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Llevamos tiempo desde este espacio en la red, desde nuestro blog, hablando de los beneficios de la Dieta Mediterránea. Como Instituto de Obesidad somos un claro defensor de ella y cada día más estudios la avalan. Ahora, ni más ni menos que la revista ‘The Journal of Gerontology. Series A: Biological Sciences and Medical Science’ (revista de la Sociedad Americana de Gereontología) publica una serie de seis artículos (entre los que se encuentra uno español) que encuentran nuevas correlaciones entre una dieta mediterránea y resultados de envejecimiento saludables, al tiempo que subraya la necesidad de establecer nuevos enfoques para medir los beneficios potenciales de este tipo de dieta.

Entre sus hallazgos, los nuevos artículos informan sobre los mecanismos subyacentes de la misma; la relación positiva entre la dieta y la función física y cognitiva; el valor de tomar un suplemento de coenzima Q10 mientras el paciente se adhiere a este tipo de alimentación y el papel de la dieta en la reducción de la inflamación.  Pero en varios de los estudios, el nivel de beneficio dependía de cómo se midió la adherencia a la dieta por parte de los participantes.

“Una mayor claridad sobre cómo se define esta dieta, tanto en las intervenciones como en los estudios observacionales, será fundamental para alcanzar un consenso sobre cómo aplicar de manera óptima este patrón dietético para maximizar el envejecimiento saludable”, han afirmado Michelle A. Méndez y Anne B. Newman, jefes de redacción de la revista en un editorial que acompaña a los estudios.

 

El perfil de la dieta mediterránea

Sus ‘sellos’ distintivos incluyen una variedad de granos integrales mínimamente procesados ​​y legumbres como alimento básico; una gran diversidad de vegetales frescos consumidos diariamente; frutas frescas como el postre diario típico; aceite de oliva virgen extra prensado en frío; nueces y semillas, como principal fuente de grasa; consumo de pescado y de productos lácteos en pequeñas cantidades. Asimismo, postula por ingerir con muy poca frecuencia carne roja y procesada, así como añadir pequeñas cantidades de vino solo con las comidas.

Hay varias escalas utilizadas para medir el cumplimiento de la dieta. Uno de los estudios de la revista, realizado por investigadores de la Universidad de París XIII, encontró que entre los participantes con una mayor puntuación en adhesión (basada en la escala Validation of a literatura-based adherente score to Mediterranean diet: the MEDI-LITE store)

tuvieron mayores probabilidades de cumplir con ciertos criterios de envejecimiento saludable. En otro estudio, realizado por investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid, un cumplimiento más estricto de la dieta se asoció con una menor probabilidad de deterioro de la función física en adultos mayores, aunque en este caso el uso de ‘Mediterranean Diet Scale’ arrojó resultados más significativos a favor de sus seguidores más fieles.

El mecanismo exacto por el cual una mayor adherencia a la dieta ejerce sus efectos favorables sigue siendo desconocido para los científicos. Sin embargo, investigadores de la Universidad de Washington en el estado de St. Louis en otro de los trabajos reconocen que hay evidencias de sus ventajas en cuatro patrones dietéticos: reducción de lípidos, protección contra el estrés oxidativo y la inflamación, modificación de factores de crecimiento que pueden promover el cáncer, inhibición de las vías de detección de nutrientes mediante la restricción de aminoácidos y la producción de metabolitos mediada por la microbiota intestinal.

En definitiva, estos últimos trabajos vuelven a apuntar la necesidad de seguir la dieta mediterránea no sólo como herramienta diaria contra la diabetes, la obesidad, las enfermedades cardiovasculares, entre otras sino, también, por su potencial para envejecer de forma saludable. El equipo del Instituto de Obesidad aclarará todas las dudas sobre qué alimentos se deben seguir y cuáles no para adherirse a esta forma de alimentación que cada día demuestra su valor en el cuidado de la salud.


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No es la primera vez que desde el Instituto de Obesidad hablamos de las ventajas de la cirugía bariátrica como tratamiento para la obesidad. Ahora, en esta ocasión, los datos llegan de la mano del último ‘JAMA Surgery’.

Al parecer, los beneficios médicos de la cirugía bariátrica van más allá de la mejora del estado de salud. Según un nuevo estudio, esta cirugía proporciona ventajas en otros aspectos más personales de la vida de los pacientes.

Investigadores suecos, dirigidos por  Per-Arne Svensson, de la Academia Sahlgrenska, acaban de constatar que los pacientes que se sometieron a cirugía bariátrica tienen una mayor probabilidad de casarse, separarse de su pareja o divorciarse.

“Hemos estudiado previamente los beneficios médicos de la cirugía bariátrica pero este nuevo trabajo muestra que otros aspectos también pueden cambiar después de la misma”, ha declarado Per-Arne Svensson.
La literatura científica previa ha constatado que la cirugía bariátrica promueva una mejor calidad de vida y las personas se vuelven más activas socialmente después de ella, lo que podría sugerir que sería más fácil encontrar pareja tras la intervención. En este estudio actual, los investigadores descubrieron que las personas que se sometieron a ella tuvieron  más probabilidades de encontrar una nueva pareja o de casarse en comparación con las personas control no operadas.
El estudio también detalló una asociación entre el grado de pérdida de peso y la posibilidad de encontrar un compañero.
Y no sólo. Se ha podido constatar que las separaciones y los divorcios son ligeramente más comunes después de la cirugía. Las razones subyacentes no están claras pero, en algunos casos, el nuevo estilo de vida adoptado por un individuo después del tratamiento puede llevar a que las parejas se separen.
También es posible que los efectos de la pérdida de peso, como una mayor autoconfianza y autoimagen, puedan empoderar a aquellos que se han sometido a ella y les ‘empuje’ al abandono de las relaciones no saludables.

Los investigadores reconocen, sin embargo, que se necesita más investigación para comprender mejor los factores que contribuyen a este cambio en las relaciones personales. Pero, sobre todo, es importante que los especialistas que atienden a los pacientes obesos sepan que las relaciones personales pueden cambiar tras la cirugía bariátrica, de modo que se brinde información y apoyo relevantes en este sentido, de considerarse necesario.

Hay que recordar que este tratamiento no conduce automáticamente a una relación disfuncional. Estudios previos han demostrado que la mayoría de las relaciones se fortalecen o no se modifican. “Este hecho, también, ha sido respaldado en este nuevo estudio donde se muestra que la mayoría de las personas que se sometieron a la intervención permanecen en la misma relación muchos años después de la cirugía”, ha recordado el autor principal del ensayo.

Este estudio está basado en dos grandes cohortes suecas de cirugía bariátrica: el estudio Swedish Obese Subjects (SOS) y el registro Scandinavian Obesity Surgery.

En el SOS, los investigadores compararon el estado de la relación autoinformada (incluidos los matrimonios y la cohabitación) en aproximadamente 2. 000 individuos que se sometieron a cirugía bariátrica y cerca de otros 2.000 con la patología pero que hicieron de grupo control. En el registro de Cirugía de Obesidad Escandinava se compararon las frecuencias de los matrimonios legales y los divorcios en aproximadamente 29. 000 personas que se sometieron a cirugía bariátrica y se compararon con individuos de control pertenecientes a la población general.

Ante todo, y lo más importante, es que los pacientes sepan que hay soluciones reales y eficaces para su patología y nuestro equipo del Instituto de Obesidad les ofrece la oportunidad de consultar cualquier duda.


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Han sido tres días intensos pero productivos. El XIV Congreso de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), que se reunió en el palacio de congresos La Llotja de Lleida desde el pasado miércoles 14 hasta el viernes, ha vuelto a poner de relevancia que la obesidad en un problema de salud pública que necesita una estrategia multifactorial para combatirla.

Los expertos han coincidido en  que esta batalla no será posible sin una alianza de toda la sociedad, así como han reiterado la importancia de considerar la obesidad una enfermedad crónica, con un gran impacto en la salud y en la forma de vida y con un elevado coste económico. Y no sólo: han puesto el foco en la cantidad de personas obesas que supera ya el 20% de la población en España. Un dato más preocupante es  la velocidad a la que está aumentando la enfermedad.

“La sociedad sigue sin identificar la obesidad como un problema de salud, sino como un problema estético. Por ello es fundamental lograr cambiar esta creencia y tomar consciencia de que es una enfermedad que mata. De ahí que los expertos insistamos tanto en la importancia de considerar la obesidad una enfermedad crónica, cuyas causas son multifactoriales, con un gran impacto en la salud y en la forma de vida y con un elevado coste económico”, afirmó doctor Francisco Tinahones,  presidente de la SEEDO.

La prevención como clave.

El porcentaje de personas con exceso de peso en nuestro país se eleva hasta el 60% si se computan tanto los pacientes obesos como las personas con sobrepeso.

“Atendiendo a estas cifras, la prevención es clave en la lucha contra esta enfermedad ya que debemos tener presente que el problema no es sólo la cantidad, sino la velocidad a la que aumenta el número de personas obesas”, añadió el experto.

Albert Lecube, especialista del servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Vall d’Hebron (Barcelona), resaltó que el factor ambiental es determinante en el desarrollo de la enfermedad. “Si bien es cierto que la obesidad tiene un componente hereditario que es importante, éste no es tan decisivo en su desarrollo como lo es el ambiental. Por este motivo hay que concienciar a la sociedad de adquirir hábitos de vida saludables, que impliquen una correcta alimentación y evitar el sedentarismo”.

 

Las campañas de prevención son una medida para trasmitir este mensaje, de ahí que la SEEDO lidere el proyecto “Prevención de la Obesidad. Aligera Tu Vida” para lograr detener y revertir la obesidad, a través de la implicación de todos los agentes involucrados.

La obesidad cuadriplica el riesgo de diabetes y reduce la esperanza de vida. Por este motivo, desde la institución, se recuerda, además, que la obesidad reduce la supervivencia de un paciente entre 5 y 10 años y es, además, el detonante de otras enfermedades como el caso de la diabetes llegando a cuadriplicar el riesgo de desarrollarla. Incrementa también la mortalidad cardiaca y cerebrovascular, la artrosis y está estrechamente vinculada con once tipos de cáncer.

Asimismo, hay cada vez más pruebas que apuntan que también puede estar relacionada con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

La doctora Ana Belén Crujeiras, investigadora del Grupo de Obesidad, Cáncer y Epigenética en el área de endocrinología del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela y miembro del CIBER de obesidad y nutrición, habló  de la importancia de las adipoquimas en la asociación entre el cáncer y la obesidad y explicó que entre “los factores que determinan la salud, la genética explica un 30% de la variabilidad, mientras que el 70% restante está determinado por factores ambientales como el estilo de vida (dieta, el ejercicio físico, consumo de tóxicos), cuidados de la salud, ambiente sociocultural y físico”.

Desde hace muy pocos años “se está evidenciando que la epigenética puede jugar un papel relevante en la susceptibilidad a la obesidad e, incluso, parece estar implicada en la promoción de enfermedades asociadas a la misma como la diabetes y el cáncer, de acuerdo a resultados de varios estudios realizados por nuestro grupo de investigación. Las marcas epigenéticas que se observan tanto en obesidad y sus enfermedades asociadas puede aportar biomarcadores para predecir la susceptibilidad a padecer la enfermedad y también podrían constituir posibles dianas terapéuticas que nos permitan diseñar estrategias personalizadas mediante la utilización de fármacos epigenéticos o incluso alimentos o compuestos bioactivos contenidos en los alimentos que induzcan una regulación epigenética”, recalcó la experta.

El músculo frente a la obesidad

Felipe Isidro, coordinador del Grupo de Estudio Ejercicio Físico y Obesidad de la SEEDO, abordó la necesidad de la adherencia al ejercicio, la importancia del tejido muscular en la salud metabólica y la eficacia del entrenamiento de fuerza en el paciente con obesidad. “Las personas con obesidad no tienen la misma capacidad de respuesta fisiológica ni de adaptación al mismo estímulo de ejercicio que las personas sin exceso de adiposidad. Se sabe que los afectados padecen una serie de trastornos que repercuten tanto en el tejido adiposo como en el  muscular, con pérdida de masa muscular, de fuerza y de función y se debe considerar por tanto que muestran un tejido muscular enfermo, con muy poca disponibilidad de betaoxidación de ácidos grasos y de utilización de la glucosa”.

Artrosis en obesidad

La artrosis en obesidad fue otro de los temas a tratar durante el Congreso de la mano de la doctora Raquel Largo, del Instituto de Investigación Sanitaria de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, quien recordó que varios estudios clínicos han demostrado que los diferentes componentes del síndrome metabólico, entre los que se incluye la obesidad, pero también la dislipemia, la hipertensión, o la resistencia a insulina, incrementan la incidencia de artrosis, de forma que el acúmulo de estas alteraciones conlleva igualmente un riesgo mayor de tener artrosis, y una progresión más acelerada de la enfermedad.

A todas estas interesantes ponencias y charlas se sumaron otras que relacionaban el cerebro con la enfermedad por ser integrador del metabolismo periférico, recordando que la regulación del peso corporal depende de la interacción del cerebro con los órganos del resto del cuerpo.

Se recordó, también, el llamado efecto “contagio” dado que los estudios de amplias muestras de población demuestran que si una persona sufre obesidad es mucho más probable que las de su entorno más cercano también la sufran. En parte esta agregación podría estar causada simplemente por la agrupación entre personas ya previamente obesas que comparten afinidades, pero otras evidencias científicas indican que también existe un efecto contagio, de convertir a un sujeto normopeso en obeso simplemente por el hecho de estar relacionado estrechamente con una persona obesa.

En definitiva, el Congreso ha sido una gran puesta al día y deja el mensaje claro de la necesidad de seguir una estrategia multifactorial para combatirla, pero sobre todo de la importancia de la alianza en de toda la sociedad para hacerle frente. En este sentido, el Instituto de la Obesidad está totalmente de acuerdo con ambas estrategias y recuerda a los pacientes que estamos abiertos a todas las consultas para facilitar el tránsito de la obesidad al normopeso de la forma más eficaz y segura.


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Los datos acaban de llegar. Y llegan de la mano del Informe “Alimentación, Sociedad y Decisión Alimentaria en la España del siglo XXI” elaborado por Fundación MAPFRE y el Grupo de Investigación en Nutrición y Ciencias de la Alimentación de la Universidad CEU San Pablo de Madrid. El objetivo principal de dicho informe, que ofrece información por distintas zonas geográficas, es conocer el impacto que tienen los estilos de vida en los hábitos de consumo de los españoles, describir dónde se hace la compra de alimentos, qué productos se incluyen más en la cesta, con qué presupuesto mensual cuentan las familias, cuánto tiempo de dedica a comer y a cenar y qué nivel de conocimientos sobre hábitos saludables tienen los españoles.

El Instituto de Obesidad ha tenido acceso a él y cree que puede ser de interés su divulgación. Pues bien, tras llevar a cabo 2.052 encuestas telefónicas por todo el territorio nacional, el informe revela que “la sociedad española mantiene unos hábitos alimentarios estables, tradicionales y compartidos, que realiza al menos tres comidas principales y come mayoritariamente en compañía de la familia. Las mujeres españolas siguen siendo las principales implicadas en todas las actividades relacionadas con la alimentación, a través de la compra y preparación de los alimentos, aunque hay un ligero incremento en el número de hombres que afirman encargarse de estas actividades”.

Entre las opciones de compra “predominan los supermercados y el comercio de proximidad para realizar la compra, pues es importante la valoración de los productos frescos y se realiza un esfuerzo por comprarlos con frecuencia.  En este sentido, pese a que se sigue controlando notablemente el gasto en alimentación, sobre todo a través de la compra de productos de distribución y establecimientos más baratos, parecería haber una incipiente superación de la reciente situación de crisis, reflejada a través de un tímido incremento en el gasto en alimentación, una mayor frecuencia de compra de productos frescos y un mayor tiempo invertido en realizar la compra habitual”.

En general, gustan los alimentos “sanos” y se combinan bien el placer y la salud en las elecciones alimentarias. Los aspectos sociales de la alimentación sí parecen influir en un mejor o peor comportamiento en relación con el control del peso corporal. Por último, se observa una preocupación por la producción sostenible de los alimentos y el reaprovechamiento de los mismos para reducir su desperdicio, así como por la seguridad alimentaria, aspecto este último en el que destaca la confianza de los españoles en cuanto a productos y establecimientos propios, frente a los supermercados y el comercio de proximidad son los establecimientos favoritos para hacer la compra, frente a otros internacionales.

Sin embargo, hay otros datos que nos llaman la atención y creemos que son de interés.  Por ejemplo: “Sólo un 24% de los españoles realiza 5 comidas al día”.

Además, la mayoría de familias desayuna, come y cena en casa, tanto a diario como en fines de semana, principalmente, en compañía de la familia. Entre los menores de 30 años, sin embargo, existe un número creciente y preocupante de personas que comen y cenan viendo la televisión y utilizando las TIC. El estudio destaca, además, “que el peso corporal es mejor entre las personas que realizan cinco comidas al día, desayunan a diario, dedican más tiempo a comer, se responsabilizan de la compra y de la preparación y leen el etiquetado nutricional. También hace hincapié en que las personas con obesidad se preocupan más por el precio de los alimentos y menos por la información nutricional que las que tienen normopeso según el IMC, que relaciona peso y altura”.

Otros apuntes relevantes son que “entre las estrategias de los españoles para reducir el gasto en alimentación destaca el incremento de consumo de marcas de distribución (53,3%) y productos de menor precio (45,8%), así como consumir menos carne y pescado (17,7%) y menos productos frescos (10,6%), saltarse una comida (7,7 %) y acudir a programas de ayuda alimentaria (4,6%)”. No deberíamos reducir los costes de una alimentación sana, ya que es invertir en alimentaciones sinónimo de hacerlo en salud.

Es importante reflexionar sobre estudios como este “que ponen a la población española frente al espejo”. Nos preocupa, desde el El Instituto de Obesidad, que hábitos saludables como hacer cinco comidas al día tan recomendado siga sin cumplirse o que aún hoy el consumo de productos frescos sea tan bajo. Creemos que la labor por la divulgación de una dieta saludable que implica, además, la prevención del sobrepeso y la obesidad debe ser sostenida e, incluso, amplificada.


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Desde el Instituto de Obesidad nos queremos acercar cada día a hábitos sencillos que pueden ayudar a la pérdida de peso. Unos ‘pasos’ que, además, acaban de volver a ser respaldados por la ciencia y publicados este mismo mes en una de las revistas científicas de más prestigio como es el ‘British Medical Journal’.

En su versión on-line, los investigadores Yumi Hurst y Haruhisa Fukuda, del Department of Health Care Administration and Management, Kyushu University Graduate School of Medical Sciences, Fukuoka (Japón) certifican que reducir  la velocidad a la que se come, junto con disminuir el número de bebidas azucaradas, así como no comer dos horas antes de ir acostarse, ayudan a perder peso.

Los científicos defienden que los cambios sencillos en estos hábitos alimenticios guardan una estrecha asociación con un menor peso e Índice de Masa Corporal  (IMC), así como una menor circunferencia de la cintura.

Los hallazgos están basados en los datos de 60,000 personas con diabetes en Japón que se sometieron a chequeos de salud regulares y solicitaron información entre 2008 y 2013.

Los datos acumulados se referían a información sobre las fechas de las consultas y los tratamientos, mientras que los controles médicos incluían medidas de peso (IMC) y circunferencia de la cintura, y los resultados de las pruebas sanguíneas, de orina y de función hepática.

Durante los chequeos, los participantes fueron interrogados sobre su estilo de vida, incluidos sus hábitos alimenticios y de sueño, así como el consumo de alcohol y tabaco.

Se les preguntó específicamente sobre su velocidad de alimentación, que se clasificó como rápida, normal o lenta. Y se les interrogó, además, sobre si hacían alguna de las siguientes medidas tres o más veces a la semana: cenar dos horas antes de irse a dormir; picar después de la cena y saltarse el desayuno.

Masticar despacio

Los resultados muestran que los que comen lentamente tienden a estar más sanos y a tener un estilo de vida más saludable que los que comen rápido o normal. Alrededor de la mitad de la muestra total (poco menos del 52%) cambió su velocidad de consumo en el transcurso de los seis años.

Todos los aspectos de los hábitos alimenticios y de sueño estudiados, así como el consumo de alcohol y la obesidad previa, definida como un IMC de 30 kg / m2, se asociaron significativamente con obesidad.

Después de tener en cuenta los factores potencialmente influyentes en los resultados, los datos mostraron que, en comparación con aquellos que tendían a engullir sus alimentos, los que comían a una velocidad normal tenían un 29% por menos de probabilidades de ser obesos, aumentando al 42% para los que comían lentamente.
Este es un estudio observacional, por lo que no se pueden extraer conclusiones firmes sobre causa y efecto, y la velocidad de la alimentación se basó en una evaluación subjetiva. Los investigadores tampoco evaluaron la ingesta de energía o los niveles de actividad física, que pueden haber sido influyentes.

Sin embargo, comer rápidamente se ha relacionado con la tolerancia a la glucosa y la resistencia a la insulina. Posiblemente, esto se deba a que los comedores rápidos pueden tardar más tiempo en sentirse llenos, mientras que justamente lo contrario en sucede en los que comen lentamente, lo que ayuda a controlar su consumo de calorías, sugieren los investigadores.

Y concluyen: “Los cambios en los hábitos alimenticios pueden afectar la obesidad, al IMC y a la circunferencia de la cintura. Las intervenciones destinadas a reducir la velocidad de la alimentación pueden ser eficaces para prevenir la obesidad y reducir los riesgos de salud asociados”.

El equipo multidisciplinar del Instituto de Obesidad puede asesorar en medidas sencillas como las relatadas aquí que contribuyan a la pérdida de peso de forma saludable. No dudéis en consultarnos.


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Sabemos que la menopausia es un factor de riesgo de exceso de peso. Pero, también, sabemos que existen muchos métodos para controlar el aumento de kilos tras el cambio hormonal previsto ante el envejecimiento. Precisamente, acaba de salir un nuevo estudio que documenta que las mujeres con sobrepeso u obesas después de la menopausia que siguen una dieta paleolítica pueden mantener la pérdida de peso a largo plazo. Y no sólo. Además, los niveles de factores de riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares también disminuyen.

Lo documenta un estudio en la Universidad de Umeá en Suecia llevado a cabo con de 70 mujeres posmenopáusicas con un índice de masa corporal superior a 27 (es decir, con sobrepeso) después de la menopausia. En el estudio, la mitad de ellas llevó a cabo una dieta de acuerdo con las recomendaciones de nutrición nórdica. La llamada Nueva Dieta Nórdica (New Nordic Diet) desarrollada desde 2004, cuando los profesionales de la cocina y los chefs de los cinco países nórdicos se reunieron en Copenhague para definir una nueva cocina regional, que, en contraste con los hábitos alimenticios tradicionales, sería más saludable, equilibrada y sabrosa. Sus análisis demuestran que mejora notablemente los niveles de colesterol, la presión arterial y regula la pérdida de peso de forma equilibrada, rápida y saludable, como demostró un estudio publicado en 2013 en Journal of Internal Medicine.

La nueva investigación muestra que “los resultados son notables. A pesar de dar a las mujeres rienda suelta a una ingesta ilimitada, la pérdida de peso fue estable después de dos años. Un hecho más significativo es que dicha pérdida además mejoró de forma evidente los niveles de grasa “, comentan los autores del estudio.

La pérdida del mismo también contribuyó a la reducción de la inflamación tanto en el tejido graso como en la circulación. Las mujeres que siguieron la dieta paleolítica tuvieron una reducción significativa en la grasa abdominal. “En conclusión, el estudio muestra que la dieta paleolítica con una parte elevada de grasas no saturadas era más sana para este grupo de mujeres, incluso a pesar de que las recomendaciones nórdicas de la nutrición que también tuvieron efectos positivos sobre la salud”, señala el trabajo.

La dieta paleolítica, conocida como dieta del hombre o de las cavernas… es un plan nutricional basado en la supuesta dieta de plantas silvestres y animales salvajes que fueron consumidos por los humanos del período señalado. Se compone principalmente de carne, pescado, frutas, verduras, frutos secos y raíces, así mismo excluye granos, legumbres, productos lácteos, sal, azúcares refinados y aceites procesados.

Las mujeres posmenopáusicas tienen un riesgo creciente de obesidad debido a la reducción de la producción de estrógenos, además de otros factores como la disminución de actividad física.

El estudio muestra, además, mejoría en los niveles grasos sanguíneos, un factor importante ya que puede determinar el desarrollo de diabetes tipo 2 o enfermedades cardiovasculares.

Desde el Instituto de Obesidad creemos que lo más importante para frenar el aumento de peso en mujeres que estén entrando en la menopausia es consultar con especialistas que examinen y evalúen sus hábitos dietéticos para orientarlas de la mejor manera posible y establecer un plan individualizado de dieta. Por este motivo defendemos la oportunidad de que ellas sepan que se pueden evitar los ‘efectos colaterales’ de la menopausia (como el aumento de peso) si consultan con especialistas.


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La predisposición genética a la obesidad es una realidad bien documentada en la literatura científica. Sin embargo, no es ‘una marca’ para toda la vida. De hecho, acaba de salir a la luz un nuevo estudio que constata que los beneficios de seguir una dieta saludable para prevenir el aumento de peso a largo plazo pueden ser incluso mayores en las personas con un alto riesgo genético de obesidad que en aquellos con bajo riesgo.

El trabajo, publicado en el último número de la prestigiosa revista British Medical Journal, indica que mejorar la calidad de la dieta con el tiempo podría conducir a una mayor pérdida de peso para las personas que son genéticamente susceptibles a la obesidad. El estudio también reincide en que el riesgo genético de aumento de peso se atenúa cuando se cuida la alimentación.

La obesidad es un trastorno complejo en el que están involucrados antecedentes familiares (genes) y factores ambientales. Investigaciones anteriores han demostrado que las dietas ricas en bebidas edulcoradas, grasas o fritos, bollería… podrían ser un vector que predispone al aumento de peso en personas con antecedentes genéticos de la enfermedad.

Pero, ¿una dieta rica en frutas y verduras y pobre en alimentos procesados logra ​​disminuir la asociación genética con el aumento de peso?

Al parecer sí. Investigadores de la Universidad de Tulane y de la Universidad de Harvard, analizaron los datos de dos grandes estudios de profesionales de la salud de EEUU. Ni más ni menos que The Nurses` Health Study (que incluye a 121. 701 enfermeras) y The Health Professionals (5.1 529 varones).

Tras 20 años de seguimiento, los autores señalan que este es un estudio observacional. Sin embargo, sus hallazgos “resaltan la importancia de mejorar la adherencia a una dieta saludable en la prevención del aumento de peso, particularmente en personas genéticamente predispuestas a la obesidad”.

Desde el Instituto de Obesidad creemos que hallazgos como estos deben motivar a la población a solicitar asesoramiento dietético, máxime en los casos en los que existan antecedentes familiares de obesidad. Nuestro equipo desea atender y asesorar a todas las personas que tengan dudas sobre su dieta o quieren mejorar la misma como medio de prevención y vía para preservar la salud.


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Mantener informada a la población sobre las nuevas evidencias científicas que llegan es una labor que creemos importante como miembros del Instituto de Obesidad volcados en la lucha contra la obesidad. La última de ellas que ha despertado nuestro interés  es una nueva investigación publicada en el número de finales de año del ‘Journal of Experimental Medicine’ que destaca el efecto pernicioso de la obesidad en la salud a largo plazo de las células madre productoras de sangre (células madre hematopoyéticas).

Dirigido por investigadores del Instituto de Cáncer Infantil y Enfermedades de Sangre de Cincinnati, ha sido realizado principalmente en modelos genéticos de ratones obesos. Sus datos muestran que la enfermedad causa cambios duraderos y dañinos en el compartimento de células madre hematopoyéticas, la fábrica de creación de sangre en el organismo.

“Ahora sabemos que el compartimento de las células madre sanguíneas se compone de numerosos subconjuntos de células”, ha dicho Damien Reynaud, investigador principal del estudio. “Mantener este espacio saludable es esencial para la salud humana. Esto incluye conservar el grupo diverso de células madre productoras de sangre (células madre hematopoyéticas) necesarias para producir células sanguíneas que el cuerpo necesita para funcionar adecuadamente”.

Aunque todavía hay datos por evaluar, la investigación muestra que la edad y el estrés ambiental pueden disminuir la diversidad saludable de nuestra maquinaria de fabricación de sangre. De hecho, el nuevo trabajo muestra, además, que la obesidad altera la arquitectura celular del compartimiento de las células madre hematopoyéticas y reduce su capacidad funcional a largo plazo. Las pruebas en ratones obesos muestran que estos efectos son progresivos y que algunas de las manifestaciones dañinas persisten incluso después de que los investigadores normalizan el peso de los roedores a través de controles dietéticos.

Estas alteraciones parecen estar relacionadas con la sobreexpresión de un gen murino llamado Gfi-1 (factor de crecimiento independiente 1) que restringe la proliferación de las células madre hematopoyéticas. Los investigadores muestran que el estrés oxidativo en el cuerpo causado ​​por la obesidad provoca la sobreexpresión del mismo. Cuando esto sucede, produce una alteración duradera del compartimiento de dichas células y puede producirse un ‘caos molecular’.

Los investigadores alegan que su estudio también proporciona una base para investigar cómo las elecciones de estilo de vida, por ejemplo la dieta, pueden afectar de forma duradera a la formación de sangre y pueden contribuir al desarrollo de ciertos cánceres de sangre. Las células madre hematopoyéticas son una herramienta importante para tratar la leucemia y otras enfermedades de la sangre.

Sabemos que ‘desde el ratón al ser humano’ puede haber ‘un abismo’, pero lo importante es estar al tanto de todas las novedades científicas que se produzcan, porque es la base que distingue a los profesionales que trabajan en equipos multidisciplinares. Desde nuestro blog pretendemos día a día que los pacientes y sus familias estén informados de todo lo que rodea a la enfermedad, para que puedan tomar las mejores decisiones y tengan al alcance de la mano la misma información científica de la que disponemos nosotros.

De hecho, estos datos se suman a otras evidencias como la publicada recientemente por el prestigioso diario ‘The New York Times’ que menciona un nuevo estudio que refleja que casi el 6% de los distintos tipos de cáncer se atribuye, al menos en parte, a la obesidad y la diabetes.

Los investigadores compararon las cifras de incidencia de 12 tipos de cáncer en 175 países en 2012 con las cifras de los índices de masa corporal y de prevalencia de diabetes de 2002, partiendo de la base supuesta de que el cáncer tarda en desarrollarse al menos diez años.

Descubrieron que, en 2012, la diabetes y un índice de masa corporal superior a 25 fueron factores de riesgo independientes para 792.600 nuevos casos de cáncer, aproximadamente el 5,6% de los 14.067.894 de casos inscritos en un registro mundial de cáncer.

Entre los tipos de cáncer asociados a la diabetes y a un alto índice de masa corporal se encontraron los tumores en el colon, la vesícula biliar, el hígado y el páncreas. La obesidad y la diabetes no fueron las únicas causas que ocasionaron estos tipos de cáncer, pero sí tuvieron cierta influencia.

Desde el Instituto de Obesidad queremos recordar a los pacientes y sus familiares que la solución a esta enfermedad tan limitante y problemática existe y existe con las garantías que la evolución de la tecnología médica y el conocimiento científico ha puesto en nuestras manos. Ningún paciente debe resignarse a su problemática. Todo lo contrario, debemos insistir en que pierda el miedo a consultar porque podemos ayudarle.


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Desde el Instituto de Obesidad hoy os acercamos un estudio de interés para los adultos con sobrepeso y obesidad. Al parecer, aquéllos que siguen una dieta que intercala productos de granos refinados (como el pan blanco o la pasta) con variedades de granos enteros, comen menos, pierden peso y reducen la inflamación asociada a su enfermedad. Así lo acaban de comunicar expertos del Instituto Nacional de Alimentos, de la Universidad Técnica de Dinamarca tras llevar a cabo un estudio publicado en ‘Gut’.

El efecto beneficioso de comer granos integrales en lugar de productos de granos refinados está bien documentado. Los estudios epidemiológicos han demostrado que el consumo de granos enteros disminuye el riesgo de por, ejemplo, enfermedades cardiovasculares.

Los granos enteros son las semillas de diferentes granos (como el trigo, el maíz, el centeno, la avena, el arroz o la cebada) que conservan las tres partes que los componen. Cuando los granos se refinan para que luzcan “blancos”, como el pan blanco, el arroz blanco y la pasta, las partes externas del grano se tiran y solo se usa la sección interna y entonces sus nutrientes y en consecuencia su contenido en fibra, se reducen.

Durante la investigación, los autores analizaron a 50 adultos con riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular o diabetes tipo 2. Los análisis de sangre mostraron que los participantes tenían niveles más bajos de inflamación cuando consumían granos integrales. En particular, parecía que el centeno tenía un efecto beneficioso sobre el contenido de marcadores inflamatorios en el plasma. La inflamación es la respuesta natural del cuerpo a una infección, pero algunas personas tienen niveles ligeramente elevados (lo que se conoce como inflamación de bajo grado) aunque no haya infección. Este es el caso particular de las personas con sobrepeso y obesidad. En estos pacientes, un mayor nivel de inflamación subclínica puede conducir a un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

Pero no sólo. El estudio también muestra que los participantes comían menos cuando su dieta se basaba en granos integrales, presumiblemente porque su consumo causa saciedad, por su mayor contenido en fibra y, generalmente, además ayuda a la pérdida de peso.
“Nuestro análisis confirmó que existe una base científica sólida para la recomendación dietética de comer granos enteros.  Una buena idea para futuros estudios sería examinar el efecto de varios tipos de granos”, han declarado los autores.

Los 50 participantes del estudio se dividieron aleatoriamente en dos grupos. Un grupo consumió una dieta de granos integrales. Después de un periodo de ocho semanas en el que los participantes cumplieron con su dieta habitual, se pasaron a una dieta donde todos los productos de granos fueron variedades refinadas durante otras tantas semanas. El otro grupo completó el estudio en el orden inverso.

Los datos revelan que una dieta rica en granos enteros reduce el peso corporal y la inflamación sistémica de bajo grado sin inducir cambios importantes en el microbioma intestinal. Desde el Instituto de Obesidad creemos que hay medidas sencillas y fáciles de adoptar que pueden hacer mucho por la salud y el peso de nuestros pacientes. Nuestro equipo de expertos estará encantado de solventar cualquiera de sus dudas.


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