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El número de consumidores que llenan la cesta de la compra con alimentos en cuya etiqueta figura la palabra light ha aumentado considerablemente en los últimos años.

Desde el Instituto de Obesidad queremos indagar si realmente este tipo de productos ayudan a adelgazar o no o, incluso, engordan. Empecemos diciendo que, según la legislación, un alimento light es aquel que tiene un valor energético reducido y que aporta el 30% de calorías menos que el producto de referencia. Es decir, alimentos que tienen una menor proporción de sal o azúcar o grasas que sus homólogos.

Pese a ello, tenemos que reconocer que muchos consumidores caen en la tentación de ingerirlos en mayor cantidad pensando que no van a engordar. Nada más lejos de la realidad. El motivo: si bien son productos que contienen menos calorías que las versiones no lightno dejan de ser alimentos muy calóricos que debemos consumir con moderación. Basta uno ejemplo: una bolsa de patatas fritas de las pequeñas contiene 161 calorías y su versión light unas 120/130. En conclusión: estamos aportando, pese al alimento light, 100 calorías más a la dieta. Recordemos, además, que la industria alimentaria hace a menudo referencia a otros términos que pueden hacer que asumamos el producto como saludable o bajo en calorías sin que lo sea realmente: “ bajo en grasa”, “sin azúcares añadidos”, “ rico en fibra”, “ligero”…

Así, un producto bajo en grasa debe llevar menos de 3 gramos de las mismas por cada 100 de producto. Uno bajo en azúcares, llevará menos de 5 gramos por cada 100 gramos totales. En ninguno de los casos, aunque pueda parecer lo contrario, el bajo aporte calórico está asegurado asegurado. Todo esto sin contar que en muchos casos si se reducen las grasas se aumentan los azúcares o viceversa para garantizar el sabor del producto.

Tal vez por todos estos motivos ya han salido a la luz nuevos estudios que han puesto del revés a la industria alimentaria cuestionando estos productos y asegurando, incluso, que pueden contribuir al aumento de peso y a otras dolencias como la diabetes. Es el caso de los refrescos light que contienen aspartamo en lugar de azúcar. Un reciente estudio llevado a cabo en ratones por el Hospital General de Massachussets ha descubierto que acaba estas bebidas no lleven azúcar, pueden engordar lo mismo o más.

La legislación

Las reglas de etiquetado de la UE comprenden que los productos denominados habitualmente como light se corresponderían con los de “valor energético reducido”. Para que un producto aporte de verdad pocas calorías, debe estar etiquetado como de “bajo valor energético”. Esto quiere decir que no contiene más de 40 kilocalorías por cada 100 gramos en el caso de alimentos sólidos o de 20 kilocalorías por cada 100 mililitros en el caso de los líquidos. Una dieta sana debe contener entre 2.000 y 2.500 kilocalorías [que a veces se etiquetan como calorías a secas], dependiendo del peso y la actividad física que realiza la persona.

Por último, la UE tiene una categoría, “sin aporte energético”, que sólo podrá utilizarse si el producto no contiene más de 4 kilocalorías por cada 100 gramos o por 100 mililitros. La norma es de obligado cumplimiento desde julio del 2007.

Desde el Instituto de Obesidad queremos insistir que una dieta sana debe incluir frutas, verduras, legumbres, cereales, proteínas… y las salsas, los fritos, la bollería deben ser casi excepcionales. Lo más adecuado para llevar una dieta sana y equilibrada o tratar de perder peso es consultar con un especialista.


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En los últimos meses han sido muchas las informaciones que se han vertido sobre los riesgos de la dieta sin gluten tanto en celiacos como en personas libres de este trastorno digestivo autoinmune.

Desde el Instituto de Obesidad hemos querido acercar algunas de las evidencias científicas encontradas en el último año y que los internautas configuren con ellas su opinión sobre lo que ya se ha convertido en una moda: la dieta sin gluten

Empecemos diciendo que es tipo de dieta es esencial para las personas que tienen enfermedad celiaca o tal vez una alergia o intolerancia. Sin embargo, la dieta también ha aumentado en popularidad entre las personas que no necesitan seguirla.

Ahora, un nuevo estudio ha sugerido que una dieta libre de gluten puede conducir a la obesidad, ya que los productos libres de gluten en realidad contienen un contenido energético significativamente mayor, incluyendo más ácidos grasos y lípidos que sus homólogos con esta sustancia. El gluten es una proteína vegetal presente en cereales como el trigo, el centeno y la cebada. Esta proteína no sólo aparece de forma natural en los alimentos compuestos por estos cereales como el pan, la pasta, etc., sino que se utiliza también en muchas salsas, e incluso en el recubrimiento de medicinas, debido a las características elásticas y moldeables que posee.

El estudio, que se presentó en el pasado Congreso anual de la Sociedad Europea de Gastroenterología Pediátrica, Hepatología y Nutrición, estudió más de 1.300 productos.

Entre los productos, encontraron que el pan sin gluten tenía un contenido significativamente mayor de lípidos; la pasta tenía cantidades más bajas de azúcar y proteínas y las galletas sin gluten tenían un contenido significativamente menor de proteína y un mayor contenido de lípidos.

Los investigadores observaron que estos desequilibrios en los nutrientes podrían tener un impacto en la obesidad, particularmente en niños, así como en su crecimiento.

El investigador principal, el doctor Joaquim Calvo Lerma, ha asegurado que los alimentos sin gluten deben ser “reformulados” para que tengan una composición nutricional similar a sus homólogos con la proteína vegetal.

“A medida que más y más personas están siguiendo una dieta libre de gluten se está manejando más eficazmente la enfermedad celíaca, pero es imperativo que los alimentos comercializados como sustitutos se reformulan para que aseguren que realmente tienen valores nutricionales similares”, dijo. “Esto es especialmente importante para los niños, ya que una dieta bien equilibrada es esencial para un crecimiento y desarrollo saludables”.

Efectos en el corazón

La evidencia científica acumulada recuerda que la dieta libre de gluten es beneficiosa para los celiacos, pero no para las personas libres de la enfermedad. De hecho, un estudio científico de la Universidad de Harvard, publicado recientemente en la revista médica ‘British Medical Journal’, demuestra que comer sin gluten no aumenta el riesgo de enfermedad cardiaca en personas con celiaquía, pero si eleva el riesgo en las que no padecen esta enfermedad. Esta conclusión procede un estudio de cohorte prospectivo que ha analizado el consumo de gluten y la incidencia de enfermedades coronarias en más de 100.000 personas a lo largo de 26 años. “Nuestros resultados muestran que la restricción de gluten no tiene ningún beneficio, al menos en términos de salud del corazón, para las personas sin celiaquía; de hecho, puede causarles algún daño si siguen una dieta baja en gluten, que es particularmente pobre en cereales integrales, porque los granos integrales parecen tener un efecto protector contra las enfermedades cardiacas”, ha afirmado en un comunicado Benjamin Lebwohl, director de investigación clínica.

Los investigadores llaman la atención sobre el hecho de que el gluten es claramente perjudicial para las personas celiacas, pero los libros de dietas populares y algunos famosos, basándose en evidencias anecdóticas y nada científicas, han impulsado la idea de que la dieta baja en gluten es saludable para todo el mundo, realidad que ellos desmienten. De hecho, otro estudio presentado en marzo por investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard ya advertía contra esta moda de retirar el gluten sin prescripción médica porque una baja ingesta de cereales con gluten se relaciona con un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. En concreto, ese estudio establecía que las personas no celiacas que dejan de ingerir gluten tienen un 13% más de probabilidades de tener diabetes tipo 2 que las que consumen productos con gluten (y por tanto con fibra) de manera generalizada.

Desde el Instituto de Obesidad queremos recordar a nuestros pacientes la necesidad de consultar cualquier duda sobre nutrición, pero sobre todo no lanzarse a dietas sin supervisión que a larga pueden conducir a problemas graves de salud.


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La cirugía de la obesidad, de la que hemos hablado en muchas ocasiones, requiere de equipos multidisciplinares, de tratamientos individualizados y, sobre todo, del conocimiento exhaustivo de la historia clínica del paciente. En ocasiones, las intervenciones prescritas pueden fracasar en sí mismas o dar lugar a complicaciones. En ocasiones, también, los pacientes que han sufrido este tipo de problema buscan consejo o ayuda en otros especialistas tras la pérdida de confianza.

Desde el Instituto de Obesidad creemos que todos los equipos multidisciplinares que trabajan bajo el paraguas de la excelencia médica merecen la confianza de sus pacientes y bajo ella habrán informado de la posibilidad de efectos adversos. También sabemos de lo complejo de las técnicas y que se requiere pericia y experiencia para reducir al mínimo los posibles riesgos. Pero los pacientes pueden estar tranquilos. Nuestro equipo es experto en reintervenciones y pensamos que es oportuno informarles de las opciones disponibles.

Así, una técnica es efectiva dependiendo del número de reintervenciones, ya sean por fracaso o por complicaciones. Así, la GVA puede requerir reconversión a otra técnica en más del 30% de los casos, y el bypass entre el 10 y el 20%. Las derivaciones biliopancreáticas precisan conversión en menos del 10% por la inadecuada pérdida de peso. Sin embargo, el 2-5% de éstas requieren de un acortamiento de la longitud malabsortiva por diferentes complicaciones.

Complicaciones

En el otro lado de la balanza se sitúan las reintervenciones debido a complicaciones: hemorragia, dehiscencia nastomótica y peritonitis.
Los especialistas en estos casos pedimos pruebas de imagen para realizar un diagnóstico diferencial aunque existe, no obstante un signo clínico de gran valor: la taquicardia por encima de las cien pulsaciones por minuto. Actualmente para muchos autores científicos es de por sí una indicación de reintervención.

A estas cirugías de las conoce como técnicas de rescate. Varían dependiendo de la intervención previa realizada, restrictiva o mixta restrictiva-derivativa.
En la cirugía restrictiva se puede producir un deslizamiento de la banda, sea ésta laparoscópica en el caso del “banding” gástrico o no. En cualquier caso, las manifestaciones clínicas más evidentes son los vómitos y sus consecuencias: hidroelectrolíticas y nutricionales. El diagnóstico se confirma con la radiografía de contraste y la endoscopia que podrá proporcionar, también, efectos terapéuticos mediante la dilatación.
Otro grupo de indicación y técnica en las reintervenciones tras cirugía bariátrica restrictiva lo constituyen las recidivas de la obesidad cuyas causas más frecuentes son el fallo del grapado gástrico o por la falta de costumbre o propio autoengaño del paciente para realizar dietas de fácil asimilación e hipercalóricas previamente prescritas. La técnica resolutiva puede ser el regrapado o la reubicación de la banda.

Sin embargo, la literatura científica recomienda la reconversión a una técnica mixta restrictiva-malabsortiva. Entre ellas, la derivación gástrica en Y de Roux, técnicas de Fobi y Capella vía laparotomía o de Wittgrove y Clark por laparoscopia. O bien, la derivación biliopancreática tipo Scopinaro permiten con el uso de grapadoras abdominales, una solución al cuadro estenótico o de dehiscencia de grapado.
Existen otras posibilidades para realizar las reconversiones según cada paciente. Pero lo importante, es el mensaje que desde el Instituto de Obesidad queremos que reciban los pacientes. No deben dudar del gran abanico de opciones que tenemos para hacer frente a los problemas, que afortunadamente con las nuevas tecnologías y la experiencia acumulada ya son reducidos. Estamos para solventar las dudas y aconsejarles las mejores opciones disponibles.

Ver vídeo https://youtu.be/vyCoDN_E070


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Desde el Instituto de Obesidad no podemos dejar pasar por alto la celebración del Día Mundial de la Diabetes, convocada para el 14 de este mes. Solo en nuestro país afecta a 6 millones de personas y es la responsable de 25.000 muertes cada año, además de estar detrás de 7 de cada 10 amputaciones no traumáticas de las extremidades inferiores y ser la responsable del 16 % de los casos de ceguera.

Se trata un desorden del metabolismo del proceso que convierte el alimento en energía y la insulina es el factor más importante en este proceso. Durante la digestión, los alimentos se descomponen para crear la glucosa, que es la mayor fuente de combustible para el cuerpo y ésta pasa a la sangre, donde la insulina le permite entrar en las células. Si el organismo no produce insulina hablamos del tipo 1, la que padecen sobre todo los niños y jóvenes, que deben inyectársela para sobrevivir. Los casos en los que el cuerpo si la produce, pero en cantidades insuficientes o no la puede aprovechar de forma adecuada, son los que corresponden al tipo 2.

Los factores de riesgo implicados en la tipo 2 (la tipo 1 aún se desconoce la forma de prevención) son: fumar, falta de ejercicio, tener familiares de primer grado con la enfermedad, mujeres que han tenido diabetes gestacional previa, personas con hipertensión o hiperlipemia o con ovarios poliquísticos, afectados por enfermedades asociadas a resistencia a la insulina. Pero uno de los factores más determinantes es el sobrepeso y la obesidad.

La relación entre sobrepeso y obesidad con la diabetes

Un 75% de los diabéticos tipo 2 sufre obesidad. Y, además, se sabe que en un 90% de ellas la enfermedad aparece tras un aumento de peso. De ahí que desde el Instituto de la Obesidad queramos hacer especial hincapié en la necesidad de bajar de peso para evitar la patología. Afortunadamente, disponemos de tratamientos eficaces que han demostrado su valía a la hora de reducir el peso y tratar la diabetes como: endobarrier, la gastroplastia tubular o manga gástrica  y el by-pass gástrico.

Pero queremos acercaros una nueva novedad. Sabemos que las reducciones de peso van íntimamente ligadas a la prevención de la diabetes tipo 2 y al mejor control de la enfermedad. Por este motivo es importante destacar la llegada a nuestro centro de un nuevo dispositivo eficaz y seguro conocido como ‘balón elipse’ .

Un método revolucionario

Es el primer balón gástrico del mundo que no necesita procedimiento quirúrgico ni anestesia. No requiere de endoscopia para su implantación y retirada y, por tanto, tampoco de anestesia. Se trata de una cápsula de pequeño tamaño que puede ingerirse fácilmente y que lleva un tubo adosado. Una vez en el estómago, el balón puede llenarse a través del tubo con hasta 600 ml. de líquido, tras lo cual el pequeño catéter es retirado. A los cuatro meses y una vez cumplida su función, el balón se deshace en su zona superior, se vacía su contenido y se expulsa por el intestino.

Este revolucionario dispositivo ha demostrado pérdidas de un promedio de 10 kilogramos; en los niveles de triglicéridos y hemoglobina HbA1c (prueba sanguínea de diabetes tipo 2) y una reducción de ocho centímetros en la circunferencia de la cintura.

Desde el Instituto de la Obesidad creemos que es importante poner freno a las dos ‘epidemias’ que están menoscabando la salud de los españoles: la diabetes y la obesidad.


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Desde el  Instituto de Obesidad llevamos tiempo alertando de la necesidad de reducir la obesidad de forma precoz por sus consecuencias a largo plazo. Ahora un nuevo estudio publicado en ‘Arteriosclerosis, Thrombosis, and Vascular Biology’ contempla que la edad y la obesidad parecen “crear una tormenta perfecta que puede reducir el flujo sanguíneo a través de los diminutos vasos sanguíneos que alimentan directamente nuestro músculo cardiaco, lo que eleva  el riesgo de insuficiencia cardiaca (IC)”.

Así lo acaba de demostrar Zsolt Bagi, del Centro de Biología Vascular de la Universidad de Augusta (Georgia, EEUU).  Lo llaman “grasa envejecida” y los científicos ahora tienen pruebas de que la inflamación creada por la edad y la grasa tienen un efecto aditivo que puede espesar las paredes de nuestra microvasculatura coronaria, sin que exista ninguna evidencia de la clásica placa aterosclerótica que muchos de nosotros asociamos con enfermedades del corazón.

“Los pacientes obesos mayores y a veces las mujeres que sufren IC acuden al laboratorio para someterse a un cateterismo en busca de evidencias patológicas y el cardiólogo no encuentra nada que explique dicha insuficiencia”, ha declarado el dr. Zsolt Bagi. “El problema es que tienen grandes vasos sanguíneos normales en el corazón, pero la insuficiencia se ha desarrollado”.
En pacientes y modelos animales de más edad y con obesidad el investigador Bagi ha encontrado una dinámica clave en la patología: la enzima  ADAM17, que está involucrada en una gran variedad de funciones como la liberación de factores de crecimiento a medida que nos desarrollamos, pero también está implicada en enfermedades como el Alzheimer o la artritis. Los niveles de ADAM17 aumentan en obesidad mientras que los niveles de su inhibidor natural, la proteína caveolin-1, disminuyen con la edad, permitiendo la tormenta perfecta.

La relación entre obesidad e insuficiencia cardiaca se ha destapado en estudios anteriores, incluso cuando el sobrepeso empieza en la adolescencia.

Desde la juventud

Un estudio epidemiológico realizado en la población Sueca ha observado que mientras se está reduciendo la incidencia de IC entre los individuos mayores de 55 años de edad, se está incrementando entre los menores de 45 años.

La obesidad es un factor de riesgo de IC y su incremento en la población joven es un hecho, no solo en Suecia, sino en todos los países occidentales. El objetivo de este estudio fue analizar la relación entre el índice de masa corporal (IMC) en hombres jóvenes y el riesgo de una hospitalización precoz por IC. Se trata de un estudio de cohortes prospectivo, a partir de los datos antropométricos, valoración cognitiva, pruebas físicas y constantes (tensión arterial, frecuencia cardiaca) de varones registrados para el servicio militar de 1968 al año 2005.

Más de 1 millón y medio de varones (1.610.437) de 18,6 años de edad media, fueron seguidos de 5 a 42 años, durante una media de 23 años.
El trabajo encuentra una estrecha relación entre el riesgo de sufrir insuficiencia cardiaca precoz y la masa corporal durante la juventud, que es detectable incluso en el rango de peso normal, incrementándose hasta cerca de 10 veces en las categorías de mayor peso.
Los autores concluyen que como consecuencia de la actual epidemia de obesidad, la insuficiencia cardiaca en jóvenes puede incrementarse sustancialmente en el futuro. La propia Sociedad Española de Cardiología opina a raíz de este estudio que “la relación entre la obesidad y la IC ya ha sido descrita y en su origen se implican factores hemodinámicos, neurohormonales e inflamatorios entre otros. El principal factor limitante del estudio es que no se conoce la evolución del peso y de los factores de riesgo durante el tiempo de seguimiento. Probablemente la mayoría de los que presentaron peso elevado en la juventud, lo continuaron teniendo durante la edad adulta y en el momento de debutar la IC. Un mayor peso en la juventud es un predictor de sobrepeso/obesidad en la edad adulta y de mayor probabilidad de enfermedad cardiovascular”.

Junto al envejecimiento de la población y la mayor supervivencia a las enfermedades cardiacas agudas (causas de la epidemia de IC que ya sufrimos), “la presencia de obesidad entre nuestros jóvenes va a ser un factor adicional que va a aumentar la presencia de IC en nuestros hospitales y consultas a edades más temprana”, insiste la institución. Por todo ello, desde el Instituto de Obesidad necesitamos recordar a los pacientes los riesgos de la obesidad y sus consecuencias a largo plazo, dos hechos que puede evitarse, primero con prevención (dieta sana y ejercicio regular) y con los tratamientos actuales eficaces y seguros.


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La menopausia es un trastorno inevitable en la salud de la mujer, pero cuando debuta precozmente los riesgos para la salud se precipitan. Es decir, el ‘adelanto’ de la Naturaleza tiene consecuencias tanto a nivel físico como emocional. La retirada de la menstruación hace que las mujeres ya no tengan oportunidad de ser madres y, cuando esto ocurre a edades tempranas, puede ser un gran golpe emocional. Se suma a ello el aumento de riesgos para la salud: mayor probabilidad de sufrir enfermedades cardiovasculares, especialmente las mujeres fumadoras, y osteoporosis, ya que la ‘retirada’ de los estrógenos, el primer efecto nocivo de la menopausia, causa la pérdida continuada masa ósea. Por lo tanto, cuánto antes comience este proceso, más masa se irá perdiendo.

Sin embargo, investigadores de la Universidad de Massachusetts en Amherst (EEUU) acaban de publicar un estudio en el último ‘American Journal of Clinical Nutrition’ que sugiere que un alto consumo de vitamina D en la dieta, además de calcio, puede estar asociado con un menor riesgo de menopausia temprana. La buena nueva es que la mayor parte de la obtención de vitamina D llega de la exposición al sol y las mujeres españolas gozan de la ventaja de vivir en un país mediterráneo que ‘garantiza’ al astro Rey todas las épocas del año.

La menopausia temprana afecta a alrededor del 10% de las mujeres y, como hemos dicho anteriormente, se asocia con mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, osteoporosis, pero, también con declive cognitivo temprano.

Alexandra Purdue-Smithe y Elizabeth Bertone-Johnson, de la Universidad de Massachussets, junto con colegas del Brigham and Women’s Hospital de Boston y la Escuela de Medicina de Harvard, evaluaron cómo la ingesta de vitamina D y calcio se asociaban con la incidencia de menopausia temprana. La población estudiada incluye 116.430 mujeres enfermeras registradas en los Estados Unidos que tenían entre 25 y 42 años en 1989.
Desde ese mismo año, los cuestionarios de seguimiento de evaluación de la salud sobre los hábitos de vida de los enfermeras y las condiciones médicas se repetían cada dos años. La dieta se evaluó cinco veces durante el estudio a lo largo de 20 años, lo que permitió a los investigadores captar los cambios en la ingesta de alimentos y nutrientes en el mencionado tiempo.

“La evidencia aportada en estudios de laboratorio que relacionan la vitamina D con algunos de los mecanismos hormonales involucrados en el envejecimiento ovárico fue la base de nuestra hipótesis. Sin embargo, a nuestro conocimiento, ningún estudio epidemiológico previo había evaluado explícitamente cómo la vitamina D y la ingesta de calcio pueden estar relacionadas en la posibilidad de reducir el riesgo de menopausia precoz”, comentan los autores del trabajo.

Los datos que nos llegan del otro lado del Atlántico, nos invitan desde el Instituto de Obesidad a comentar con las pacientes que nuestra misión y valor está al lado del asesoramiento nutricional porque todos sabemos que buena parte de la calidad de vida se basa en la nutrición.


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Se vuele a confirmar. La dieta mediterránea, rica en frutas y verduras, entre otros alimentos, juega un papel esencial en la salud y en la prevención de patologías crónicas, como la enfermedad cardiovascular. El mensaje que tratamos de trasladar y reiterar a nuestros pacientes desde el Instituto de Obesidad es la necesidad de ser completamente fiel a ella para evitar así, además problemas de sobrepeso y obesidad.

Principio del formulario

InvesAhora un estudio de la Universidad del Sur de California acaba de constatar que aunque la disminución de ingesta de sodio es una fórmula bien establecida para disminuir la presión arterial, también se sabe que comer alimentos ricos en potasio, como las patatas, los aguacates, las espinacas o los plátanos podrían ser claves para reducir la tensión.

“La evidencia sugiere que el aumento de potasio en la dieta puede tener un efecto igualmente importante en la hipertensión”, ha destacado Alicia McDonough, principal autora del estudio.

La hipertensión es un problema de salud global que afecta a más de mil millones de personas en todo el mundo. La Organización Mundial de la Salud estima que es responsable de al menos el 51% de las muertes por accidente cerebrovascular y el 45% de las muertes debidas a enfermedades del corazón.
McDonough exploró el vínculo entre la presión arterial y la dieta de sodio, potasio y la relación sodio-potasio en un artículo de revisión publicado en e el último número de la revista ‘American Journal of Physiology- Endocrinology and Metabolism’. La revisión examinó estudios de población, mecanismos intervencionistas y moleculares que investigaron los efectos del sodio y el potasio en la hipertensión. Así, los investigadores encontraron varios estudios demográficos que demuestran que tener más niveles de potasio (estimado por su excreción urinaria o el recuerdo dietético) se asoció con una presión arterial más baja, independientemente de la ingesta de sodio. Los estudios intervencionistas con suplementos de potasio también sugirieron que el potasio proporciona un beneficio directo.

Además, la doctora McDonough revisó también estudios recientes en modelos de roedores, de su propio laboratorio y de otros, para ilustrar los mecanismos por los que se obtienen estos beneficios del potasio.
“Cuando el potasio en la dieta es alto, los riñones excretan más sal y agua, lo que aumenta la excreción de sodio”, dice McDonough. “Comer alimentos ricos en potasio es como ingerir un diurético”.

Sin embargo, aumentar su consumo puede requerir un esfuerzo y concienciación. Según los investigadores, “nuestros primeros antepasados ​​comieron dietas primitivas que eran altas en frutas, raíces, verduras, frijoles y granos (todos con alto contenido en potasio) y muy bajos en sodio. Como resultado, los seres humanos evolucionaron anhelando el sodio, pero no potasio. Las dietas modernas, sin embargo, han cambiado drásticamente desde entonces: las empresas de alimentos procesados ​​agregan sal para satisfacer nuestros antojos, y los alimentos procesados ​suelen ser bajos en potasio”.

Un informe del Instituto de Medicina de EEUU recomienda al menos 4,7 gramos de potasio al día.

Desde el Instituto de Obesidad animamos a todos a revisar la dieta y añadir más alimentos que contengan potasio. Asimismo, queremos transmitir que nuestros especialistas en nutrición pueden solventar todas sus dudas y establecer una dieta equilibrada personalizada.

El dispositivo es el primer globo intragástrico sin necesidad de procedimiento del mundo: sin cirugía, endoscopia o anestesia. Es, además, el primero que recibe este premio. En estudios no aleatorios, la pérdida de peso lograda en pacientes obesos durante 6 meses de terapia con balón y consejo dietético más ejercicio ha sido de una media de 17,8 kg.

En Instituto de Obesidad nos congratula ser pioneros dentro de nuestras fronteras a la hora de ofertar este nuevo tratamiento a los pacientes: seguro, eficaz, sin cirugía ni anestesia. Estamos a disposición de todos los que quieran recibir información sobre este procedimiento que está revolucionando ya el tratamiento de la obesidad.


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Científicos de EEUU han dado un gran paso adelante al identificar una de las razones clave por la que se produce enfermedad cardiaca en las mujeres tras la menopausia.

Al parecer, como la Universidad de Pittsburg, los hallazgos revelan un indicador previamente desconocido de la menopausia específico de riesgo de infarto de miocardio, lo que permite establecer nuevas estrategias preventivas futuras para salvaguarda la salud del corazón femenino cuando decaen los estrógenos, tal y cómo publica ‘Journal of the American Heart Association’.

“Por primera vez, hemos identificado el tipo de grasa del corazón, que hemos vinculado a un factor de riesgo de enfermedad cardiaca y hemos podido demostrar que la menopausia y los niveles de estrógeno son factores críticos de modificación de su riesgo asociado”, ha asegurado Samar R El Khoudary, director de la investigación.

Tipos de grasa

Hay dos tipos de grasa que rodea el corazón: la epicárdica, la grasa que cubre directamente el tejido del corazón (el miocardio) y que se encuentra entre el exterior del corazón y el pericardio (la membrana que contiene el corazón). Es la fuente de energía para su funcionamiento. Y la grasa paracardial, que está fuera del pericardio, anterior a la grasa epicárdica. No hay funciones conocidas de protección del corazón de última.
El doctor Khoudary y su equipo evaluaron datos clínicos, incluyendo muestras de sangre y tomografías computarizadas del corazón de 478 mujeres de Pittsburgh y Chicago inscritas en el Estudio de la Salud de la Mujer en toda la Nación. Todas se encontraban en diferentes etapas de la menopausia (media de edad de 51 años) y no estaban en terapia de reemplazo hormonal.
La obesidad como factor de riesgo
En un estudio anterior, el equipo mostró que un mayor volumen de grasa paracardial, pero no de grasa epicárdica, después de la menopausia se explica por una disminución en la hormona sexual estradiol, el estrógeno más potente, en mujeres de mediana edad. El mayor volumen de grasa epicárdica estaba ligado a otros factores de riesgo, como la obesidad.

En el nuevo estudio, los investigadores se basaron en esos hallazgos para descubrir que no sólo hay un mayor volumen de grasa paracardial específico de la menopausia, sino que en las mujeres posmenopáusicas y las mujeres con niveles más bajos de estradiol también se asocia con un mayor riesgo de enfermedad coronaria (calcificación de arteria, un signo temprano de enfermedad cardiaca que se mide con una TC de corazón).

En las mujeres estudiadas, un aumento del volumen de grasa paracardial del percentil 25 al percentil 75 (correspondiente al 60% de aumento) se asoció con unas probabilidades del 160% más elevadas de sufrir calcificación de la arteria coronaria y un aumento del 45% en la extensión de la calcificación de la misma.
Los tratamientos antiobesidad
Un análisis reciente de la investigación anterior encontró que los volúmenes de grasa del corazón podrían reducirse con éxito con dieta y con tratamientos como la cirugía bariátrica. Dada la incertidumbre sobre los efectos cardio-protectores de la terapia de reemplazo hormonal, así como la falta de investigación sobre el impacto de dicha terapia en los volúmenes de grasa cardiaca, los científicos se están planteando ahora realizar un estudio para evaluar la terapia de reemplazo hormonal en la acumulación de grasa cardiaca y sus dos tipo.

El sobrepeso y la obesidad son enemigos conocidos del corazón. Por ese motivo creemos necesario que las pacientes pidan consulta y se asesoren de los mejores tratamientos que van a lograr mantener su calidad de vida tanto antes como después de la menopausia.


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Determinar, con la ciencia en la mano que pacientes realmente tienen un exceso de peso perjudicial para la salud ha sido posible gracias a la llegada de las nuevas tecnologías.

En el Instituto de Obesidad sabemos que la medición de la grasa corporal cobra gran relevancia al momento de realizar un eficiente diagnóstico de obesidad, y para ello pueden utilizarse diferentes métodos entre los que se incluye la bioimpedancia o impedanciometría, que utiliza las propiedades eléctricas del organismo y mide la oposición a una pequeña señal eléctrica para valorar la composición corporal. 

Por eso, contamos con el analizador de la composición corporal de Tanita BC 418 MA Segmental (como se puede ver en la imagen anterior). Mide la composición corporal utilizando una fuente de energía continua que genera una corriente de alta frecuencia y baja intensidad (50kHz, 90µA) y mediante 4 pares de electrodos bipolares.

Los electrodos se colocan haciendo contacto con los dedos de los pies y de las manos con el objeto de inyectar la corriente que será medida en el talón y en las palmas respectivamente.

Dicha corriente se transmite entre las extremidades, brazos y piernas y el valor obtenido corresponderá a la impedancia bioeléctrica de cada una de ellas y también del tronco.

Con esta forma de medición, se gana en precisión respecto al sistema de 4 electrodos, ya que se mide la impedancia en los tres arcos corporales: inferior, laterales y superior, facilitando las lecturas. Para obtener el porcentaje de masa de grasa y masa libre de grasa del cuerpo entero, el analizador utiliza una formula de regresión derivada del análisis de datos obtenidos mediante la técnica DXA en sujetos occidentales y japoneses así utilizando la altura, el peso, la edad y la impedancia entre la mano y el pie derecho como variables.

Para la obtención de los valores localizados por segmentos corporales, brazos, piernas y tronco utiliza una formula de regresión para cada uno de los segmentos del cuerpo derivada del análisis de datos obtenidos o a través del método DXA y utilizando como variables la altura, el peso, la edad y la impedancia de cada segmento.

Es un método inocuo y sencillo de aplicar pero requiere seguir una técnica estandarizada y puede afectarse el resultado por alteraciones en los niveles de hidratación del organismo, por eso, a continuación te mostramos algunos puntos para tener en cuenta al momento de medir grasa con impendancia.

Consejos

Para medir grasa por impedancia sin que el resultado se altere por cambios en fluidos corporales, debe realizarse la siguiente preparación:

  • Ayuno previo de 3 horas como mínimo.
  • Antes de realizar la medición debe evacuarse la vejiga, es decir, orinar.
  • No se debe ingerir café, té o mate, ni realizar actividad física desde 12 horas antes de tomar la medición.
  • No se debe ingerir bebidas alcohólicas ni diuréticos desde 24 horas antes de realizar la impedancia.
  • En mujeres, la medición debe efectuarse lejos del período premenstrual para evitar la retención líquida.
  • Se deben evitar las cremas corporales para tomar la medición.
  • En pacientes con enfermedades que afectan la hidratación, por ejemplo, en patologías renales, esta prueba pierde validez.

Como podemos ver, muchas veces la medición no se toma correctamente y así, podemos ver cambios en nuestra grasa corporal de un día a otro dependiendo si hemos realizado actividad física antes, de si estamos en ayuno o si hemos comido antes.

Para obtener una medición fiable y más efectiva de nuestra grasa corporal, lo ideal es cumplir con estos requisitos de preparación antes de realizar la medición con impedancia.

En el Instituto de Obesidad contamos con esta y otras herramientas de última generación para el diagnóstico personalizado de nuestros pacientes. No dudes en consultar.


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Los niños de padres obesos pueden tener más riesgo de sufrir retrasos en su desarrollo. Así de contundente se acaba de mostrar un estudio de los Institutos Nacionales de Salud de EEUU. Al parecer, y según los datos de la investigación, los hijos de madres obesas son más propensos a fallar en las pruebas de habilidad motora (la capacidad de controlar el movimiento de los pequeños músculos, como los de los dedos y las manos).

Pero lo más curioso, o desconcertante, es que los bebés de padres obesos también tienen más probabilidades de fallar en las medidas de competencia social. Además, los nacidos de parejas extremadamente obesas también tenían más probabilidades de puntuar más bajo que los descendientes de parejas de peso normal en las pruebas de capacidad de resolución de problemas.

Una fuente de prestigio

La comunicación de este tipo de estudio y sus resultados no pretende sembrar la alarma, pero sí ser una llamada de atención. Sobre todo, porque el estudio, publicado en ‘Pediatrics’, esta semana (una de las revistas más prestigiosas de medicina infantil), ha sido realizado por científicos del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano (NIHD) de los NIH, Eunice Kennedy Shriver. “Los anteriores estudios estadounidenses en esta área se han centrado en el peso de las madres antes y después del embarazo”, dijo la primera autora del estudio, Edwina Yeung.

“Nuestro estudio es uno de los pocos que también incluye información sobre los padres, y nuestros resultados sugieren que el peso del papá también tiene una influencia significativa en el desarrollo del niño”.

En el estudio, los autores revisaron los datos recopilados en el estudio Upstate KIDS, que originalmente buscaba determinar si los tratamientos de fertilidad podrían afectar el desarrollo del niño desde el nacimiento hasta los 3 años. Más de 5,000 mujeres estaban inscritas en él, aproximadamente 4 meses después de dar a luz entre 2008 y 2010. Para evaluar el desarrollo, los padres completaron el Cuestionario de Edades y Etapas después de realizar una serie de actividades con sus hijos. La prueba no se utiliza para diagnosticar discapacidades específicas, sino que sirve como una pantalla para exponer posibles problemas potenciales y los pequeños puedan ser diferidos a pruebas adicionales en el caso de que se detecte un problema.
Los niños del estudio fueron examinados a los 4 meses y 6 veces más a lo largo de 3 años. Cuando se inscribieron, las madres también proporcionaron información sobre su salud y peso – antes y después del embarazo- y el peso de sus parejas. En comparación con los hijos de madres de peso normal, los hijos de madres obesas eran casi un 70% por más propensos a fallar en el indicador de la prueba de habilidad motora fa los 3 años. Y los de padres obesos tenían un 75% más de posibilidades de poseer un peor dominio de habilidades sociales. Los niños con dos padres obesos tenían casi tres veces más probabilidades de fallar en la sección de resolución de problemas a los 3 años.

No se sabe por qué la obesidad de los padres puede aumentar el riesgo de los niños de retraso en el desarrollo. Los autores señalan que los estudios en animales indican que la obesidad durante el embarazo puede promover la inflamación, que podría afectar el cerebro fetal. Se dispone de menos información sobre los posibles efectos de la obesidad paterna en el desarrollo del niño. Los autores añadieron que algunos estudios han indicado que la obesidad podría afectar la expresión de los genes en el esperma.
Desde el Instituto de Obesidad consideramos este tipo de información importante para aquéllas parejas que estén pensando en tener hijos y deseen la mejor salud para ellas y para sus hijos. Se debe tener en cuenta que la obesidad también es un factor de riesgo durante la maternidad, por lo que insistimos a todas las mujeres que quieran ser madres que acudan a pedir consejo y ayuda a especialistas antes de planear la gestación.


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