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Cualquier estudio que aporte pistas sobre cómo evitar la obesidad en la población infanto-juvenil es una gran noticia si tenemos en cuenta los datos tan alarmantes sobre esta enfermedad en nuestro país.

Por este motivo, Instituto de Obesidad quiere acercar hoy los datos de un reciente estudio publicado en el ‘British Medical Journal’.

Al parecer, los niños y adolescentes cuyas madres siguen cinco hábitos saludables: llevar una dieta saludable, hacer ejercicio con regularidad, mantener un peso corporal saludable, beber alcohol con moderación y no fumar, tienen un 75% menos de probabilidades de ser obesos que los hijos de madres que no siguió ninguno de esos hábitos, según el trabajo llevado a cabo por la Escuela de Salud Pública de la Harvard TH Chan.

El trabajo, llevado a cabo con los datos de 24,289 niños de entre nueve y 18 años inscritos en el estudio Growing Up Today que nacieron de 16,945 mujeres pertenecientes al famoso estudio Nurses ‘Health Study II, constató además que cuando tanto la madre como el niño se adhirieron a estos hábitos, el riesgo de obesidad fue un 82% menor en comparación con las progenitoras y descendientes que no lo hicieron.

“Nuestro estudio ha sido el primero en demostrar que un estilo de vida saludable en general supera a cualquier factor de estilo de vida saludable individual seguido por las madres cuando se trata de reducir el riesgo de obesidad en sus hijos”, dijo Qi Sun, profesor asociado en el Departamento de Nutrición y autor del estudio.

Los investigadores encontraron que 1,282 de los menores (el 5,3%), desarrollaron obesidad durante un período medio de seguimiento de cinco años. La obesidad materna, el tabaquismo y la inactividad física se asociaron fuertemente con la obesidad en niños y adolescentes.

Si bien la mayor caída en el riesgo de obesidad se observó cuando las madres y los niños siguieron hábitos de vida saludables, muchos de los mismos tuvieron un impacto notable en el riesgo de obesidad infantil cuando se evaluaron individualmente.  Los hijos de mujeres que mantuvieron un peso corporal saludable (índice de masa corporal 18.5-24.9) tuvieron un riesgo 56% menor de obesidad en comparación con los hijos de mujeres que no mantuvieron un peso saludable, mientras que los hijos de madres no fumadoras tuvieron un 31% menor riesgo de obesidad en comparación con los hijos de madres adictas al tabaco.

Los expertos del Instituto de Obesidad queremos recordar la necesidad de poner freno a la obesidad desde los primeros años de vida, por ese motivo invitamos a los padres que tengan hijos con sobrepeso u obesidad a que nos consulten.


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Son imprescindibles en la dieta. Sanas, nutritivas, las legumbres no deben faltar en la mesa y existen multitud de recetas para disfrutar de ellas en verano, como la gran variedad de ensaladas que pueden prepararse usándolas como ingrediente principal.

Uno de sus mayores ‘atractivos’ es que no engordan pese a la falsa creencia popular. Sus beneficios nutricionales se basan en su aporte de hidratos de carbono, proteínas, fibra, hierro, vitaminas del grupo B y, casi nada de grasa, dado que no supera el 4% de su composición.

El Instituto de Obesidad es un acérrimo defensor de la dieta mediterránea y ella forma parte de nuestros planes de dieta y técnicas de apoyo. Además, las legumbres son la base para aprender a comer bien, como hemos contado en este espacio anteriormente.

Lentejas, garbanzos, guisantes, habas… todas ellas tienen claros beneficios para la salud y forman parte imprescindible de la dieta de los deportistas.

Entre sus ventajas destacan:

  • Son el grupo de alimentos vegetales con mayor cantidad de proteína.
  • Proporcionan energía.
  • Su alto importante contenido en fibra ayuda a regular los niveles de colesterol y azúcar en sangre. También favorece el funcionamiento intestinal.
  • Son económicas.
  • Aportan potasio, calcio, fósforo, yodo y vitaminas del complejo B.
  • Son imprescindibles en la dieta de las mujeres embarazadas para prevenir defectos congénitos, dado su alto contenido en ácido fólico.
  • Fundamentales en las personas vegetarianas ya que son grandes reemplazadoras de la carne.
  • Ayudan a controlar el peso dado su bajo contenido en grasa.
  • Contribuyen a controlar la presión arterial.
  • Aumentan los niveles de hierro en el organismo.
  • Permiten controlar el estreñimiento.
  • Favorecen la salud cardiovascular.

 


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Sabroso, apetecible… es un alimento indispensable en la dieta que ‘casa’ muy bien con las ensaladas que tanto deberíamos degustar este verano. Se trata de una fruta muy conocida y cuyo consumo se ha extendido en los últimos años y cuyo origen reside en México, Guatemala, El Salvador y Perú. España está, incluso, entre los 15 primeros países productores de este fruto.

Una de las razones por las que ha aterrizado tarde en la dieta mediterránea es por su alto contenido en grasas, aunque la realidad es que es rico en grasas vegetales (monoinsaturadas, como el ácido oleico y también contiene un nivel elevado de ácidos Omega 3). En cambio, posee un bajo contenido de carbohidratos y casi insignificante en proteínas. Y contiene alrededor de un 2,5% de fibra. Es rico en potasio y altas dosis de vitaminas del grupo B, de vitamina D y de la superantioxidante E.

En los últimos años han proliferado los estudios que respaldan sus beneficios. Y se sabe ahora que es bueno para:

Corazón. La propia Asociación Americana del Corazón llevó a cabo un estudio que constató que las personas que siguieron una dieta moderada en grasa y que consumieron un aguacate todos los días tenían el colesterol LDL menor que aquellos que tenían una dieta similar sin un aguacate al día o en una dieta baja en grasa. El estudio se realizó con 45 pacientes sanos, con sobrepeso u obesidad que tenían entre 21 y 70 años. De hecho varios trabajos han demostrado que el consumo regular de beta-sitosterol y otros esteroles vegetales ayudan a mantener un nivel saludable de colesterol.

Cerebro. Investigadores de la Universidad de Tufts (Estados Unidos) aseguran que el consumo diario de aguacate fresco puede mejorar la función cognitiva en personas mayores tras observar un aumento en los niveles de luteína en los ojos, según datos de un pequeño estudio publicado en la revista ‘Nutrients’.

El estudio se llevó a cabo con 40 adultos sanos mayores de 50 años que durante seis meses comieron un aguacate fresco al día y, tras este periodo, observaron un aumento del 25% en los niveles de luteína en sus ojos y mejoraron significativamente la memoria de trabajo y sus habilidades para resolver problemas.

La luteína es un pigmento de la familia de los carotenoides que suele estar presente en frutas y verduras y se acumula en la sangre, los ojos y el cerebro, actuando como agente antiinflamatorio y antioxidante. Cada aguacate tiene unos 369 microgramos de luteína.

Vista. Los ácidos grasos Omega 3 ayudan a prevenir patologías oculares relacionadas con la retina como la degeneración macular o el ojo seco de ahí que el aguacate sea el mejor aliado de nuestros ojos.

Embarazo. Su alto contenido en ácido fólico es fundamenta para la salud del bebé durante la gestación.

Ayuda a perder peso. Dentro de las grasas monoinsaturadas de los aguacates encontramos el ácido oleico, necesario para que el hambre tarde más en aparecer. Además, tiene fibra que ayuda a conseguir un estómago plano.

Osteoporosis. Los estudios  demuestran que la vitamina D es esencial para mantener los huesos fuertes y evitar la osteoporosis de ahí que se recomiende el consumo de verduras de hoja verde oscura, espinacas y el brócoli, de coles de bruselas, perejil o lechuga pero, también, de kiwis y aguacate.

Desde el Instituto de Obesidad recomendamos el consumo de aguacate y un buen momento para empezar puede ser en estos días estivales. Asimismo recordamos que cualquier necesidad de consejo dietético, el equipo del IOB estará encantado de resolverlo.


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A los problemas de salud propios del sobrepeso y la obesidad se suman además otras enfermedades cuyo riesgo se dispara en estos pacientes como la diabetes, la enfermedad cardiovascular, la incontinencia urinaria, la artrosis y, al parecer, también la dependencia del tabaco.

De hecho, un  nuevo estudio realizado por expertos de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) y la Universidad de Bristol (Reino Unido) afirma que el aumento de peso y la obesidad pueden provocar un aumento del hábito tabáquico.

El trabajo, publicado en el último ‘British Medical Journal’, subraya que el aumento del índice de masa corporal (IMC), el porcentaje de grasa corporal y la circunferencia de la cintura se asociaron con más riesgo de ser fumador y con un mayor consumo de cigarrillos al día. Estos resultados fueron consistentes tanto en hombres como en mujeres.

“La prevención del tabaquismo es clave para reducir la carga mundial del cáncer y otras enfermedades crónicas, como las enfermedades cardiovasculares y la diabetes”, ha apuntado Christopher Wild, director del IARC.

A diferencia de los estudios previos, esta investigación se basó en marcadores genéticos de la obesidad utilizando datos del Biobanco del Reino Unido, que cuenta con información genética de  500. 000 hombres y mujeres de entre 40 y 96 años recopilados entre 2006 y 2010, sobre datos antropométricos, de salud y de estilo de vida, así como muestras biológicas. De los 487. 409 individuos que fueron genotipificados en el Biobanco, se utilizaron datos de 372. 791 europeos.

“Este artículo permite comprender mejor la compleja relación entre obesidad y el hábito tabáquico, como el inicio y la intensidad del mismo, así como el impacto de la obesidad en su abandono”, explica Paul Brennan, uno de los autores del artículo.

El experto del IARC añade que el vínculo entre IMC y exposición al tabaco “puede originarse en una base biológica común para otras conductas adictivas, como la adicción a la nicotina y una mayor ingesta calórica”.

Este nuevo análisis de variantes genéticas relacionadas con la masa corporal destaca la compleja relación entre la obesidad y el tabaquismo. Se sabe que estudios observacionales previos muestran consistentemente una asociación inversa entre tabaquismo y peso corporal, es decir, los fumadores tienen un peso corporal más bajo en promedio que los no fumadores, posiblemente debido a un apetito reducido.

Sin embargo, paradójicamente, las personas tienden a aumentar de peso después de dejar de fumar, consecuencia quizá de una mayor ingesta calórica debido a la sustitución del hábito de fumar por la ingesta de alimentos.

“Estos nuevos resultados apoyan los beneficios potenciales de abordar conjuntamente estos factores de riesgo con medidas de salud pública que combinen control del peso y lestrategias de control del tabaco”,  han aclarado los autores.

El índice de masa corporal y la distribución de la grasa corporal influyen en los diferentes aspectos del comportamiento relacionado con el tabaquismo, incluido el riesgo de que las personas adquieran el hábito de fumar, su intensidad o el abandono de la dependencia. Estos resultados destacan el papel de la obesidad para influir en el inicio y el abandono del hábito de fumar, lo que podría tener implicaciones para las intervenciones de salud públicas destinadas a reducir la prevalencia de estos importantes factores de riesgo.

Desde el Instituto de Obesidad, asimismo, y a raíz de los datos expuestos en este estudio queremos también hacer hicanpié en los fumadores y fumadoras que no dejan el hábito por miedo a coger peso, un hecho que preocupa especialmente al sexo femenino fumador. Por este motivo, creemos que es importante apoyar a los pacientes que saben que ponen en riesgo su salud por su adicción al cigarrillo, pero que pueden dejarlo sin que repercuta en su peso, si se asesoran con profesionales que les ayuden a planificar su dieta y programen su ejercicio físico. A todos ellos, recordamos que estamos para cualquier consulta.

En estudio: https://www.bmj.com/content/361/bmj.k1767

en incontinencia urinaria https://institutodeobesidad.com/2018/05/14/incontinencia-urinaria-culpa-la-obesidad/

En diabetes https://institutodeobesidad.com/2017/06/28/grasa-abdominal-diabetes-enfermedad-coronaria/

En enfermedad cardiaca https://institutodeobesidad.com/2017/11/07/envejecer-obesidad-eleva-riesgo-insuficiencia-cardiaca/

En artrosis https://institutodeobesidad.com/2018/01/18/sabes-afecta-la-obesidad-la-salud-tus-huesos/

En IRAC https://www.iarc.fr/


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Los datos llegan desde Irlanda y son los primeros que han evaluado de forma prospectiva la relación entre la obesidad de los abuelos y sus nietos.

El trabajo, publicado en el último, ‘Pediatric Obesity’, establece que sí existe una claro asociación entre la obesidad de las abuelas y sus nietos. Según investigadores de la Universidad de Queensland (UQ), los nietos de mujeres obesas corren un mayor riesgo de nacer y vivir una vida con la enfermedad.

El profesor asociado de la Facultad de Salud Pública de UQ y Abdullah Mamun, coautor del ensayo, ha afirmado que estaba investigando cómo la salud de los abuelos y los padres, el estilo de vida y el estatus socioeconómico pueden crear un legado familiar de obesidad y sus problemas de salud asociados.

“Estoy explorando si los factores previos al embarazo, el embarazo y el postparto tienen un impacto en el desarrollo de la obesidad tanto para las madres como para sus hijos”, dijo.

“La obesidad de las abuelas maternales parece tener un mayor impacto en la obesidad de los nietos”.

El estudio parte de la investigación ‘The Lifeways Croos-Generation Study’ que se inició en 2002. En él se reclutaron a 1.124 madres al inicio del embarazo y a sus 1.500 familiares. En la nueva investigación, los autores analizaron la circunferencia de cintura de 589 niños a los 5 años y de 298, a los 9. Los datos se cotejaron  con las medidas de los abuelos.

“Como los factores genéticos y de estilo de vida se comparten por igual entre las líneas materna y paterna, la asociación más fuerte con la abuela materna puede sugerir que la dieta de una mujer embarazada y su exposición a condiciones como diabetes gestacional y presión arterial alta pueden tener un impacto en el bebé”.

Los resultados, por tanto, pueden sugerir un efecto intrauterino o ambiental, con posibles implicaciones clínicas y de salud pública.

“Estos hallazgos pueden tener implicaciones prácticas para las intervenciones familiares en un momento de desafío global en la lucha contra la obesidad”, dijo la autora principal la doctora Cecily Kelleher, de la University College Dublin, en Irlanda. “Pero también enfatizan la necesidad de entender en términos científicos la transmisión de generación cruzada de riesgo de enfermedades no transmisibles”.

Y no sólo. Desde el Instituto de Obesidad, creemos que es importante que los abuelos, cada vez más cuidadores de sus nietos, establezcan hábitos de vida saludables para sus descendientes, máxime cuando ellos padecen sobrepeso y obesidad. Nuestro equipo de profesionales puede asesorar en todo momento sobre qué dieta es la más adecuada a seguir.


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Está claramente de moda y está ocupando espacio en los medios de comunicación.  Hablamos del té Kombucha. Se ha hecho un nombre desde su éxito en EEUU y, al parecer, forma parte de la dieta de muchas ‘celebrities’: desde Zoe Kravitz, Kourtney Kardashian, , Lindsay Lohan, Lena Duham, Madonna, Gwyneth Paltrow y Orlando Bloom hasta la propia Reina Letizia.

La Kombucha es una bebida 100 % natural, elaborada según una antigüa receta de té, azúcar y cultivos de Kombucha. Su fermentación transforma el té o la infusión en una bebida con una variada gama de vitaminas, enzimas, minerales y ácidos orgánicos esenciales. Se consigue a partir de una infusión azucarada de hojas de té o de plantas adecuadas a la que se incorpora el cultivo de Kombucha, una simbiosis de levaduras y bacterias beneficiosas, cuya fermentación transforma la infusión en una bebida con una variada gama de elementos.

Los primeros indicios de su existencia datan del año 221 a. C. De hecho, se bebe desde hace 2.000 años en China, Tíbet, Siberia y Rusia. En los últimos años se ha hecho muy popular en América y en los países del centro y norte de Europa.

En definitiva, el “hongo de la kombucha” (por su apariencia) conocido como SCOBY en inglés, es un acrónimo de Symbiotic Culture of Bacteria and Yeast (cultivo simbiótico de bacterias y levaduras). “Simbiótico” significa que las cepas de bacterias y levaduras conviven en una comunidad compleja y de apoyo mutuo, dependiendo las unas de las otras. Las bacterias y levaduras específicas en la kombucha son las que hacen que ésta se comporte como lo hace, y las que producen la efervescencia y el sabor.  Es, por tanto, una bebida natural llena de probióticos y aminoácidos saludables.

Beneficios

De hecho entre las virtudes que se le atribuyen destacan: desde mejorar la digestión y fortalecer el sistema inmune, hasta desintoxicar el hígado y prevenir el cáncer. También se le atribuyen otros beneficios como, el actuar de antibiótico que mejora infecciones recurrentes como la candidiasis, prevenir la pérdida de memoria, disminuir el dolor en artritis o los síntomas premenstruarles.

Pero si ha saltado a la fama es también por su papel para ayudar a perder peso. El motivo, mejora el metabolismo, estimula la combustión de las grasas y evita su acumulación. El contenido en ácido acético y los polifenoles ayudan a perder peso.

Desde el Instituto de la Obesidad queremos recordar que esta bebida debe tomarse con precaución porque puede tener efectos secundarios si tenemos en cuenta su contenido en cafeína, alcohol y probióticos en cantidades elevadas. No dudes en consultarnos.


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La evidencia científica sobre las patologías asociadas a la obesidad es conocida (enfermedad cardiovascular, patologías metabólicas, entre otras…), pero una de la que se habla poco y es realmente relevante es la incontinencia urinaria.

Este trastorno ocasiona la pérdida involuntaria de orina debida a diferentes causas y, entre ellas, unas de las más frecuentes son el sobrepeso y la obesidad. Y afecta tanto a hombres como a mujeres. Según un estudio de revisión, publicado en ‘Journal of Urology’, existe un claro efecto de dosis-respuesta del peso sobre la incontinencia urinaria, ya que el incremento de 5 unidades de Índice de Masa Corporal (IMC) está asociado con un aumento de aproximadamente un 20% a un 70% en el riesgo de incontinencia urinaria.

También se encontró que las probabilidades de incidencia de incontinencia en un periodo de 5 a 10 años se incrementaron en aproximadamente de un 30% a un 60% por cada aumento de 5 unidades de IMC. La prevalencia e incidencia fueron mayores en la incontinencia por estrés que en la incontinencia por urgencia.

Las investigaciones sugieren que la sobrecarga del suelo pélvico producida por la obesidad, en el caso de las mujeres, favorece la incontinencia por estrés, es decir la incapacidad de contener la orina al estornudar, toser o durante la actividad física, Asimismo, la obesidad causa en ellas la incontinencia por urgencia (necesidad fuerte y repentina de orina), y este problema afecta a cerca del 50% de las mujeres de edad media o mayores.  En el sexo masculino, la obesidad está relacionada con la frecuencia urinaria urinaria.

Sin embargo, y en el otro lado de la balanza, nos encontramos con que la pérdida de peso se asocia con mejoras significativas en los síntomas de la incontinencia urinaria. De hecho, un trabajo llevado a cabo en mujeres con obesidad y publicado en ‘Obstetrics & Gynecology’ constata que pérdidas de entre el 5% y el 10% del peso corporal fueron suficientes para obtener beneficios en el trastorno. Asimismo, otro estudio ha demostrado que las mujeres con obesidad severa (más de 45 kg por encima del peso ideal) con incontinencia urinaria que tenían una dramática pérdida de peso después de la cirugía bariátrica (de 45 a 50 kg) tuvieron una mejoría significativa de este problema.

Con una pérdida moderada de peso de 13% del peso basal, se encontró cambios significativos en la disminución de la presión sobre la vejiga.

Desde el Instituto de Obesidad creemos importante que los pacientes que están pasando por este problema se pongan en manos de equipos multidisciplinares que pueden ayudarles a perder peso y, en consecuencia, mejorar su calidad de vida reduciendo el riesgo de incontinencia urinaria.


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Desde el blog del Instituto de Obesidad queremos compartir el último acto llevado a cabo por La Fundación Alimentación Saludable y la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA), en colaboración con Calvo, realizado precisamente bajo el lema ’Mi plato equilibrado’.

Se trata de un conjunto de iniciativas gastronómicas sencillas, válidas para la inmensa mayoría de la población, basadas en el uso esencialmente de ingredientes vegetales y productos del mar.

“El plato único está triunfando porque una sola imagen explica muy bien las necesidades nutritivas; se trata de un interesante mecanismo didáctico”, ha explicado el profesor Jesús Román, presidente del Comité Científico de la SEDCA, durante el acto de presentación de esta iniciativa celebrado recientemente en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.

Con este proyecto, los consumidores pueden comer de forma saludable, aunque dispongan de muy poco tiempo, gracias a la elección de productos de primera calidad.  Al parecer, la tendencia entre los expertos en nutrición se centra en recomendar alimentos que sí se deben comer, en vez de prohibir y limitar los que no se pueden consumir.

Un buen plato

Coincidimos con SEDCA en que la falta de tiempo para cocinar y la comida rápida han suplantado los hábitos de la dieta mediterránea. “Los españoles cada vez consumimos menos productos de origen vegetal, especialmente frutas y verduras. También es bajo la dieta en pescado, porque es caro y lleva tiempo prepararlo. Estamos dejando un poco de lado el pescado azul, por ejemplo, y está triunfando el plato preparado o la comida rápida”, añadió el experto.

Como es bien conocido, un elevado porcentaje de la población española sufre graves problemas de sobrepeso, lo que añade factores de riesgo importantes. “La epidemia de obesidad se llama así porque parece que se contagia (tal y como adelantamos en este blog) y tiene un crecimiento muy rápido, debido al efecto ‘copia’ de hábitos inadecuados. Engloba no solo una mala alimentación, sino también la falta de ejercicio físico, entre otros factores. La peor consecuencia es el incremento de las enfermedades crónicas y, en general, la disminución de la calidad de vida”, explicó Jesús Román.

Actualmente, las famosas ‘pirámides de la alimentación’ se están dejando de lado por poco eficaces a la hora de recomendar a la población dietas saludables. Por el contrario, se recurre a recomendaciones como Mi plato equilibrado, según indicó Jesús Román: “Ha habido diferentes recursos gráficos, como las citadas pirámides, que son ayudas didácticas para que la gente sepa qué tiene que comer. En España, se utilizó desde 1957 la famosa rueda de los alimentos, y luego nos llegaron las pirámides, que, por lo general, son mal entendidas por la población. De hecho, en Estados Unidos ya no se usan porque dan una información confusa que no resulta útil. Las pirámides se han sustituido por el plato, que permite ver de un vistazo lo que cada uno tiene que comer, y con cuatro renglones explica que es necesario comer más verdura, más fruta, con raciones de proteína animal más pequeñas y una cantidad ajustada de carbohidratos”.

El plato está triunfando porque con una sola imagen explica muy bien las “necesidades nutritivas; se trata de un interesante mecanismo didáctico”.

Desde el Instituto de la Obesidad estamos abiertos a todas las propuestas que ayuden a la población a llevar una dieta saludable que contribuya a la pérdida de peso. De hecho, en el post anterior Cómo aprender a comer, señalamos las pautas necesarias para seguir este camino que conduce a la salud y al peso equilibrado.

Creemos también como SEDCA que el modelo de Mi plato equilibrado es aquel que propone abundancia de verdura, hortalizas y fruta. Estos alimentos aportan gran riqueza de vitaminas y minerales, junto con compuestos no nutrientes, como los antioxidantes. Puede alternarse entre verduras crudas y cocidas para abarcar así la mayoría de ellas.

Alimentos proteicos como carne, pescado, huevos o legumbres representan otra porción del mismo. Lácteos, frutos secos y alimentos como el tofu son también fuentes de proteínas y pueden contabilizarse como tales.

Por último, el espacio restante se compondrá de alimentos ricos en hidratos de carbono. Pueden estar dentro del plato, como el arroz, la pasta integral, patatas, boniatos, cereales completos o semillas. O también pueden ser acompañantes fuera del mismo, como el pan, que se recomienda que sea integral.


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Desde el blog del Instituto de Obesidad hemos intentado día a día acercar a los internautas, a los pacientes y a sus familiares las novedades en el campo de la nutrición y el tratamiento de la obesidad.

Hoy queremos dar a conocer nuestro plan ‘Dietas’, un programa sencillo y eficaz para aprender a comer bien.

Sabemos que las dietas hipocalóricas representan el eje central del tratamiento. Las dietas bajas en calorías pretenden conseguir un balance energético negativo, es decir, que entren menos calorías de las que se queman. La dieta debe ser equilibrada en cuanto a los nutrientes y se debe adecuar a los gustos, costumbres y horarios de los pacientes. Hay que procurar que no represente una ruptura con la dieta anterior o, por lo menos, que la transición sea progresiva.

Es importante que sea variada, para que el paciente no caiga en la monotonía y abandone el tratamiento. Para lograrlo nuestro centro realiza una serie de pasos.

En primer lugar realizamos una Valoración del estado nutricional y objetivos, que consiste en utilizar distintas técnicas para evaluar el grado de obesidad en el adulto. El objetivo a alcanzar se establecerá a través de la valoración de la constitución, edad, sexo y estado psicológico del paciente. Además, el equipo de especialistas apoyado en un programa informático nos permite realizar el análisis de la composición corporal y establecer el peso saludable de forma personalizada.

Llevamos a cabo, además, una encuesta alimentaria con el fin de evaluar parámetros como la ingesta de energía, la ingesta alimentaria y farmacológica   de nutrientes, entre otros.

En este programa informamos, además, de aspectos de la nutrición desconocidos por la población.

¿Sabía usted que?

  • Normalmente, a los pacientes obesos, no se les detecta ningún problema hormonal.
  • El aumento de peso, que se considera normal con el paso de los años, es muy pequeño.
  • La sal no engorda. La sal es un mineral y no tiene calorías. Puede producir retención de líquidos en enfermedades como la insuficiencia cardíaca, renal o hepática, pero en personas normales no altera su peso.
  • La margarina vegetal tiene casi las mismas calorías que la mantequilla
  • El pan tostado, los bastones, la corteza de pan, tienen las mismas calorías que la miga.
  • La leche de vaca descremada tiene los mismos nutrientes que la leche entera, a excepción de las vitaminas liposolubles (A, D, E y K) y las grasas. Su contenido en proteínas y calcio es el mismo que la leche entera.
  • La capacidad de engordar de la pasta, depende básicamente de la salsa que se utilice.
  • La miel es un azúcar con calorías
  • Las vitaminas no engordan.
  • Comer rápido no influye sobre el peso, lo que suele ocurrir es que el comedor veloz ingiere más cantidad (ver más).

Y no sólo nuestro programa incluye asesoramiento en ejercicio físico y como no consejos generales entre los que destacan:

  • Acudir a un especialista para que le oriente
  • Realizar cinco comidas al día
  • Planificar de antemano lo que se va a comer (sobre todo en época de fiestas)
  • Preparar las comidas cuando no se tiene hambre
  • Ir a la compra con una lista cerrada
  • Establecer un horario fijo para las comidas
    Comer sentado y sin prisas
  • Utilizar platos pequeños
  • Masticar lentamente
  • No comer dos cosas a la vez
  • Beber entre 1.5-2 L. de agua al día
  • No picar entre horas
  • Pesarse cada 7-15 días, y no cada día
  • Buscar apoyo en la familia
  • Hacer una dieta variada y equilibrada
  • Evitar los fritos y rebozados
  • Utilizar condimentos
  • Intentar ser creativos en la cocina y apartarse de la monotonía
  • Evitar aportes calóricos sin valor nutritivo (refrescos, alcohol)
  • Complementar la dieta con ejercicio físico adaptado a su estado
  • Conseguir una pérdida de peso entre medio y un kilo por semana es correcto

Una vez conseguido el objetivo hay que hacer una dieta de mantenimiento. Este paso es muy importante, ya que la obesidad es un trastorno metabólico crónico y los pacientes tienen tendencia a recuperarlo. En esta fase es fundamental tener un contacto estrecho con su médico para poder ir corrigiendo pequeñas desviaciones en el peso. Desde el Instituto de Obesidad estamos abiertos a cualquier consulta y dispuestos a ofrecer nuestro consejo profesional a todos aquéllos que deseen bajar de peso o, simplemente, aprender a comer bien.

 

 


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Llevamos tiempo desde este espacio en la red, desde nuestro blog, hablando de los beneficios de la Dieta Mediterránea. Como Instituto de Obesidad somos un claro defensor de ella y cada día más estudios la avalan. Ahora, ni más ni menos que la revista ‘The Journal of Gerontology. Series A: Biological Sciences and Medical Science’ (revista de la Sociedad Americana de Gereontología) publica una serie de seis artículos (entre los que se encuentra uno español) que encuentran nuevas correlaciones entre una dieta mediterránea y resultados de envejecimiento saludables, al tiempo que subraya la necesidad de establecer nuevos enfoques para medir los beneficios potenciales de este tipo de dieta.

Entre sus hallazgos, los nuevos artículos informan sobre los mecanismos subyacentes de la misma; la relación positiva entre la dieta y la función física y cognitiva; el valor de tomar un suplemento de coenzima Q10 mientras el paciente se adhiere a este tipo de alimentación y el papel de la dieta en la reducción de la inflamación.  Pero en varios de los estudios, el nivel de beneficio dependía de cómo se midió la adherencia a la dieta por parte de los participantes.

“Una mayor claridad sobre cómo se define esta dieta, tanto en las intervenciones como en los estudios observacionales, será fundamental para alcanzar un consenso sobre cómo aplicar de manera óptima este patrón dietético para maximizar el envejecimiento saludable”, han afirmado Michelle A. Méndez y Anne B. Newman, jefes de redacción de la revista en un editorial que acompaña a los estudios.

 

El perfil de la dieta mediterránea

Sus ‘sellos’ distintivos incluyen una variedad de granos integrales mínimamente procesados ​​y legumbres como alimento básico; una gran diversidad de vegetales frescos consumidos diariamente; frutas frescas como el postre diario típico; aceite de oliva virgen extra prensado en frío; nueces y semillas, como principal fuente de grasa; consumo de pescado y de productos lácteos en pequeñas cantidades. Asimismo, postula por ingerir con muy poca frecuencia carne roja y procesada, así como añadir pequeñas cantidades de vino solo con las comidas.

Hay varias escalas utilizadas para medir el cumplimiento de la dieta. Uno de los estudios de la revista, realizado por investigadores de la Universidad de París XIII, encontró que entre los participantes con una mayor puntuación en adhesión (basada en la escala Validation of a literatura-based adherente score to Mediterranean diet: the MEDI-LITE store)

tuvieron mayores probabilidades de cumplir con ciertos criterios de envejecimiento saludable. En otro estudio, realizado por investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid, un cumplimiento más estricto de la dieta se asoció con una menor probabilidad de deterioro de la función física en adultos mayores, aunque en este caso el uso de ‘Mediterranean Diet Scale’ arrojó resultados más significativos a favor de sus seguidores más fieles.

El mecanismo exacto por el cual una mayor adherencia a la dieta ejerce sus efectos favorables sigue siendo desconocido para los científicos. Sin embargo, investigadores de la Universidad de Washington en el estado de St. Louis en otro de los trabajos reconocen que hay evidencias de sus ventajas en cuatro patrones dietéticos: reducción de lípidos, protección contra el estrés oxidativo y la inflamación, modificación de factores de crecimiento que pueden promover el cáncer, inhibición de las vías de detección de nutrientes mediante la restricción de aminoácidos y la producción de metabolitos mediada por la microbiota intestinal.

En definitiva, estos últimos trabajos vuelven a apuntar la necesidad de seguir la dieta mediterránea no sólo como herramienta diaria contra la diabetes, la obesidad, las enfermedades cardiovasculares, entre otras sino, también, por su potencial para envejecer de forma saludable. El equipo del Instituto de Obesidad aclarará todas las dudas sobre qué alimentos se deben seguir y cuáles no para adherirse a esta forma de alimentación que cada día demuestra su valor en el cuidado de la salud.


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