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¿Qué dieta es la mejor? La baja en grasas; la alta en carbohidratos o una dieta elevada en grasas o la reducida en hidratos de carbono. O, por el contrario,  ¿es el tipo de grasa lo que realmente importa en una dieta restrictiva?

En un nuevo artículo, publicado en la portada del número especial de la revista ‘Science’ sobre nutrición, investigadores de la Escuela de Salud  Pública Chan de la Harvard T.H y del  Hospital de Niños de Boston han planteado estas cuestiones y han llegado a un consenso y a una futura agenda de investigación sobre estas cuestiones. Un tema interesante para abordar que capta la atención de todos los profesionales que nos dedicamos a la investigación y el tratamiento de los problemas de sobrepeso y obesidad de la población, como es el caso de nuestro equipo de IOB.

Del individuo a la mayoría

Los investigadores acordaron que no hay una proporción específica de grasas o carbohidratos que sea mejor para toda la población. Es decir, que cada dieta debe prescribirse de forma personalizada. También determinan que, sin embargo, la recomendación general de una dieta  baja en azúcar y granos refinados sí ayudaría  a la mayoría de las personas a mantener un peso saludable y un bajo riesgo de enfermedad crónica.

“Este es un modelo de cómo podemos trascender las guerras de la dieta”, ha asegurado el autor principal del artículo, David Ludwig, profesor en el Departamento de Nutrición de la Escuela Harvard Chan y médico en el Hospital de Niños de Boston.

“Nuestro objetivo inicial era reunir un equipo con diferentes áreas de experiencia y puntos de vista opuestos e identificar puntos de acuerdo sin pasar por alto las diferencias”, ha insistido.

La revisión de este análisis se publicó ‘on-line’ el pasado 15 de noviembre  en la prestigiosa revista ‘Science’.

Los autores expusieron la evidencia de tres posiciones contrarias sobre las pautas dietéticas para el consumo de grasas y carbohidratos:

  1. El alto consumo de grasas provoca obesidad, diabetes, enfermedades cardíacas y, posiblemente, cáncer, por lo que las dietas bajas en grasa son óptimas.
  2. Los carbohidratos procesados ​​tienen efectos negativos en el metabolismo; las dietas bajas en carbohidratos o cetogénicas (muy bajas en carbohidratos) con alto contenido de grasas son mejores para la salud.
  3. La cantidad relativa de grasas y carbohidratos en la dieta tiene poca importancia para la salud: Lo importante es el tipo de grasa o fuente de carbohidratos consumida.

Tras el planteamiento de estas cuestiones, los investigadores alcanzaron el acuerdo de que, centrarse en la calidad de la dieta (reemplazar las grasas saturadas o trans con grasas no saturadas y reemplazar los carbohidratos refinados con cereales integrales y verduras sin almidón), la mayoría de las personas pueden mantener una buena salud dentro de una amplia gama de proporciones de grasas a carbohidratos.

Dentro de sus áreas de desacuerdo, los autores identificaron una lista de preguntas que son la base para la nueva agenda de investigación en nutrición. Los puntos incluyen:

  • ¿Las dietas con diferentes proporciones de carbohidratos y grasas afectan la composición corporal (proporción de grasa y tejido magro) independientemente de la ingesta calórica?
  • ¿Las dietas cetogénicas (restricción elevada de hidratos de carbono) proporcionan beneficios metabólicos más allá de los de la restricción moderada de carbohidratos y, especialmente, para la diabetes?
  • ¿Cuáles son las cantidades óptimas de los tipos específicos de grasa (incluida la grasa saturada) en una dieta muy baja en carbohidratos?

Encontrar las respuestas a estas preguntas, según los investigadores, conducirá en última instancia a recomendaciones nutricionales más efectivas y personalizadas para cada individuo.

Desde el Instituto de Obesidad creemos necesario y apoyamos el debate que se plantea por nuestros colegas profesionales para poder alcanzar la mejor excelencia en la atención a los pacientes. Recordamos, además, que Nuestro equipo está disponible para cualquier consulta sobre dietas o tratamientos.


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Es una realidad que se ha venido constatando desde hace tiempo. Una noche de pérdida de sueño tiene un impacto específico del tejido en la regulación de la expresión génica y el metabolismo en los seres humanos. Esto puede explicar cómo el trabajo por turnos y la pérdida crónica del sueño afectan nuestro metabolismo y afectan negativamente la composición de nuestro cuerpo.

En un nuevo estudio, los investigadores de la Universidad de Uppsala ahora demuestran que este hecho es real, lo que puede explicar cómo el trabajo por turnos y la pérdida crónica del sueño afectan nuestro metabolismo y afectan negativamente la composición de nuestro cuerpo. El estudio se publica en la revista científica ‘Science Advances’.

Los estudios epidemiológicos han demostrado que el riesgo de obesidad y diabetes tipo 2 es elevado en aquellos que sufren de pérdida crónica de sueño o que realizan trabajos por turnos. Otros estudios han constatado una asociación entre el sueño interrumpido y el aumento de kilos y que la acumulación de grasa se eleva al mismo tiempo que se reduce la masa muscular, una combinación que en sí misma se ha asociado con numerosas consecuencias adversas para la salud.

Tanto los investigadores de Uppsala como otros equipos de investigación grupos han demostrado en estudios anteriores que las funciones metabólicas (músculo esquelético y el tejido adiposo) se ven afectados negativamente por la interrupción del sueño y los ritmos circadianos. Sin embargo, hasta ahora no se había sabido si la pérdida de sueño ‘per se’ puede causar cambios moleculares a nivel del tejido que pueden conferir un mayor riesgo de aumento de peso adverso.

En el nuevo estudio, los investigadores analizaron a 15 individuos sanos con peso normal. En orden aleatorio, los participantes durmieron una noche normal de sueño (más de ocho horas) durante una sesión, y en cambio se mantuvieron despiertos toda la noche durante la otra sesión. La mañana después de cada intervención nocturna, se tomaron pequeñas muestras de tejido (biopsias) de la grasa subcutánea y el músculo esquelético de los participantes. Estos dos tejidos a menudo exhiben un metabolismo interrumpido en condiciones como la obesidad y la diabetes.

Al mismo tiempo también se tomaron muestras de sangre para permitir una comparación a través de los compartimentos de tejido de una serie de metabolitos. Estos metabolitos comprenden moléculas de azúcar, así como diferentes grasas y aminoácidos.

Las muestras de tejido se utilizaron para múltiples análisis moleculares, que en primer lugar revelaron que la condición de pérdida de sueño dio lugar a un cambio específico del tejido en la metilación del ADN, una forma de mecanismo que regula la expresión génica. La metilación del ADN es una llamada modificación epigenética que interviene en la regulación de la activación o desactivación de los genes de cada célula del cuerpo y se ve afectada tanto por factores hereditarios como ambientales, como por el ejercicio físico.

Primeros hallazgos

“Nuestro grupo de investigación fue el primero en demostrar que la pérdida de sueño aguda en sí misma produce cambios epigenéticos en los llamados genes del reloj que regulan dentro de cada tejido su ritmo circadiano. Nuestros nuevos hallazgos indican que la pérdida de sueño causa cambios específicos en el tejido, el grado de metilación del ADN en los genes diseminados por todo el genoma humano. Nuestro análisis paralelo de tejido muscular y adiposo nos permitió revelar que la metilación del ADN no está regulada de manera similar en estos tejidos en respuesta a la pérdida aguda de sueño “, dice Jonathan Cedernaes, quien dirigió el estudio.

“Es interesante que vimos cambios en la metilación del ADN solo en el tejido adiposo, y específicamente en genes que también se ha demostrado que están alterados en el nivel de metilación del ADN en condiciones metabólicas como la obesidad y la diabetes tipo 2. Se piensa que las modificaciones epigenéticas son capaces de conferir una especie de ’memoria’ metabólica que puede regular cómo funcionan los programas metabólicos durante períodos de tiempo más largos. Por lo tanto, creemos que los cambios que hemos observado en nuestro nuevo estudio pueden constituir otra pieza del rompecabezas de cómo la interrupción crónica del sueño y la circulación circadiana. Los ritmos pueden afectar el riesgo de desarrollar, por ejemplo, la obesidad “, recuerda el especialista.

Análisis adicionales de, por ejemplo, la expresión de genes y proteínas demostraron que la respuesta como resultado de la vigilia difería entre el músculo esquelético y el tejido adiposo. Los investigadores dicen que el período de vigilia simula el período de vigilia durante la noche de muchos trabajadores por turnos asignados a trabajo nocturno.

Desde el Instituto de Obesidad recordamos que son todos los hábitos de vida saludable los que contribuyen a la salud y el mantenimiento del peso como se demuestra también en este estudio. Por otro lado es importante dejarse asesorar sobre cómo seguir una dieta saludable y empezar a realizar ejercicio físico. Nuestro equipo está disponible para cualquier consulta.


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La lucha de la ciencia por frenar la obesidad infantil sigue dando frutos. Ahora un nuevo estudio acaba de constatar que los suplementos de vitamina D pueden promover la pérdida de peso y reducir los factores de riesgo de futuras enfermedades cardíacas y metabólicas en niños con sobrepeso y obesos. Los datos acaban de ser presentados en la 57ª Reunión anual de la Sociedad Europea de Endocrinología Pediátrica. Estos hallazgos indican que la simple suplementación con vitamina D puede ser parte de una estrategia eficaz para abordar la obesidad infantil y reducir el riesgo de problemas de salud graves en la edad adulta.

La obesidad en la infancia y la adolescencia representa un importante problema de salud en todo el mundo, lo que lleva al desarrollo de complicaciones costosas, graves y debilitantes, como enfermedades cardíacas y diabetes, en la vida posterior. Aunque la deficiencia de vitamina D se asocia típicamente con la salud ósea, en los últimos años se ha relacionado cada vez más con el aumento de la acumulación de grasa corporal y la obesidad, y la naturaleza precisa de esta relación actualmente está siendo investigada por los investigadores. Sin embargo, aún no se había investigado el efecto de la suplementación con vitamina D sobre el peso y la salud de los niños y adolescentes obesos.

En este estudio, el Dr. Christos Giannios, la profesora Evangelia Charmandari y sus colegas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Atenas y el Hospital de Niños ‘Aghia Sophia’ evaluaron a 232 niños y adolescentes obesos durante 12 meses, con 117 asignados al azar para recibir vitamina D, de acuerdo con las directrices de la Endocrine Society sobre el tratamiento y la prevención de su deficiencia. Los niveles de vitamina D, grasa corporal y marcadores sanguíneos de la función hepática y la salud del corazón se evaluaron al inicio del estudio y 12 meses después. El estudio informó que los niños que recibieron suplementos de vitamina D tenían un índice de masa corporal, grasa corporal y niveles de colesterol significativamente mejorados más después de un año de suplementación.

“Estos hallazgos sugieren que la simple suplementación con vitamina D puede reducir el riesgo de que los menores con sobrepeso u obesidad desarrollen complicaciones cardíacas y metabólicas graves en su vida posterior”, ha asegurado la profesora Charmandari.

El equipo ahora planea investigar los efectos de la suplementación con vitamina D en la salud de los niños y adolescentes obesos que ya tienen afecciones poco saludables, como presión arterial alta, glucosa en sangre alta y colesterol alto, todo lo cual aumenta el riesgo de enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular y diabetes.

“Aunque estos hallazgos iniciales indican que la vitamina D podría usarse en el tratamiento de la obesidad, sigue habiendo una falta de evidencia sobre la seguridad y los efectos a largo plazo de la suplementación, especialmente si no hay deficiencia de vitamina D. Sin embargo, si su hijo tiene sobrepeso o es obeso, le recomiendo que consulte a su médico de cabecera para que lo asesore y considere que se analicen sus niveles de vitamina D”, han insistido los investigadores.

Desde el Instituto de Obesidad invitamos a los padres con hijos con sobrepeso u obesidad nos consulten sobre los mejores tratamientos individualizados y personalidad que tenemos para poder solventar el problema de sus hijos. Estaremos, asimismo, pendientes de todos los nuevos hallazgos que vayan surgiendo en el campo de la obesidad.


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Hoy, en este post de IOB os queremos acercar a algunos de los productos mediterráneos más saludables para la dieta. Hemos elegido la alcachofa.

Los motivos los proporciona de forma clara un estudio publicado en ‘Plants food and Human Nutrition’.

Tal y como reconocen sus autores: Cynara scolymus, la alcachoferaalcachofa o alcaucil, “es uno de los pocos remedios a base de hierbas que los ensayos clínicos y experimentales se han complementado entre sí. Los efectos experimentales y clínicos se han verificado a través de una extensa investigación biomédica de remedios herbales. Específicamente, se han demostrado efectos antioxidantes, coleréticos, hepatoprotectores, mejoradores de la bilis y hipolipemiantes, que se corresponden con su uso histórico. La investigación en curso parece indicar que la alcachofa tiene cualidades medicinales. Lo más significativo parece ser su efecto beneficioso sobre el hígado”

En estudios con animales, “los extractos líquidos de las raíces y las hojas de la alcachofa han demostrado una capacidad para proteger el hígado, posiblemente incluso para ayudar a que sus células se regeneren. Aunque la investigación aún no es concluyente, los científicos se mostraron optimistas y defienden su uso en humanos para problemas digestivos e intestinales. También puede desempeñar un papel en la reducción del colesterol y, por lo tanto, ayudar a prevenir enfermedades del corazón. La alcachofa silvestre hervida redujo las respuestas glucémicas e insulinémicas posprandiales en sujetos normales, pero no tiene efecto en pacientes con síndrome metabólico”, insisten los autores en el ensayo.

En la última década se ha hecho cada vez más evidente que la alcachofa tiene numerosos beneficios para la salud, incluida su capacidad para ayudar al sistema digestivo.

La planta de alcachofa en su conjunto se usó como alimento y como remedio medicinal desde el año 400 antes de Cristo. Los griegos, romanos y egipcios la consumían por su valor nutritivo. La aristocracia del Imperio Romano la usó como un manjar, un aperitivo y como una ayuda digestiva; sin embargo, el vegetal pareció caer en el olvido hasta la 1500 cuando se registró el uso medicinal de la alcachofa para ayudar a tratar la ictericia y los problemas hepáticos.

En 1850, un médico francés utilizó con éxito un extracto derivado de las hojas de alcachofa para tratar la ictericia que no estaba mejorando con los medicamentos utilizados durante esos tiempos. Esto llevó a un aumento en el número de estudios realizados y hoy en día la alcachofa es una de las pocas hierbas para las cuales tenemos un conocimiento exhaustivo de sus componentes y mecanismos de acción dentro del cuerpo.

El extracto de alcachofa está hecho de las hojas de la planta porque se ha encontrado que contienen la mayor concentración de sus componentes activos. Las hojas de alcachofa contienen una gran cantidad de compuestos que incluyen flavonoides y polifenoles, incluyendo cinarina y ácido clorgénico. Aunque los científicos inicialmente creyeron que la cinarina era el compuesto importante, hoy sabemos que en realidad es la mezcla completa de sus compuestos lo que parece desempeñar un papel en los múltiples beneficios del extracto de alcachofa.

Por todo ello, la alcachofa es beneficiosa por ser:

  • Tiene propiedades depurativas y efecto diurético por tanto ayuda en la pérdida de peso y evita la retención de líquidos.
  • Es una excelente fuente de calcio y fósforo aunque también contiene potasio, hierro, magnesio y zinc. Entre las vitaminas destacan  la vitamina B1 además de pequeñas cantidades de vitaminas C, B3, B5 y B6.
  • Anti-grasas.Favorece la digestión de las grasas y la eliminación de toxinas de nuestro cuerpo.
  • Buena para el hígado.Entre las propiedades terapeúticas de la alcachofa destaca su capacidad de regular la formación y salida de bilis. Ejerce acción reguladora sobre el riñón ya que favorece la eliminación de agua y sustancias de deshecho. Está indicada para  enfermedades funcionales y orgánicas de hígado, vesícula biliar y vías biliares, así como para los trastornos de los órganos digestivos que de ellas deriven. Es muy útil, en los casos de enfermedad hepática, como la cirrosis y la hepatitis.
  • Al ser rica en fibra proporciona saciedad, favorece el tránsito intestinal y previene el estreñimiento.
  • Reduce el colesterol y los triglicéridos. Este efecto se debe a la presencia de cinarina en la alcachofa, una sustancia que actúa evitando la síntesis de endógena de colesterol y lípidos al mismo tiempo, que aumenta la excreción biliar de colesterol y su transformación en ácidos biliares.

Desde el IOB deseamos que esta información sea útil para los pacientes y recordamos que nuestro equipo proporciona asesoramiento dietético y nutricional a cualquier persona que lo desee.


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El día 28 de septiembre en Dubai tendrá lugar el ‘Elipse Device Symposium’ bajo el lema ‘The Future of Weight Management’, dentro del prestigioso congreso internacional IFSO. A lo largo de dos horas el doctor Adelardo Caballero, director del Instituto de Obesidad, junto con el Dr. Salman Al Sabah , del Royale Hayat Hospital moderarán el encuentro en el que se impartirán cinco conferencias.

  • ‘The Obesity Epidemic’: The Middle East compared to Europe, por el doctor Faruq M. Badiuddin.
  • ‘The Elipse Ballon: How it Compares to other Ballons and the Literature Supporting it’ del doctor Jaime Ponce.
  • Italian Multi-Center Elipse Experience:Weight Loss and Improved Metabolic Parameters, por el doctor Alfredo Genco.
  • The Nuts and Bolts of Establishing a Successful Elipse Practice, del dr. Roman Turro.
  • Nutritional Management and Digital Follow-Up with Elipse, por el dr. Roberto Lenca.

A lo largo de esta jornada se expondrán las novedades entorno al balón elipse, un nuevo balón intragástrico disponible en pocos centros médicos. De hecho, el Instituto de Obesidad fue el primero de la capital en ponerlo a disposición de sus pacientes.

Desde su introducción en nuestro centro hace más de un año, hemos colocado más de 300 balones elipse y sin complicaciones en ninguno de los casos.

 

Se trata del primer dispositivo del mundo en forma de cápsula lo suficientemente pequeña como para poder ser ingerida por boca.  Su principal ventaja es que no se requiere, endoscopia, ni anestesia, ni quirófano, lo cual reduce los riesgos y resulta más cómodo para los pacientes.

El balón se encuentra asociado a un tubo, una vez en el estómago, puede llenarse a través del mismo con hasta 500 ml. de líquido, tras lo cual es retirado. Una vez cumplida su función terapéutica, el balón se vacía automáticamente mediante una válvula de operación autónoma y luego es expulsado del organismo a través del intestino.

Otra de sus enormes ventajas es que no requiere de endoscopia tampoco para su retirada, como sucede con los balones intragástricos tradicionales. El dispositivo está diseñado para auto-vaciarse y pasar con seguridad a través del tracto gastrointestinal. Se vacía automáticamente y se excreta de forma natural.

El paciente, al que se le proporciona también una báscula conectada las 24 horas con el centro médico para controlar el peso, en su primer día solo podrá ingerir líquidos, a partir del segundo día podrá tomar alimentos blandos y poco a poco se ira añadiendo una dieta normal.  El balón no funciona por si solo. Causa una sensación de saciedad y se deberán de reducir la cantidad de calorías ingeridas. Es importante llevar un control en las comidas para que el balón sea efectivo.

Asimismo, se acompaña de una potente medicación que evita las molestias y los vómitos los días siguientes a la implantación.

Este revolucionario tratamiento ha sido sometido a estudios clínicos en personas con un índice de masa corporal (IMC) de 27-40. Los hallazgos indican una pérdida de peso promedio de 10 kilogramos. Los participantes también experimentaron mejorías en los niveles de triglicéridos y hemoglobina HbA1c (prueba sanguínea de diabetes tipo 2) y una reducción de ocho centímetros en la circunferencia de la cintura.

La literatura científica se sigue acumulando respecto al balón elipse, demostrando su superioridad frente a otros balones y su seguridad y eficacia.

 


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Día sí día también surgen nuevas investigaciones que muestran la necesidad imperiosa de atajar la obesidad, una pandemia a nivel mundial. La última en llegar viene de la mano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia (EEUU) que explica en un estudio por qué la obesidad causa inflamación dañina que puede conducir a la diabetes, a la obstrucción arterial y a otras patologías.

“Todas estas enfermedades tienen un denominador común. Puede ser que hayamos identificado lo que inicia la cascada completa de inflamación y cambios metabólicos”, han señalado los autores.

Efectos de la Obesidad

Los investigadores, por primera vez, pudieron explicar por qué las células inmunitarias residentes en el tejido adiposo (células inmunes que se cree que son beneficiosas) se vuelven dañinas durante la obesidad y causan inflamación no deseada e insalubre. En trabajos previos, como el estudios llevado a cabo por científicos españoles y publicado en ‘Nutrición hospitalaria’ se reconoce: “El tejido adiposo es un tejido endocrino complejo metabólicamente muy activo entre cuyas funciones destacan: I) el mantenimiento del balance energético; II) la termorregulación; III) el metabolismo de lípidos y glucosa; IV) la modulación de la función hormonal y reproductiva, V) la regulación de la presión arterial y VI) de la coagulación sanguínea. Además, éste desempeña un papel fundamental sobre las cascadas inflamatorias, procoagulantes, antifibrinoliticas y vasoactivas, lo que sugiere una influencia directa sobre el proceso inflamatorio.  Concretamente, en condiciones de obesidad se ha demostrado que en aproximadamente un 70-80% de los individuos se produce un remodelado del tejido adiposo (“adipose tissue remodeling”) tanto a nivel estructural como funcional que provoca una reacción inflamatoria. Cuando la resolución de la inflamación aguda no se resuelve correctamente se desencadena un estado inflamatorio crónico de bajo grado a nivel local con repercusiones sistémicas conocida como lipoinflamación (“metabolic-trigged inflammation”, “metainflammation”, o “adipose tissue inflammation”)”.

Se insiste en el trabajo en que “el resto de individuos que no presentan evidencia de signos de lipoinflamación son denominados con el término “obesos metabólicamente sanos”, para referirse a que no presentan ninguna de las alteraciones metabólicas típicas de los individuos obesos aunque el riesgo de morbi-mortalidad en relación con la diabetes mellitus tipo 2 y la enfermedad cardiovascular es el mismo que en el resto de obesos”, añade la investigación.

Ahora, en el nuevo estudio, el equipo de investigación, dirigido por Norbert Leitinger, ha descubierto que los dañinos “radicales libres” producidos dentro de nuestros cuerpos reaccionan con sustancias conocidas como lípidos dentro del tejido adiposo. Este ataque a los lípidos los impulsa a causar inflamación, una respuesta inmune natural.

“Los radicales libres son tan reactivos que quieren engancharse a algo”, Los lípidos son un buen sumidero para que estos radicales se combinen”, recuerdan.

Este proceso da como resultado la llamada “oxidación de lípidos”. Al principio, los científicos esperaban que los lípidos oxidados demostraran ser dañinos, pero no fue tan simple. Algunos de los lípidos oxidados estaban causando inflamación dañina, reprogramando las células inmunes para volverse hiperactivos, pero otros de ellos estaban presentes en el tejido sano.

“Cuando comparamos el tejido sano y el obeso, lo que parece cambiar es la proporción de lípidos oxidados de longitud completa y truncados. Nuestros estudios muestran que los lípidos oxidados de longitud total o más largos son bastante inflamatorios. Promueven la inflamación dentro de estas células inmunitarias, y creemos que instiga y perpetúa el proceso de la enfermedad dentro del tejido [graso] durante la obesidad”.

Un medicamento para combatir la inflamación de la obesidad

Ahora que los científicos saben qué lípidos oxidados están causando problemas y cómo pueden tratar de bloquearlos para prevenir la inflamación. Es posible que puedan desarrollar un medicamento, por ejemplo, que reduzca la cantidad de lípidos oxidados de longitud completa dañinos.

Otra alternativa es que los médicos puedan promover la cantidad de fosfolípidos más benéficos y más cortos. “La inflamación es importante para las defensas de tu cuerpo, por lo que no quieres eliminarla por completo. Es una cuestión de encontrar el equilibrio correcto”.

Al restaurar ese equilibrio, los médicos pueden lograr avances significativos contra las enfermedades crónicas que ahora afectan a millones de personas. Y otro de los hallazgos que señalan los autores que el “metabolismo de las células inmunes es un objetivo claro de investigación. Lo es tanto para enfermedades como el cáncer, pero ahora también para la obesidad y la ateroesclerosis que empiezan a centrar el interés científico”.

Desde el Instituto de Obesidad defendemos la necesidad de dar a conocer todos estos hallazgos para motivar a los pacientes obesos a recuperar su salud, máxime cuando disponemos de una amplia gama de tratamientos seguros y cada vez más eficaces.

 

 


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Cualquier estudio que aporte pistas sobre cómo evitar la obesidad en la población infanto-juvenil es una gran noticia si tenemos en cuenta los datos tan alarmantes sobre esta enfermedad en nuestro país.

Por este motivo, Instituto de Obesidad quiere acercar hoy los datos de un reciente estudio publicado en el ‘British Medical Journal’.

Al parecer, los niños y adolescentes cuyas madres siguen cinco hábitos saludables: llevar una dieta saludable, hacer ejercicio con regularidad, mantener un peso corporal saludable, beber alcohol con moderación y no fumar, tienen un 75% menos de probabilidades de ser obesos que los hijos de madres que no siguió ninguno de esos hábitos, según el trabajo llevado a cabo por la Escuela de Salud Pública de la Harvard TH Chan.

El trabajo, llevado a cabo con los datos de 24,289 niños de entre nueve y 18 años inscritos en el estudio Growing Up Today que nacieron de 16,945 mujeres pertenecientes al famoso estudio Nurses ‘Health Study II, constató además que cuando tanto la madre como el niño se adhirieron a estos hábitos, el riesgo de obesidad fue un 82% menor en comparación con las progenitoras y descendientes que no lo hicieron.

“Nuestro estudio ha sido el primero en demostrar que un estilo de vida saludable en general supera a cualquier factor de estilo de vida saludable individual seguido por las madres cuando se trata de reducir el riesgo de obesidad en sus hijos”, dijo Qi Sun, profesor asociado en el Departamento de Nutrición y autor del estudio.

Los investigadores encontraron que 1,282 de los menores (el 5,3%), desarrollaron obesidad durante un período medio de seguimiento de cinco años. La obesidad materna, el tabaquismo y la inactividad física se asociaron fuertemente con la obesidad en niños y adolescentes.

Si bien la mayor caída en el riesgo de obesidad se observó cuando las madres y los niños siguieron hábitos de vida saludables, muchos de los mismos tuvieron un impacto notable en el riesgo de obesidad infantil cuando se evaluaron individualmente.  Los hijos de mujeres que mantuvieron un peso corporal saludable (índice de masa corporal 18.5-24.9) tuvieron un riesgo 56% menor de obesidad en comparación con los hijos de mujeres que no mantuvieron un peso saludable, mientras que los hijos de madres no fumadoras tuvieron un 31% menor riesgo de obesidad en comparación con los hijos de madres adictas al tabaco.

Los expertos del Instituto de Obesidad queremos recordar la necesidad de poner freno a la obesidad desde los primeros años de vida, por ese motivo invitamos a los padres que tengan hijos con sobrepeso u obesidad a que nos consulten.


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Son imprescindibles en la dieta. Sanas, nutritivas, las legumbres no deben faltar en la mesa y existen multitud de recetas para disfrutar de ellas en verano, como la gran variedad de ensaladas que pueden prepararse usándolas como ingrediente principal.

Uno de sus mayores ‘atractivos’ es que no engordan pese a la falsa creencia popular. Sus beneficios nutricionales se basan en su aporte de hidratos de carbono, proteínas, fibra, hierro, vitaminas del grupo B y, casi nada de grasa, dado que no supera el 4% de su composición.

El Instituto de Obesidad es un acérrimo defensor de la dieta mediterránea y ella forma parte de nuestros planes de dieta y técnicas de apoyo. Además, las legumbres son la base para aprender a comer bien, como hemos contado en este espacio anteriormente.

Lentejas, garbanzos, guisantes, habas… todas ellas tienen claros beneficios para la salud y forman parte imprescindible de la dieta de los deportistas.

Entre sus ventajas destacan:

  • Son el grupo de alimentos vegetales con mayor cantidad de proteína.
  • Proporcionan energía.
  • Su alto importante contenido en fibra ayuda a regular los niveles de colesterol y azúcar en sangre. También favorece el funcionamiento intestinal.
  • Son económicas.
  • Aportan potasio, calcio, fósforo, yodo y vitaminas del complejo B.
  • Son imprescindibles en la dieta de las mujeres embarazadas para prevenir defectos congénitos, dado su alto contenido en ácido fólico.
  • Fundamentales en las personas vegetarianas ya que son grandes reemplazadoras de la carne.
  • Ayudan a controlar el peso dado su bajo contenido en grasa.
  • Contribuyen a controlar la presión arterial.
  • Aumentan los niveles de hierro en el organismo.
  • Permiten controlar el estreñimiento.
  • Favorecen la salud cardiovascular.

 


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Sabroso, apetecible… es un alimento indispensable en la dieta que ‘casa’ muy bien con las ensaladas que tanto deberíamos degustar este verano. Se trata de una fruta muy conocida y cuyo consumo se ha extendido en los últimos años y cuyo origen reside en México, Guatemala, El Salvador y Perú. España está, incluso, entre los 15 primeros países productores de este fruto.

Una de las razones por las que ha aterrizado tarde en la dieta mediterránea es por su alto contenido en grasas, aunque la realidad es que es rico en grasas vegetales (monoinsaturadas, como el ácido oleico y también contiene un nivel elevado de ácidos Omega 3). En cambio, posee un bajo contenido de carbohidratos y casi insignificante en proteínas. Y contiene alrededor de un 2,5% de fibra. Es rico en potasio y altas dosis de vitaminas del grupo B, de vitamina D y de la superantioxidante E.

En los últimos años han proliferado los estudios que respaldan sus beneficios. Y se sabe ahora que es bueno para:

Corazón. La propia Asociación Americana del Corazón llevó a cabo un estudio que constató que las personas que siguieron una dieta moderada en grasa y que consumieron un aguacate todos los días tenían el colesterol LDL menor que aquellos que tenían una dieta similar sin un aguacate al día o en una dieta baja en grasa. El estudio se realizó con 45 pacientes sanos, con sobrepeso u obesidad que tenían entre 21 y 70 años. De hecho varios trabajos han demostrado que el consumo regular de beta-sitosterol y otros esteroles vegetales ayudan a mantener un nivel saludable de colesterol.

Cerebro. Investigadores de la Universidad de Tufts (Estados Unidos) aseguran que el consumo diario de aguacate fresco puede mejorar la función cognitiva en personas mayores tras observar un aumento en los niveles de luteína en los ojos, según datos de un pequeño estudio publicado en la revista ‘Nutrients’.

El estudio se llevó a cabo con 40 adultos sanos mayores de 50 años que durante seis meses comieron un aguacate fresco al día y, tras este periodo, observaron un aumento del 25% en los niveles de luteína en sus ojos y mejoraron significativamente la memoria de trabajo y sus habilidades para resolver problemas.

La luteína es un pigmento de la familia de los carotenoides que suele estar presente en frutas y verduras y se acumula en la sangre, los ojos y el cerebro, actuando como agente antiinflamatorio y antioxidante. Cada aguacate tiene unos 369 microgramos de luteína.

Vista. Los ácidos grasos Omega 3 ayudan a prevenir patologías oculares relacionadas con la retina como la degeneración macular o el ojo seco de ahí que el aguacate sea el mejor aliado de nuestros ojos.

Embarazo. Su alto contenido en ácido fólico es fundamenta para la salud del bebé durante la gestación.

Ayuda a perder peso. Dentro de las grasas monoinsaturadas de los aguacates encontramos el ácido oleico, necesario para que el hambre tarde más en aparecer. Además, tiene fibra que ayuda a conseguir un estómago plano.

Osteoporosis. Los estudios  demuestran que la vitamina D es esencial para mantener los huesos fuertes y evitar la osteoporosis de ahí que se recomiende el consumo de verduras de hoja verde oscura, espinacas y el brócoli, de coles de bruselas, perejil o lechuga pero, también, de kiwis y aguacate.

Desde el Instituto de Obesidad recomendamos el consumo de aguacate y un buen momento para empezar puede ser en estos días estivales. Asimismo recordamos que cualquier necesidad de consejo dietético, el equipo del IOB estará encantado de resolverlo.


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A los problemas de salud propios del sobrepeso y la obesidad se suman además otras enfermedades cuyo riesgo se dispara en estos pacientes como la diabetes, la enfermedad cardiovascular, la incontinencia urinaria, la artrosis y, al parecer, también la dependencia del tabaco.

De hecho, un  nuevo estudio realizado por expertos de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) y la Universidad de Bristol (Reino Unido) afirma que el aumento de peso y la obesidad pueden provocar un aumento del hábito tabáquico.

El trabajo, publicado en el último ‘British Medical Journal’, subraya que el aumento del índice de masa corporal (IMC), el porcentaje de grasa corporal y la circunferencia de la cintura se asociaron con más riesgo de ser fumador y con un mayor consumo de cigarrillos al día. Estos resultados fueron consistentes tanto en hombres como en mujeres.

“La prevención del tabaquismo es clave para reducir la carga mundial del cáncer y otras enfermedades crónicas, como las enfermedades cardiovasculares y la diabetes”, ha apuntado Christopher Wild, director del IARC.

A diferencia de los estudios previos, esta investigación se basó en marcadores genéticos de la obesidad utilizando datos del Biobanco del Reino Unido, que cuenta con información genética de  500. 000 hombres y mujeres de entre 40 y 96 años recopilados entre 2006 y 2010, sobre datos antropométricos, de salud y de estilo de vida, así como muestras biológicas. De los 487. 409 individuos que fueron genotipificados en el Biobanco, se utilizaron datos de 372. 791 europeos.

“Este artículo permite comprender mejor la compleja relación entre obesidad y el hábito tabáquico, como el inicio y la intensidad del mismo, así como el impacto de la obesidad en su abandono”, explica Paul Brennan, uno de los autores del artículo.

El experto del IARC añade que el vínculo entre IMC y exposición al tabaco “puede originarse en una base biológica común para otras conductas adictivas, como la adicción a la nicotina y una mayor ingesta calórica”.

Este nuevo análisis de variantes genéticas relacionadas con la masa corporal destaca la compleja relación entre la obesidad y el tabaquismo. Se sabe que estudios observacionales previos muestran consistentemente una asociación inversa entre tabaquismo y peso corporal, es decir, los fumadores tienen un peso corporal más bajo en promedio que los no fumadores, posiblemente debido a un apetito reducido.

Sin embargo, paradójicamente, las personas tienden a aumentar de peso después de dejar de fumar, consecuencia quizá de una mayor ingesta calórica debido a la sustitución del hábito de fumar por la ingesta de alimentos.

“Estos nuevos resultados apoyan los beneficios potenciales de abordar conjuntamente estos factores de riesgo con medidas de salud pública que combinen control del peso y lestrategias de control del tabaco”,  han aclarado los autores.

El índice de masa corporal y la distribución de la grasa corporal influyen en los diferentes aspectos del comportamiento relacionado con el tabaquismo, incluido el riesgo de que las personas adquieran el hábito de fumar, su intensidad o el abandono de la dependencia. Estos resultados destacan el papel de la obesidad para influir en el inicio y el abandono del hábito de fumar, lo que podría tener implicaciones para las intervenciones de salud públicas destinadas a reducir la prevalencia de estos importantes factores de riesgo.

Desde el Instituto de Obesidad, asimismo, y a raíz de los datos expuestos en este estudio queremos también hacer hicanpié en los fumadores y fumadoras que no dejan el hábito por miedo a coger peso, un hecho que preocupa especialmente al sexo femenino fumador. Por este motivo, creemos que es importante apoyar a los pacientes que saben que ponen en riesgo su salud por su adicción al cigarrillo, pero que pueden dejarlo sin que repercuta en su peso, si se asesoran con profesionales que les ayuden a planificar su dieta y programen su ejercicio físico. A todos ellos, recordamos que estamos para cualquier consulta.

En estudio: https://www.bmj.com/content/361/bmj.k1767

en incontinencia urinaria https://institutodeobesidad.com/2018/05/14/incontinencia-urinaria-culpa-la-obesidad/

En diabetes https://institutodeobesidad.com/2017/06/28/grasa-abdominal-diabetes-enfermedad-coronaria/

En enfermedad cardiaca https://institutodeobesidad.com/2017/11/07/envejecer-obesidad-eleva-riesgo-insuficiencia-cardiaca/

En artrosis https://institutodeobesidad.com/2018/01/18/sabes-afecta-la-obesidad-la-salud-tus-huesos/

En IRAC https://www.iarc.fr/


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