérdida de peso de forma equilibrada, rápida y saludable, como demostró un estudio publicado en 2013 en Journal of Internal Medicine.

La nueva investigación muestra que “los resultados son notables. A pesar de dar a las mujeres rienda suelta a una ingesta ilimitada, la pérdida de peso fue estable después de dos años. Un hecho más significativo es que dicha pérdida además mejoró de forma evidente los niveles de grasa “, comentan los autores del estudio.

La pérdida del mismo también contribuyó a la reducción de la inflamación tanto en el tejido graso como en la circulación. Las mujeres que siguieron la dieta paleolítica tuvieron una reducción significativa en la grasa abdominal. “En conclusión, el estudio muestra que la dieta paleolítica con una parte elevada de grasas no saturadas era más sana para este grupo de mujeres, incluso a pesar de que las recomendaciones nórdicas de la nutrición que también tuvieron efectos positivos sobre la salud”, señala el trabajo.

La dieta paleolítica, conocida como dieta del hombre o de las cavernas… es un plan nutricional basado en la supuesta dieta de plantas silvestres y animales salvajes que fueron consumidos por los humanos del período señalado. Se compone principalmente de carne, pescado, frutas, verduras, frutos secos y raíces, así mismo excluye granos, legumbres, productos lácteos, sal, azúcares refinados y aceites procesados.

Las mujeres posmenopáusicas tienen un riesgo creciente de obesidad debido a la reducción de la producción de estrógenos, además de otros factores como la disminución de actividad física.

El estudio muestra, además, mejoría en los niveles grasos sanguíneos, un factor importante ya que puede determinar el desarrollo de diabetes tipo 2 o enfermedades cardiovasculares.

Desde el Instituto de Obesidad creemos que lo más importante para frenar el aumento de peso en mujeres que estén entrando en la menopausia es consultar con especialistas que examinen y evalúen sus hábitos dietéticos para orientarlas de la mejor manera posible y establecer un plan individualizado de dieta. Por este motivo defendemos la oportunidad de que ellas sepan que se pueden evitar los ‘efectos colaterales’ de la menopausia (como el aumento de peso) si consultan con especialistas.


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